El trastorno de la conducta alimentaria es más común en mujeres jóvenes. Se estima que cerca del uno por ciento de las adolescentes lo presentan y se encuentra subdiagnosticado en el 10 por ciento en mujeres con edades que comprenden entre los 16 y 25 años de edad. Es típicamente considerado como una enfermedad que se presenta en población blanca.
Otros factores de riesgo para padecer anorexia nerviosa incluyen pertenecer a clase media y participar en algunas actividades como ballet, modelaje y gimnasia, así como tener historia familiar de trastorno de la conducta alimentaria. Un episodio de anorexia nerviosa se manifiesta principalmente en una situación "difícil" o de estrés.
La anorexia nerviosa puede presentarse relacionada a algún otro trastorno psiquiátrico; por ejemplo, se estima que 25 por ciento de las personas que tiene anorexia también presentan un trastorno obsesivo compulsivo y en un 50 a 70 por ciento de las mujeres con distimia (sintomatología depresiva de más de dos años de evolución). También este trastorno llega a presentarse con ansiedad y depresión.
El comportamiento alimentario es regulado por una amplia gama de neurotransmisores, por lo que se ha sugerido que algunos de ellos podrán estar implicados en la fisiopatología de este trastorno. Principalmente se considera que la serotonina está involucrada en el control del apetito, especialmente en aquellos aspectos que tienen que ver con la saciedad a través del proceso denominado cascada de saciedad.
Cuando la serotonina presenta alguna alteración en las personas, contribuye a que se den cambios en los patrones de alimentación, entre los que se encuentran el perfeccionismo, la impulsividad y las alteraciones del estado de ánimo como ansiedad y depresión.
Los principales síntomas en este trastorno se caracterizan por una alteración en la imagen corporal o fobia (miedo) al peso; principalmente expresa preocupación por ciertas partes del cuerpo, como abdomen, muslos y caderas; la depresión es común en diferentes niveles, ya que tienden a manifestar sentimientos de culpa importante; comen de modo ritualizado y existe una necesidad compulsiva de contar las calorías diarias ingeridas; hay déficit de memoria y funciones visoespaciales; hay alteraciones menstruales, como la amenorrea (suspensión de la menstruación), siendo éste de los primeros síntomas que se presentan, así como hay una disminución en el nivel energético.
Las principales complicaciones son malnutrición, provocando alteraciones a nivel cardiovascular; edema periférico (hinchazón en las extremidades tanto brazos como piernas), dolor en los músculos, baja de azúcar (hipoglucemia), hipercarotenia, osteoporosis, alteraciones en regulación corporal y alteraciones sanguíneas. Se debe de realizar un examen minucioso y evaluar con diferentes métodos de laboratorio y de gabinete.
Su tratamiento es interdisciplinario, tanto psicoterapéutico (a nivel individual y familiar) como farmacológico, con medicación especializada si el trastorno depresivo es deteriorante y ansiolíticos, pues ayudarán a reducir la ansiedad que está asociada a este trastorno y disminuye el miedo a subir de peso.
La bulimia nerviosa es el segundo trastorno del comportamiento alimentario, su presencia es del tres al 10 por ciento en adolescentes o edad escolar; sin embargo, muchos estudios reportan que esta enfermedad se detecta hasta los 20 y 30 años de edad. Los factores asociados con el desarrollo de esta patología incluyen historia de abuso sexual, abuso de sustancias o dependencia e historia familiar de alcoholismo y depresión.
Los trastornos de ansiedad y depresión son más comunes en los bulímicos. Su pronóstico es mejor que en las pacientes anoréxicas, aunque es más difícil identificar a los pacientes bulímicos. Están presentes características específicas (propias de los trastornos de la alimentación -vómito autoinducido) y generales (depresión o ansiedad). Se caracteriza principalmente por la realización de dietas estrictas interrumpidas y posteriormente se presenta un atracón (ingiere gran cantidad de alimentos y tiene sensación de perder el control).
En los pacientes con bulimia asociada a depresión puede llegar a confundirse su trastorno de alimentación con un trastorno depresivo mayor, ya que presentan una pobre autoestima y un perfeccionismo importante; en el caso de bulímicos y la ansiedad, sobresale más el comportamiento del trastorno alimentario.
El peso corporal es irrelevante, por lo que pocas veces se observan datos de malnutrición, las irregularidades menstruales sólo de detectan en una cuarta parte de los pacientes, puede haber alteraciones en electrolitos por la combinación de uso de laxantes y vómitos, así como erosión del esmalte dental, agrandamiento de glándulas salivales, principalmente parótidas. Hay uso y abuso de drogas u otras sustancias como laxantes y diuréticos. El tratamiento también se plantea tanto psicoterapéutico como farmacológico, pero éste se basa principalmente por los trastornos del estado de ánimo asociados a la bulimia.
La obesidad se caracteriza por la acumulación excesiva de tejido adiposo en el cuerpo. Es uno de los principales riesgos de salud. Sus signos físicos son, sobre todo, consecuencia del aumento de peso y tejido graso. Su objetivo en el tratamiento es reducir el peso, de forma real tanto con tratamiento farmacológico, quirúrgico y medidas de apoyo dietético-higiénicas, así como apoyo terapéutico por las alteraciones que éste produce.
Publicado el 9 de julio de 2008
1% de las adolescentes
Trastorno de la alimentación y ansiedad
El transtorno de la conducta alimentaria es más común en mujeres jóvenes.
El trastorno de la conducta alimentaria es más común en mujeres jóvenes. Se estima que cerca del uno por ciento de las adolescentes lo presentan y se encuentra subdiagnosticado en el 10 por ciento en mujeres con edades que comprenden entre los 16 y 25 años de edad. Es típicamente considerado como una enfermedad que se presenta en población blanca.
Otros factores de riesgo para padecer anorexia nerviosa incluyen pertenecer a clase media y participar en algunas actividades como ballet, modelaje y gimnasia, así como tener historia familiar de trastorno de la conducta alimentaria. Un episodio de anorexia nerviosa se manifiesta principalmente en una situación "difícil" o de estrés.
La anorexia nerviosa puede presentarse relacionada a algún otro trastorno psiquiátrico; por ejemplo, se estima que 25 por ciento de las personas que tiene anorexia también presentan un trastorno obsesivo compulsivo y en un 50 a 70 por ciento de las mujeres con distimia (sintomatología depresiva de más de dos años de evolución). También este trastorno llega a presentarse con ansiedad y depresión.
El comportamiento alimentario es regulado por una amplia gama de neurotransmisores, por lo que se ha sugerido que algunos de ellos podrán estar implicados en la fisiopatología de este trastorno. Principalmente se considera que la serotonina está involucrada en el control del apetito, especialmente en aquellos aspectos que tienen que ver con la saciedad a través del proceso denominado cascada de saciedad.
Cuando la serotonina presenta alguna alteración en las personas, contribuye a que se den cambios en los patrones de alimentación, entre los que se encuentran el perfeccionismo, la impulsividad y las alteraciones del estado de ánimo como ansiedad y depresión.
Los principales síntomas en este trastorno se caracterizan por una alteración en la imagen corporal o fobia (miedo) al peso; principalmente expresa preocupación por ciertas partes del cuerpo, como abdomen, muslos y caderas; la depresión es común en diferentes niveles, ya que tienden a manifestar sentimientos de culpa importante; comen de modo ritualizado y existe una necesidad compulsiva de contar las calorías diarias ingeridas; hay déficit de memoria y funciones visoespaciales; hay alteraciones menstruales, como la amenorrea (suspensión de la menstruación), siendo éste de los primeros síntomas que se presentan, así como hay una disminución en el nivel energético.
Las principales complicaciones son malnutrición, provocando alteraciones a nivel cardiovascular; edema periférico (hinchazón en las extremidades tanto brazos como piernas), dolor en los músculos, baja de azúcar (hipoglucemia), hipercarotenia, osteoporosis, alteraciones en regulación corporal y alteraciones sanguíneas. Se debe de realizar un examen minucioso y evaluar con diferentes métodos de laboratorio y de gabinete.
Su tratamiento es interdisciplinario, tanto psicoterapéutico (a nivel individual y familiar) como farmacológico, con medicación especializada si el trastorno depresivo es deteriorante y ansiolíticos, pues ayudarán a reducir la ansiedad que está asociada a este trastorno y disminuye el miedo a subir de peso.
La bulimia nerviosa es el segundo trastorno del comportamiento alimentario, su presencia es del tres al 10 por ciento en adolescentes o edad escolar; sin embargo, muchos estudios reportan que esta enfermedad se detecta hasta los 20 y 30 años de edad. Los factores asociados con el desarrollo de esta patología incluyen historia de abuso sexual, abuso de sustancias o dependencia e historia familiar de alcoholismo y depresión.
Los trastornos de ansiedad y depresión son más comunes en los bulímicos. Su pronóstico es mejor que en las pacientes anoréxicas, aunque es más difícil identificar a los pacientes bulímicos. Están presentes características específicas (propias de los trastornos de la alimentación -vómito autoinducido) y generales (depresión o ansiedad). Se caracteriza principalmente por la realización de dietas estrictas interrumpidas y posteriormente se presenta un atracón (ingiere gran cantidad de alimentos y tiene sensación de perder el control).
En los pacientes con bulimia asociada a depresión puede llegar a confundirse su trastorno de alimentación con un trastorno depresivo mayor, ya que presentan una pobre autoestima y un perfeccionismo importante; en el caso de bulímicos y la ansiedad, sobresale más el comportamiento del trastorno alimentario.
El peso corporal es irrelevante, por lo que pocas veces se observan datos de malnutrición, las irregularidades menstruales sólo de detectan en una cuarta parte de los pacientes, puede haber alteraciones en electrolitos por la combinación de uso de laxantes y vómitos, así como erosión del esmalte dental, agrandamiento de glándulas salivales, principalmente parótidas. Hay uso y abuso de drogas u otras sustancias como laxantes y diuréticos. El tratamiento también se plantea tanto psicoterapéutico como farmacológico, pero éste se basa principalmente por los trastornos del estado de ánimo asociados a la bulimia.
La obesidad se caracteriza por la acumulación excesiva de tejido adiposo en el cuerpo. Es uno de los principales riesgos de salud. Sus signos físicos son, sobre todo, consecuencia del aumento de peso y tejido graso. Su objetivo en el tratamiento es reducir el peso, de forma real tanto con tratamiento farmacológico, quirúrgico y medidas de apoyo dietético-higiénicas, así como apoyo terapéutico por las alteraciones que éste produce.