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Lo que ningún paciente sabe que hace un médico entre consulta y consulta
Existe una paradoja silenciosa en el ejercicio de la medicina: mientras el sistema de salud mide la productividad médica en número de consultas, procedimientos y tiempos de atención, una parte significativa del trabajo médico ocurre en espacios que ningún indicador registra.
Durante años de formación y práctica clínica pude constatar algo que muchos colegas conocen pero pocas veces se nombra abiertamente: en turnos de 8 a 12 horas, el tiempo de contacto directo con el paciente representa, frecuentemente, entre 30 y 60 minutos. El resto se distribuye entre registros clínicos, formularios administrativos, coordinación de interconsultas, llamadas, y una larga lista de tareas que sostienen la continuidad del cuidado.
En medicina, la máxima es conocida: lo que no se escribe, no existe. Documentar con precisión no es un trámite; es un acto clínico. Pero consume tiempo y energía cognitiva que el sistema rara vez contempla en la planificación de la jornada.
A esto se suma la carga cognitiva que acompaña al médico fuera del horario de trabajo: casos que generan incertidumbre, resultados pendientes, decisiones que se revisan internamente.
Visibilizar el trabajo invisible no es un ejercicio de victimización. Es un primer paso necesario para rediseñar sistemas, expectativas y condiciones laborales que estén a la altura del ejercicio de la medicina.
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