Ilustración de Elena Águila
ÁNGELES LÓPEZ
MADRID.- Si usted es de los que por la mañana rinde a la perfección en el trabajo y no entiende a sus compañeros que van arrastrándose por las esquinas de la oficina, puede que la respuesta la encuentre en sus células. Científicos de la Universidad de Zurich (Suiza) han desarrollado un método con el que han comprobado que existe una correlación entre lo que pasa en el interior de las células de la piel y la conducta de cada sujeto a lo largo del día.
Levantarse con los primeros rayos del sol o aguantar más allá de la media noche depende no sólo de los hábitos que cada persona tenga en su día a día, sino que se relaciona con un componente genético. El denominado reloj circadiano o ritmo biológico que regula el tiempo, se había relacionado con nuestro ADN en algunas investigaciones previas. Sin embargo, no se conoce bien el mecanismo por el que unas personas se adaptan mejor a un horario u otro o la razón por la que ciertos individuos desarrollan patologías del sueño o de la conducta.
"La separación de los factores medioambientales de los genéticos en el estudio del comportamiento sigue siendo un extraordinario obstáculo en la identificación de factores biológicos que afectan al cronotipo humano [organización diaria del tiempo]. En este estudio hemos realizado un acercamiento celular a esta cuestión", señalan los autores del trabajo publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Science.
Steven Brown y sus colaboradores de la Universidad de Zurich (Suiza) y de varios centros alemanes realizaron biopsias de la piel a 28 voluntarios y cultivaron este material en el laboratorio. Estos científicos midieron, mediante un modelo matemático, el nivel de actividad de cuatro 'genes reloj' (genes relacionados con el ritmo circadiano) presentes en estas células. Posteriormente, compararon dicha actividad con los datos de encuestas que les habían realizadopara valorar su preferencias y hábitos de conducta.
Trastornos afectivos
Se comprobó que las células de la piel mostraban el mismo patrón de 'conducta' que al menos la mitad de los voluntarios. Los fibroblastos de los madrugadores mostraban un nivel de actividad menor que los de aquellos que eran trasnochadores. Además, algunos de los sujetos en los que no se detectó esta correlación presentaban un trastorno afectivo estacional, que se caracteriza por depresión que aparece siempre en invierno, motivo por el que se habría alterado esa correspondencia.
"Nuestras observaciones en fibroblastos sugieren una fuerte contribución genética de un reloj circadiano interno en la conducta humana diaria, y muestra que las propiedades específicas de este reloj pueden medirse en las células periféricas en un nivel molecular", explican.
Por otro lado, señalan, en relación a los diferentes resultados detectados en los voluntarios, que seguramente existen numerosos factores genéticos que influyan en la regulación de diferentes 'genes reloj'. "En los casos extremos, se altera todo el reloj en su amplitud, pero en la mayoría de los casos este efecto se compensa por otros genes reloj que probablemente eliminan los efectos sistémicos", señalan estos científicos.
Con el método desarrollado se podría estudiar la razón que hace que una persona prefiera la mañana para concentrar su actividad y otra la tarde o la noche. Este sistema también podría servir para estudiar algunas alteraciones del sueño o del comportamiento, como el trastorno afectivo estacional.