En lo que va del año, han ocurrido dos encuentros de la Comisión de Especialistas en Innovación Curricular en Psicología, que con la asistencia técnica del doctor César Coll organiza la Asociación de Unidades Académicas de Psicología de la Argentina y de Uruguay.
En esas reuniones de expertos y de directivos de carreras se estudian los caminos por los cuales arribar a una actualización (en la organización y en los contenidos) de nuestros endebles grados universitarios, acercándolos a estándares internacionales. Pese a ello y a otros indicadores de desestancamiento, arrecian aún las críticas hacia la disciplina por parte de sus mismos graduados, o para ser precisos, de sectores de graduados que no desean el ingreso de la psicología real a las aulas a causa de intereses académicos que en un sentido basal son comerciales. Así, libros anacrónicos y extradisciplinarios como La psicología, mito científico de Deleule o como ¿Qué es la psicología?, de Georges Canguilhem, se enarbolan con intenciones denostativas y para atraer a los alumnos hacia formas académicas marginales. Deleule presenta a la disciplina como una colección de discursos heteróclitos, contradictorios y carentes de una definición precisa de objeto; Canguilhem coincide en diagnosticar esta dispersión ecléctica y vincula el cometido de la psicología con la adaptación a un sistema injusto utilizando la seducción y el enmascaramiento ideológico. Por medio de una retórica imprecisa, inadecuada en un sentido técnico, ambos escritores construyen un muñeco raído que se desmorona ante los primeros embates argumentativos.
No se citan investigaciones concretas ni siquiera sucesos institucionales relevantes; cualquier psicólogo proveniente de naciones donde estos autores no poseen mercado detecta la indocumentación y las lagunas conceptuales de sus textos en forma inmediata. En ellos hay un tema común: las crisis por las que discurre una ciencia que no es tal y su afán por lograr la unidad, o, más precisamente, una sedicente apariencia de unidad.