“Un verdadero orgullo. Se cumplieron nuestras expectativas como anfitriones, y hemos recibido de los participantes excelentes devoluciones”. El doctor Juan Villalonga, secretario de la Asociación Argentina de Neurocirugía (AANC), es hombre de pocas palabras, lo que da doble valor a la frase que nos dijo. Lo cierto es que la actividad fue mucha, intensa, diversa; de a ratos, maratónica, y no era raro que los expositores escucharan, de las autoridades de las mesa, “tiempo, por favor, doctor…”; había tanto para contar... En cambio no fue “apta para todo público (lo que, por otro lado, es totalmente comprensible), así que en las próximas entregas haremos nuestro esfuerzo por “aterrizar” algunas de las contribuciones de tantos especialistas. Porque realmente, como informó en detalle Villalonga a IntraMed, fueron un montón: 137 trabajos científicos presentados en formatos diversos (exposiciones orales, pósters, workshops, videos…), cinco salas de sesiones en paralelo, 23 empresas auspiciantes (varias de ellas con stands y muestras de equipamiento y tecnología). Y entre todo esto, algo que Villalonga describió como “inédito”: “Nunca se había realizado un encuentro de este tipo dentro de un congreso de neurocirugía en Argentina. Queremos que los estudiantes también tengan su espacio para participar y formarse”, contó. En definitiva, todo un mundo reflejado en un encuentro de especialistas que llevaba el simbólico número 50. ¿Qué historia sostiene ese número?
Neurocirujanos hay en Argentina desde fines del siglo XIX, y según los registros, durante la primera mitad del siglo XX fueron creando escuelas neuroquirúrgicas y formando nuevas generaciones. Pero la disciplina en sí era poco conocida incluso entre los médicos y debieron defender la neurocirugía como una especialidad diferenciada y divulgar entre sus colegas qué patologías debían ser encaradas por ella, lo que favorecería diagnósticos más precoces y tratamientos adecuados. Pero además entendieron la necesidad de tener un foro propio para su actividad académica.
En ese marco, 1959 fue un año clave, pues la iniciativa de Julio Ghersi, Armando Costales y César Burry de crear la Sociedad de Neurocirugía de la Provincia de Buenos Aires fue el puntapié inicial: arrancó con ella un proceso de organización institucional de la neurocirugía argentina que desembocó en la creación dos instituciones complementarias y de alcance federal: Asociación Argentina de Neurocirugía (AANC) y el Colegio Argentino de Neurocirujanos (CANC); el objetivo de la primera era la educación médica continua; el colegio se encargaba de evaluar competencias profesionales (certificación y recertificación de los médicos especialistas, y acreditación de los programas de residencia). Fue así hasta no hace poco: agosto de 2024, la AANC absorbió la estructura histórica del colegio, y sus funciones se mantienen vigentes bajo el nombre de Subcomisión "Colegio Argentino de Neurocirujanos”.
Cuenta también la historia que el ímpetu era tanto que antes del “primer cumpleaños” (concretamente en abril de 1960, la AANC organizó y llevo adelante en Uspallata (Mendoza) el primer antecedente de lo que hoy son los congresos neurocirugía. Ese encuentro fue bautizado “Primera Reunión del Colegio Argentino de Neurocirujanos y de la Asociación Argentina de Neurocirugía”, dio inicio a los encuentros científicos de la especialidad.
Estos tres intensos días de fines de agosto no transcurrieron en la sede física oficial del congreso: el Museo Casa Histórica de la Independencia, que en Tucumán también llamamos “la casa de todos los argentinos”, fue la sede el acto inaugural. Allí, Álvaro Campero, jefe del servicio de Neurocirugía del Hospital Padilla de Tucumán y presidente de la AANC, les dio la bienvenida a los participantes, con uno de los bajorrelieves de la escultora tucumana Lola Mora de fondo. También se dirigió a los presentes el presidente de la Federación Mundial de Sociedades de Neurocirugía, el brasileño Luis Borba.

Dr. Alvaro Campero, presidente de la AANC.
Las actividades científicas cubrieron seis grandes áreas científicas: tumores y neurooncología; cirugía de base de cráneo; patología vascular y ACV; neurotrauma; cirugía de columna y raquimedular; y neurocirugía funcional, con la neurocirugía pediátrica y la cirugía de nervios periféricos como áreas específicas. Atravesando a todas se sumó, como un eje transversal, la innovación tecnológica, con presentaciones sobre endoscopia, neuronavegación, robótica, realidad mixta y técnicas endovasculares.
En algunos temas las presentaciones dieron cuenta del “estado del arte”; otras veces se presentaron casos clínicos, avances y desafíos, así como últimas y alentadoras innovaciones, pero también quedaron claras cuestiones como la importancia de técnicas que tienen décadas y siguen siendo actuales (como la que se conoce por el nombre de su creador, el médico libanés-colombiano Salomón Hakim), o la necesidad de aceptar –y dejárselo claro a los pacientes- que todo lo humano tiene límites: a veces técnicos, otras, especialmente en el contexto de América latina, de disponibilidad fáctica, o de accesibilidad socioeconómica.
Y, más allá de las acciones complementarias de exponer/escuchar (y eventualmente, hacer preguntas), también hubo espacios para la praxis: en la primera jornada, uno de los salones estuvo destinado a un curso de endoscopia de columna que ofreció tips técnicos y trabajo en simuladores.
Published on September 8, 2026
De 19 al 21 de agosto
Tucumán albergó el 50° Congreso Argentino de Neurocirugía
Durante tres días, más de 570 participantes informaron, explicaron, aprendieron y compartieron las últimas novedades de la disciplina.
Author: Claudia Nicolini
Fuente: IntraMed
“Un verdadero orgullo. Se cumplieron nuestras expectativas como anfitriones, y hemos recibido de los participantes excelentes devoluciones”. El doctor Juan Villalonga, secretario de la Asociación Argentina de Neurocirugía (AANC), es hombre de pocas palabras, lo que da doble valor a la frase que nos dijo. Lo cierto es que la actividad fue mucha, intensa, diversa; de a ratos, maratónica, y no era raro que los expositores escucharan, de las autoridades de las mesa, “tiempo, por favor, doctor…”; había tanto para contar... En cambio no fue “apta para todo público (lo que, por otro lado, es totalmente comprensible), así que en las próximas entregas haremos nuestro esfuerzo por “aterrizar” algunas de las contribuciones de tantos especialistas. Porque realmente, como informó en detalle Villalonga a IntraMed, fueron un montón: 137 trabajos científicos presentados en formatos diversos (exposiciones orales, pósters, workshops, videos…), cinco salas de sesiones en paralelo, 23 empresas auspiciantes (varias de ellas con stands y muestras de equipamiento y tecnología). Y entre todo esto, algo que Villalonga describió como “inédito”: “Nunca se había realizado un encuentro de este tipo dentro de un congreso de neurocirugía en Argentina. Queremos que los estudiantes también tengan su espacio para participar y formarse”, contó. En definitiva, todo un mundo reflejado en un encuentro de especialistas que llevaba el simbólico número 50. ¿Qué historia sostiene ese número?
Neurocirujanos hay en Argentina desde fines del siglo XIX, y según los registros, durante la primera mitad del siglo XX fueron creando escuelas neuroquirúrgicas y formando nuevas generaciones. Pero la disciplina en sí era poco conocida incluso entre los médicos y debieron defender la neurocirugía como una especialidad diferenciada y divulgar entre sus colegas qué patologías debían ser encaradas por ella, lo que favorecería diagnósticos más precoces y tratamientos adecuados. Pero además entendieron la necesidad de tener un foro propio para su actividad académica.
En ese marco, 1959 fue un año clave, pues la iniciativa de Julio Ghersi, Armando Costales y César Burry de crear la Sociedad de Neurocirugía de la Provincia de Buenos Aires fue el puntapié inicial: arrancó con ella un proceso de organización institucional de la neurocirugía argentina que desembocó en la creación dos instituciones complementarias y de alcance federal: Asociación Argentina de Neurocirugía (AANC) y el Colegio Argentino de Neurocirujanos (CANC); el objetivo de la primera era la educación médica continua; el colegio se encargaba de evaluar competencias profesionales (certificación y recertificación de los médicos especialistas, y acreditación de los programas de residencia). Fue así hasta no hace poco: agosto de 2024, la AANC absorbió la estructura histórica del colegio, y sus funciones se mantienen vigentes bajo el nombre de Subcomisión "Colegio Argentino de Neurocirujanos”.
Cuenta también la historia que el ímpetu era tanto que antes del “primer cumpleaños” (concretamente en abril de 1960, la AANC organizó y llevo adelante en Uspallata (Mendoza) el primer antecedente de lo que hoy son los congresos neurocirugía. Ese encuentro fue bautizado “Primera Reunión del Colegio Argentino de Neurocirujanos y de la Asociación Argentina de Neurocirugía”, dio inicio a los encuentros científicos de la especialidad.
En Tucumán, 2026
Estos tres intensos días de fines de agosto no transcurrieron en la sede física oficial del congreso: el Museo Casa Histórica de la Independencia, que en Tucumán también llamamos “la casa de todos los argentinos”, fue la sede el acto inaugural. Allí, Álvaro Campero, jefe del servicio de Neurocirugía del Hospital Padilla de Tucumán y presidente de la AANC, les dio la bienvenida a los participantes, con uno de los bajorrelieves de la escultora tucumana Lola Mora de fondo. También se dirigió a los presentes el presidente de la Federación Mundial de Sociedades de Neurocirugía, el brasileño Luis Borba.
Dr. Alvaro Campero, presidente de la AANC.
Las actividades científicas cubrieron seis grandes áreas científicas: tumores y neurooncología; cirugía de base de cráneo; patología vascular y ACV; neurotrauma; cirugía de columna y raquimedular; y neurocirugía funcional, con la neurocirugía pediátrica y la cirugía de nervios periféricos como áreas específicas. Atravesando a todas se sumó, como un eje transversal, la innovación tecnológica, con presentaciones sobre endoscopia, neuronavegación, robótica, realidad mixta y técnicas endovasculares.
En algunos temas las presentaciones dieron cuenta del “estado del arte”; otras veces se presentaron casos clínicos, avances y desafíos, así como últimas y alentadoras innovaciones, pero también quedaron claras cuestiones como la importancia de técnicas que tienen décadas y siguen siendo actuales (como la que se conoce por el nombre de su creador, el médico libanés-colombiano Salomón Hakim), o la necesidad de aceptar –y dejárselo claro a los pacientes- que todo lo humano tiene límites: a veces técnicos, otras, especialmente en el contexto de América latina, de disponibilidad fáctica, o de accesibilidad socioeconómica.
Y, más allá de las acciones complementarias de exponer/escuchar (y eventualmente, hacer preguntas), también hubo espacios para la praxis: en la primera jornada, uno de los salones estuvo destinado a un curso de endoscopia de columna que ofreció tips técnicos y trabajo en simuladores.