El duelo que no lloramos: cuando el paciente muere y tienes 8 minutos para el siguiente
La muerte de un paciente constituye una experiencia emocionalmente significativa para muchos profesionales sanitarios, pero el entorno asistencial rara vez contempla un espacio para procesarla. El médico debe pasar, en cuestión de minutos, de comunicar una muerte o participar en una reanimación a continuar con su agenda clínica.
La dificultad no necesariamente radica en que los médicos sientan demasiado o demasiado poco, sino en que han aprendido a funcionar sin tiempo para reconocer y elaborar lo ocurrido.
Frente a ello, se plantea la utilidad de pequeños rituales de cierre clínico —unos segundos de pausa, una conversación breve con un colega, una respiración consciente o el simple reconocimiento de que una muerte ha ocurrido— como mecanismos que permitan continuar sin negar la experiencia.
La propuesta busca cuestionar una cultura que confunde resiliencia con capacidad ilimitada de soportar.
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