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LA HORMONA ANTIMÜLLERIANA COMO MARCADOR DE FUNCIÓN OVÁRICA
Desde su introducción en la práctica clínica a principios de los 2000, la Hormona Antimülleriana (AMH) ha pasado de ser un hallazgo experimental a convertirse en la piedra angular del laboratorio de fertilidad. El reciente artículo de revisión de B. Fauser (2026) https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC13132654/ sintetiza los hitos que han consolidado a esta hormona como el biomarcador más robusto de la reserva ovárica.
El estudio destaca que los niveles de AMH en suero disminuyen progresivamente con la edad y mantienen una correlación directa con el recuento de folículos antrales. Esta precisión ha sido clave para optimizar el diagnóstico de patologías como el Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP o SOMP) y la Insuficiencia Ovárica Prematura (IOP).
Uno de los avances más disruptivos es el uso de la AMH para diseñar algoritmos de estimulación personalizada en tratamientos de Fecundación In Vitro (FIV), lo que ha mejorado drásticamente la seguridad de las pacientes al minimizar riesgos como el síndrome de hiperestimulación.
No obstante, Fauser hace un llamado a la cautela: si bien la AMH es excelente para medir la "cantidad" ovárica, su capacidad para predecir la fecundidad natural o determinar con exactitud la edad de la menopausia sigue siendo incierta y requiere estudios prospectivos más sólidos. Para el laboratorio moderno, la AMH es ya un centinela indispensable en oncofertilidad y medicina reproductiva de precisión.
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