Cuando hablamos de trastorno limite de la personalidad, usualmente pensamos en inestabilidad y en riesgo de suicidio. Es razonable: la conducta suicida recurrente es uno de los criterios diagnósticos.
En una cohorte de 290 pacientes con TLP seguidos 24 años desde una hospitalización, el 5,9% murió por suicidio y el 14% murió prematuramente por otras causas: infarto, complicaciones del consumo, cáncer, accidentes. Más del doble de muertes por causas médicas que por suicidio.
Entre quienes murieron, casi el 88% nunca había alcanzado recuperación: remisión sintomática más funcionamiento social y laboral sostenido. En esa misma cohorte, a 16 años prácticamente todos alcanzaron remisión, pero solo el 60% alcanzó recuperación. Acá es donde muchos nos equivocamos porque pensamos que la falta de síntomas ya soluciona el problema. Pero los pacientes necesitan reconstruir la vida.
El riesgo es real. Es más ancho de lo que solemos mirar.
Referencias
https://doi.org/10.4088/JCP.18m12436 https://doi.org/10.1176/appi.ajp.2011.11101550
