La hepatitis B crónica afecta a aproximadamente 254 millones de personas en el mundo
Pero la mayoría desconoce su diagnóstico. Esta brecha limita el acceso al tratamiento y contribuye a cerca de 1,1 millones de muertes anuales, principalmente por cirrosis y carcinoma hepatocelular (CHC). La reciente revisión de Jeng, Yip y Lok publicada en JAMA (2026) resume los aspectos clave del manejo actual de la infección por VHB.
El diagnóstico se basa en marcadores serológicos: HBsAg indica infección activa, anti-HBs inmunidad y anti-HBc exposición previa o actual al virus. La cuantificación del ADN-VHB permite evaluar la replicación viral y orientar el tratamiento.
Sin terapia, entre el 8% y el 15% de los pacientes desarrollan cirrosis en cinco años, mientras que los cirróticos presentan un riesgo anual de CHC del 3% al 5%. Además, la infección adquirida durante el primer año de vida cronifica en cerca del 90% de los casos.
El tratamiento está indicado en todos los pacientes con cirrosis y en aquellos con ADN-VHB elevado asociado a ALT aumentada o fibrosis significativa. Entecavir y tenofovir son las opciones de primera línea y reducen el riesgo de CHC en aproximadamente un 50%.
La vacunación al nacimiento, junto con inmunoglobulina específica, previene alrededor del 94% de las transmisiones verticales. El principal desafío sigue siendo el diagnóstico oportuno mediante la determinación de HBsAg al menos una vez en la vida adulta.