¿Recuerdas lo que dice realmente el juramento hipocrático?
El juramento hipocrático suele aparecer cuando se discuten honorarios, límites o condiciones de trabajo.
Curiosamente, casi siempre se lo invoca para exigir algo más al médico y rara vez para recordar las obligaciones del sistema o de la sociedad con quienes ejercen la profesión.
Sin embargo, una lectura del texto original revela algo distinto. El juramento no habla de sacrificio ilimitado, disponibilidad permanente ni aceptación silenciosa de la precariedad. Habla de confidencialidad, responsabilidad, transmisión del conocimiento y conducta ética. Hipócrates, además, ejercía una profesión y cobraba por ella.
Con el tiempo, el juramento terminó convertido en una especie de cheque en blanco sobre el cual instituciones, colegas e incluso pacientes proyectan expectativas imposibles.
La ética médica merece ser defendida. También la relación médico-paciente y el deber de no abandonar en situaciones de verdadera urgencia. Pero ninguna de esas obligaciones exige la destrucción física o emocional del profesional.
No es casual que la Declaración de Ginebra, en su versión actual, incluya una frase reveladora: “Cuidaré mi propia salud, bienestar y capacidades para prestar una atención de la más alta calidad”.
La vocación médica es real. Pero vocación no es servidumbre.
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