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Matias Tonnelier

11 de mayo de 2026

Profesionalidad Aumentada: el médico del presente, no del futuro

Durante años nos preguntamos si la inteligencia artificial reemplazaría al médico.

Hoy, esa pregunta ya quedó obsoleta.

La pregunta relevante es otra: ¿estás usando la IA para ser más de lo que sos como médico?

La profesionalidad aumentada no es adoptar tecnología por moda. Es la integración consciente y crítica de herramientas de IA en el razonamiento clínico — para pensar con mayor claridad, documentar con mayor precisión y acceder a evidencia actualizada en el momento en que la necesitás.

No delega el juicio clínico. Lo amplifica.

El médico que integra IA no es menos médico. Es un profesional que reconoce que la complejidad del sistema de salud actual supera la capacidad cognitiva individual — y que elegir buenas herramientas es también una decisión clínica.

La empatía, el criterio, la ética y la relación médico-paciente siguen siendo irreemplazablemente humanos.

Todo lo demás puede — y debe — ser potenciado.

El médico aumentado no es una amenaza para la medicina. Es su mejor versión posible.

Contenido sugerido

Esto es un recordatorio fascinante de que la biología es mucho más compleja —y elegante— de lo que imaginamos. Durante décadas simplificamos el dogma central como un flujo lineal de información genética. Sin embargo, descubrimientos como el CUL1-IPA demuestran que el ARN no es solo un mensajero: también puede actuar como un arquitecto activo de la estructura y función celular. Desde la perspectiva oncológica, esto resulta especialmente relevante. El cáncer no es únicamente una enfermedad de mutaciones, sino también de organización celular alterada y redes de señalización desreguladas. La posibilidad de que ARN no codificante estabilice estructuras críticas como el nucléolo —y que las células tumorales aprovechen este mecanismo para sostener altas demandas proliferativas— abre una dimensión completamente nueva para comprender la biología tumoral. Más aún, introduce una nueva generación de posibles objetivos terapéuticos: no proteínas, no mutaciones del ADN, sino elementos funcionales de ARN capaces de impulsar el comportamiento tumoral de manera independiente. Esto podría transformar la forma en que entendemos la resistencia terapéutica, la agresividad tumoral y en última instancia, la oncología de precisión. Estamos pasando de descifrar el genoma a comprender sus sistemas dinámicos de regulación, y el ARN parece ocupar un lugar central en esta transición. Tiempos apasionantes para la investigación traslacional y las terapias basadas en ARN. Source: Texas A&M Health / PNAS (April 2026).

El Honor del Guardapolvo La transformación del sistema de salud ha modificado los vínculos profesionales; sin embargo, para la generación formada en los años 70, el respeto entre pares sigue siendo un principio innegociable de dignidad. Existen leyes grabadas en la memoria del corazón. Para quienes nos formamos bajo maestros que transmitían tanto ciencia como humanismo, la relación entre colegas siempre fue sagrada: el par era un hermano de oficio. Hoy, frente a una medicina mediada por la gestión administrativa, esa mística se desdibuja. Es frecuente que un médico jubilado, al buscar a un antiguo compañero para una intervención menor o una consulta familiar, reciba como respuesta un frío derivamiento a la secretaría para verificar su cobertura social. Este paso del "Pasa, colega" al "Pida un turno" no es solo una anécdota, sino un síntoma de la despersonalización del vínculo. Cuando la burocracia supera al lazo humano, la medicina pierde su esencia. La asistencia al colega es un honor, no una carga. No se busca un privilegio económico, sino el reconocimiento de una identidad compartida. Retirarse en silencio ante el destrato no es soberbia, sino coherencia con la dignidad de nuestros maestros. Esta reflexión es una invitación a recordar : cuidar al colega, especialmente al que ya recorrió el camino, es cuidar la salud de nuestra propia profesión. Mantener esa llama de la vieja escuela es la última gran lección que los médicos de ayer pueden ofrecer a la medicina de mañana.

Publicación de relevancia para quienes trabajamos en Medicina Intensiva. El trial SESAR (Jabaudon et al., JAMA 2025) evaluó la eficacia de la sedación inhalatoria con sevoflurano frente a propofol intravenoso en pacientes con SDRA moderado-grave. Se trata de un ensayo clínico randomizado, multicéntrico, con 687 pacientes incluidos dentro de las primeras 24 horas del diagnóstico. Los resultados del outcome primario y secundario clave fueron consistentemente desfavorables para el sevoflurano: — Días libres de ventilador a 28 días: diferencia mediana de −2,1 días (IC 95% −3,6 a −0,7; sHR 0,76) — Sobrevida a 90 días: 47,1% vs 55,7% (HR 1,31; IC 95% 1,05–1,62) — Mortalidad a 7 días: 19,4% vs 13,5% Ambos intervalos de confianza no cruzan el valor nulo, lo que confiere solidez estadística a estos hallazgos. Como médico intensivista, considero que estos resultados merecen una reflexión crítica. La hipótesis de que los efectos antiinflamatorios y citoprotectores del sevoflurano —ampliamente documentados en modelos preclínicos— se traducirían en beneficio clínico en el SDRA no fue confirmada. Más aún, el uso prolongado ≥48 horas se asocia a diabetes insípida nefrogénica, hipernatremia y poliuria, un perfil de seguridad que lo diferencia sustancialmente del isoflurano. Dr. Matias Tonnelier Médico Intensivista · Emergencias / UCI Referencia: Jabaudon M et al. Inhaled Sedation in Acute Respiratory Distress Syndrome: The SESAR Randomized Clinical Trial. JAMA. 2025.

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