Desde que se sabe que el colesterol denominado "malo" es realmente muy malo para la salud, cualquier novedad que se relacione con su control es bienvenida. La más reciente proviene de un estudio realizado durante 15 años sobre 12 mil personas de diferentes etnias y con edades entre 45 y 64 años. Con ellos comprobaron que la reducción de un 15 por ciento de los niveles de colesterol LDL, el malo de la película, reduce el riesgo de aparición de cardiopatía isquémica, es decir, protege de uno de los trastornos que suelen afectar a las arterias. Una dolencia que genera riesgo cardiovascular al obstruir sus paredes y estrechar su luz.
La investigación fue realizada por equipos de la Universidad de Texas (UT), sedes Southwestern y Houston, y la Universidad de Mississippi, e hizo foco en comunidades de Mississippi, Minnesotta, Carolina del Norte y Maryland. El análisis que se hizo para comprobar ese índice fue muy completo, incluso hubo relevamientos genéticos.
Los resultados fueron publicados en The New England Journal of Medicine y ya empezaron a generar comentarios en la comunidad científica mundial. Marcelo Trivi, jefe de Cardiología del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires, comentó que este estudio tiene valor por sus resultados pero también por su metodología. "Trató de analizar en forma ingeniosa el efecto puro del colesterol LDL bajo", remarcó.
Como en muchos otros pasajes de la historia de la ciencia, hubo algo de azar. En realidad, los investigadores sólo pretendían examinar el efecto de una reducción específica de los niveles de colesterol LDL en individuos sometidos al mismo estrés ambiental.
Y para hacerlo estudiaron, además, la influencia de tres variantes de un gen llamado PCSK9, asociado con la disminución de colesterol malo. De esas tres formas del gen, las dos primeras son frecuentes en la población negra y están asociadas a la reducción de ese colesterol en un 28 por ciento. La tercera, más frecuente en la población blanca, lo reduce en un 15 por ciento.
Al examinar muestras de sangre de un estudio anterior, que se hizo para identificar si las personas voluntarias era portadoras de esas variantes genéticas, pudieron relacionar esa información con la incidencia de cardiopatía isquémica.
Según los autores, los resultados fueron sorprendentes. Las variantes asociadas a una disminución del colesterol LDL del 28 por ciento se interrelacionaban con una reducción de la incidencia de ese tipo de cardiopatía en un 88 por ciento. De hecho, sólo uno de cada 85 voluntarios negros portadores de la tercera variante del gen desarrolló la enfermedad. En el caso de la tercera variante (la que reduce el colesterol malo en un 15 por ciento), se relacionó con una disminución de la incidencia de la cardiopatía isquémica en un 50 por ciento.
Luego de presentar los resultados de cada relevamiento, sus autores hicieron hincapié en algunas recomendaciones. Y en otra curiosidad: los parámetros registrados en los voluntarios son parecidos a los evaluados en pacientes que reciben dosis bajas de estatinas, esas drogas cuya primera aprobación de venta en los Estados Unidos data de 1987. Alguna vez presentadas como un "milagro" para frenar al fantasma del colesterol malo, las estatinas atravesaron varias etapas. Hoy todavía tienen detractores y fervorosos defensores.
Para quienes participaron en el nuevo estudio, sin embargo, no caben dudas de que sus efectos son benéficos. Remarcaron que tienen utilidad y rescataron lo que consideran el mayor logro de esta nueva investigación. "Se ha demostrado la gran importancia que tienen los altos niveles de colesterol en el riesgo coronario", comentó Scott Grundy, director del Centro humano de nutrición de la UT Southwestern.
Con estos nuevos datos, el colesterol malo está un poco más acorralado. Se sabe dónde está, lo que provoca y, desde hace tiempo, se difunden recomendaciones para controlarlo. La batalla continúa.
En los chicos
Según estudios de la Sociedad Americana del Corazón, con sede en los Estados Unidos, los chicos de preescolar con niveles altos de colesterol tienen cinco veces más de posibilidades de mantenerlo alto también a los 8 años.
¡Que viva el "bueno"!
Oscar Angel Spinelli
ospinelli@clarin.com
Un estudio de la Universidad de Indiana, publicado en marzo en el Diario del Corazón de EE.UU., agrega un dato importante: un alto nivel de colesterol bueno (HDL) es mejor que un bajo nivel del malo (LDL) para protegerse de un infarto. La definición aporta otra mirada sobre la prevención y las terapias. Como dijo William Tierney, líder del estudio de Indiana, que recolectó análisis de 7.000 pacientes, las guías corrientes sobre el colesterol se focalizan "en el nivel del malo". Pero los predictores fundamentales para un infarto son un ataque previo, la edad y el colesterol bueno bajo.
Más ejercicios y menos grasas
Se sabe que algunos fármacos ayudan a bajar los niveles de colesterol malo. Pero la mejor opción, en el día a día, es mantenerlo a raya con algunas medidas que se pueden aplicar con un poco de constancia:
Evitar las grasas perjudiciales, como lácteos enteros, manteca, mayonesa, crema, pollo con piel, embutidos, fiambres con vísceras, cortes grasos de carne vacuna, coco, cacao, margarinas sólidas y productos procesados como los de repostería, pastelería, copetines, golosinas, comida chatarra en general.
Darles prioridad a las grasas benéficas porque mejoran el metabolismo del colesterol. Están en aceites (oliva, maíz, girasol, soja), aceitunas, frutas secas (especialmente el maní), palta, cereales integrales, legumbres, germen de trigo, semillas de lino, pescados de mar y mariscos.
Hacer actividad física porque controla el aumento de las grasas en sangre, como el colesterol malo y los triglicéridos. Como valor agregado, el ejercicio diario ayuda a elevar el colesterol bueno, el que tiene un efecto protector sobre las arterias. Las caminatas, nadar o andar en bicicleta son más recomendados porque, previo a una consulta con el médico, personas de todas las edades pueden practicarlas. La frecuencia ideal: no menos de 3 veces por semana, al menos 40 minutos por día.
Tener en cuenta el estrés. Regular las emociones ayuda a evitar cambios metabólicos que provocarían liberación de catecolaminas (sustancias que pueden aumentan la frecuencia cardíaca y suben la presión), glucosa y ácidos grasos libres.
La influencia genética
"Si bien se sabe que tener un colesterol LDL (o colesterol malo) bajo tiene un efecto protector sobre el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, no se sabe si es un efecto puro o está contaminado por otros factores, como no fumar o mantener una dieta sana. En este estudio se trató de analizar en forma ingeniosa el efecto puro del LDL bajo", destacó Marcelo Trivi, jefe de Cardiología del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires.
Y no es un dato menor porque se tomó una población en seguimiento y se detectó a los portadores de la variante de un gen que codifica una enzima que es parte del metabolismo del colesterol. "Los portadores de la variante del gen (llamado PCSK9) tienen genéticamente bajo colesterol LDL. Independientemente de otros factores de riesgo en distintas razas, los portadores de esta variante genética tuvieron una marcada reducción del riesgo cardiovascular luego de 15 años (el período que duró el estudio), aun con pequeñas reducciones del colesterol LDL. Si bien estas reducciones son alcanzables con dosis bajas de fármacos como las estatinas, la reducción del riesgo supera lo esperado con la manipulación farmacológica", agregó.
El avance es significativo. "La medicina está tratando de anticiparse al desarrollo de los ataques cerebrales, los infartos, las enfermedades de las arterias periféricas, entre otras, y para eso se utilizan las tablas que miden el riesgo cardiovascular global. Cuando el riesgo es alto, ya no hay dudas de que debe darse tratamiento farmacológico. En cambio, surge el dilema cuando se trata de un paciente con riesgo intermedio", comentó Palmira Pampraro, coordinadora de epidemiología de la Fundación Interamericana del Corazón, en Dallas, Texas.
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Noticia del estudio original publicado en New England Journal of Medicine 2006;354:1264-1272
Prevención
Una disminución moderada del LDL se asocia a una sustancial reducción del riesgo.
El análisis genético de más de 12.000 individuos ha revelado que una disminución moderada del los niveles de colesterol LDL, en torno al 15%, sostenida a lo largo plazo, reduce de forma sustancial el riesgo de cardiopatía isquémica.
Los resultados de la investigación se publican en "The New England Journal of Medicine" y muestran que los niveles bajos de colesterol LDL protegen frente a la enfermedad cardíaca incluso cuando el individuo presenta otros factores de riesgo importantes.
Viene firmado por un equipo de la Universidad de Texas Southwestern, quienes señalan que querían examinar el efecto de una reducción específica de los niveles de colesterol LDL en individuos sometidos al mismo estrés ambiental.
Estudiaron además la influencia de tres variantes de un gen llamado PCSK9, asociado a significativas disminuciones del colesterol LDL. De esas tres formas del gen, las dos primeras son más frecuentes en población negra y están asociadas a reducciones del colesterol LDL del 28%. La tercera, más frecuente en población blanca, reduce esta fracción lipídica en un 15%.
Examinaron muestras de sangre de un estudio anterior para determinar si los participantes eran portadores de las citadas variantes genéticas, y compararon la información obtenida con la incidencia de cardiopatía isquémica.
Según los autores, los resultados fueron dramáticos. Las variantes asociadas a una disminución del colesterol del LDL del 28% se relacionaron con una reducción de la incidencia de cardiopatía isquémica del 88%. De hecho, sólo uno de cada 85 participantes de raza negra portadores de esas variantes desarrollo la enfermedad cardíaca. En el caso de la tercera variante, que reduce los valores de colesterol LDL en un 15%, se relacionó con una disminución de la incidencia de cardiopatía isquémica del 50%.
Los autores recuerdan que una disminución del colesterol LDL del 15% puede conseguirse y mantenerse a largo plazo con la administración de bajas dosis de estatinas.