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En el Día Mundial del Lupus, la comunidad nefrológica debe detenerse a reflexionar: la nefritis lúpica afecta al 40-60% de los pacientes con LES y compromete drásticamente su pronóstico vital. Como especialistas, somos testigos de una transición paradigmática que obliga a repensar nuestras estrategias desde la raíz.
La biopsia renal persiste como nuestra brújula. Los índices de actividad y cronicidad no son parámetros histológicos secundarios; son la base de decisiones terapéuticas que marcan la diferencia entre remisión sostenida y daño orgánico irreversible. La integración temprana de biológicos como belimumab y voclosporina permite alcanzar tasas de remisión antes impensables, con una carga acumulada de glucocorticoides significativamente menor.
Pero el desafío trasciende la inmunosupresión. Todo paciente con nefritis lúpica es, desde el diagnóstico, un paciente con enfermedad renal crónica. El bloqueo del SRAA y el uso emergente de iSGLT2 no son opcionales: son pilares irrenunciables de nefroprotección y cardioprotección que debemos incorporar de forma sistemática y precoz en cada caso.
Este 10 de mayo los invito a romper las barreras entre especialidades. La visión multidisciplinar no es una aspiración; es el único camino real hacia la prevención del daño acumulado. ¿Qué estrategias están implementando en sus centros para avanzar hacia esquemas multitarget y ahorradores de corticoides? Los leo en los comentarios. Es tiempo de pensar y actuar con rigor científico, hoy.
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