"Doctor, leí que esto es genético. ¿Eso quiere decir que es mi culpa?"
Son preguntas que hacen algunos familiares de los pacientes con TDAH, tanto adultos como niños. Usualmente viene del intento de ayuda y las ganas de estar presente. No solo en salud mental, sino en casi toda la medicina cuando hablamos de genes.
El TDAH tiene una heredabilidad cercana al 74%. Pero la heredabilidad no es una propiedad de una persona, es una propiedad de una población: no dice que el 74% del TDAH de su hijo venga de ella, dice que en esa población el 74% de la variación entre unas personas y otras se explica por variación genética. La pregunta "¿qué parte es mi culpa?" no tiene respuesta exacta, porque en realidad no es una respuesta de individuo.
La culpa, a diferencia de la vergüenza, apunta a una conducta y busca repararla. ¿Y cómo reparamos nuestros genes? Una culpa que no encuentra reparación posible, se vuelve vergüenza, que ya no apunta a lo que hice sino a lo que soy.
Es importante que hagamos psicoeducación, pero con cuidado: explicar el origen biológico sí baja la culpa, aunque en los estudios también sube el pesimismo sobre el pronóstico. No basta con decir "no es su culpa". Hay que decir, en la misma frase, que es tratable.
La educación también debe, ojalá, disminuir culpas.