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Mariana Wood

3 de mayo de 2026

"Me duele el pecho. Siento como una presión...usé el nitrato de mi papá y se me pasó. Es un infarto, no?"

Ese relato activa un reflejo: pensar en el corazón. Pero que el dolor mejore con nitratos no confirma un infarto.
Los nitratos relajan el músculo liso, y eso no solo pasa en las coronarias. Pensemos juntos:

Primero pensamos en causas cardiacas, que siempre es lo primero que hay que descartar: un síndrome coronario agudo puede dar ese dolor opresivo, retroesternal, con o sin irradiación, y es una urgencia.

Pero por otro lado, si al profundizar aparecen detalles como disfagia, episodios desencadenados por líquidos fríos o estrés, eso empieza a orientarte hacia un origen esofágico, como el espasmo difuso del esófago. En este trastorno, el esófago se contrae de forma descoordinada, generando un dolor muy parecido al anginoso.

El diagnóstico se confirma con manometría esofágica, donde ves contracciones descoordinadas, y a veces en estudios contrastados aparece el clásico patrón en “sacacorchos”.

El tratamiento va en la misma línea: fármacos que relajen el músculo liso (nitratos, bloqueantes cálcicos), más medidas sobre hábitos y desencadenantes.
Y justamente, al usar nitratos, el músculo se relaja y el dolor cede. Por eso puede confundirse tanto.

Ahora, hay algo que no cambia nunca en la práctica clínica: todo dolor torácico se estudia primero como cardíaco hasta demostrar lo contrario. Eso implica evaluación clínica, ECG y, según el caso, laboratorio.

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