¿Cuál es el riesgo de que un paciente cometa un acto de violencia contra sí mismo o contra otro? ¿Está esto en relación con el trastorno psicopatológico?
Los estudios epidemiológicos encuentran tasas de violencia más elevadas entre individuos con diagnóstico de abuso de sustancias, trastornos de personalidad de tipo B y, en menor grado, trastornos del espectro esquizofrénico. Sin embargo no hay consenso en cuanto a las vías que llevan a incrementar el riesgo de violencia en ciertos trastornos mentales. Los estudios epidemiológicos, a la vez, destacan el papel de la edad y la historia personal, pero es claro que estas variables no tienen en sí mismas valor predictivo.
Paul G. Nestor se propone en este trabajo integrar y potenciar estos enfoques (clínico y epidemiológico) y considerar la variación del riesgo de violencia como función de la presencia de ciertas dimensiones de personalidad y el grado en que ciertos acontecimientos del medio ambiente moderan o exacerban su expresión. O sea, no todas las personas con trastornos mentales tendrán igual riesgo de violencia, y supone que las de mayor riesgo tienen en común configuraciones de personalidad que las tornan más vulnerables a la expresión patológica de la violencia.
Así, en el trabajo examina el riesgo de violencia en los trastornos psicopatológicos más vulnerables mencionados, en relación con cuatro dimensiones fundamentales de la personalidad: 1. control de los impulsos, 2. regulación del afecto, 3. narcisismo o egotismo amenazado y 4. estilo cognitivo paranoide de la personalidad. Destaca que las dos primeras comprometen a prácticamente todos los trastornos mentales asociados a la violencia. Las dos últimas afectarían de modo más particularizado a individuos con ciertos trastornos (trastorno de personalidad de tipo B, psicopatía, esquizofrenia).
Abuso de sustancias
De todos los trastorno mentales, el que correlaciona más fuertemente con actos de violencia es el trastorno por abuso de sustancias, haya o no comorbilidad con otros diagnósticos psicopatológicos. De hecho, lo más habitual es que sí la haya, especialmente con trastornos de personalidad de tipo B, y de modo más particular trastorno de la personalidad antisocial. Por su parte, la ansiedad y la depresión suelen ser comunes al abuso de sustancias y, por ejemplo, a la personalidad antisocial, y cada uno de estos trastornos compromete en grado variable tanto el control de los impulsos como la regulación de los afectos.
El autor piensa que al haber comorbilidad, cada condición puede incrementar exponencialmente el riesgo de cometer actos violentos, sea por adición o por interacción. Entiende que se accede al altísimo riesgo de violencia de los abusadores de sustancias por varias vías: directamente, en tanto muchas drogas depresoras del SNC menoscaban la regulación de los afectos y el control de los impulsos, dejando libre el camino a la expresión de la violencia; indirectamente, por mediación de las entidades y condiciones comórbidas (trastorno de personalidad antisocial, ansiedad y depresión, y psicosis), que se vinculan también a las dimensiones que el autor considera fundamentales.
(El artículo completo, en inglés, puede solicitarse en Fundación Acta).
Artículo comentado y traducido por la Lic. Alicia Kasulin, editora responsable de IntraMed en la especialidad de Psiquiatría.