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La oxigenoterapia tiene como objetivo aumentar la fracción inspirada de oxígeno (FiO₂) para mejorar la oxigenación tisular y disminuir el trabajo respiratorio. Se indica principalmente ante hipoxemia documentada (SatO₂ ≤ 90% o PaO₂ ≤ 60 mmHg), signos de dificultad respiratoria o situaciones críticas como shock y paro cardiorrespiratorio.
Los dispositivos de administración se clasifican según su flujo:
Bajo flujo: Cánula nasal (FiO₂ 24-44%) y máscara simple, que requiere un flujo mínimo de 5 L/min para evitar la reinhalación de CO₂.
Medio flujo: Máscara con reservorio (FiO₂ 60-90%) para hipoxemia moderada a grave, y máscara Venturi, que ofrece una FiO₂ precisa.
Alto flujo: Cánula nasal de alto flujo (hasta 100% FiO₂) y ventilación no invasiva (VNI).
La regulación debe ser dinámica, con metas de saturación de 92-96% para la mayoría de los pacientes y de 88-92% en casos de EPOC hipercápnico. Es fundamental el monitoreo constante para evitar complicaciones como la toxicidad por oxígeno, atelectasias por absorción o lesiones por presión. Se recomienda siempre utilizar la FiO₂ mínima necesaria para alcanzar el objetivo terapéutico y ajustar el flujo según la evolución clínica del paciente.
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