El conflicto de interés que declaramos y el que no
Nos hemos acostumbrado a ver la declaración de conflicto de interés como un trámite de apertura en congresos: un nombre, una diapositiva, una frase antes de empezar la charla. Pero esa costumbre tiene menos de veinte años de práctica real y ningún mecanismo que verifique su cumplimiento.
La declaración nació en las publicaciones científicas, no en el podio. El New England Journal of Medicine la exigió por primera vez en 1984; el ICMJE estandarizó un criterio común recién en 2001; el formulario uniforme que hoy usan las revistas se publicó en 2009. La versión oral en congresos es un trasplante posterior.
Y fuera del podio, el conflicto sigue existiendo sin ritual que lo acompañe: el estudio pedido en un laboratorio propio, la interconsulta a un colega por reciprocidad. Un estudio sobre congresos médicos en Brasil encontró que, entre los ensayos con conflicto identificado, el 47.8% no fue declarado.
Declarar no resuelve el conflicto. Lo traslada. La pregunta que queda abierta es qué hacemos con esa diferencia?
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