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Publicado el 3 de agosto de 2026

Alerta en dermatología

Tiña del cuero cabelludo: el riesgo oculto detrás del afeitado en barberías

El auge de los cortes al ras podría favorecer la transmisión de Trichophyton tonsurans. Reconocer sus distintas manifestaciones resulta decisivo para evitar demoras terapéuticas, brotes y alopecia cicatricial.

Autor/a: Giampaolo Addari, Marialuisa Corbeddu, Cristina Mugheddu, Mariangela Chessa, Grazia Vivanet, Caterina Ferreli and Laura Atzori

Fuente: J. Clin. Med. 2025, 14, 622 Tinea Capitis Induced by Barber Shaving: Isolation of Trichophyton tonsurans

Introducción

Las dermatofitosis son infecciones fúngicas frecuentes que comprometen la piel, el cabello y las uñas. Se estima que afectan al 20-25% de la población general, aunque su distribución y sus agentes causales varían según la región, el clima y las características de cada comunidad.

La tiña del cuero cabelludo —o tinea capitis— se observa principalmente en la infancia, pero también puede presentarse en adolescentes y adultos. Sus agentes etiológicos pertenecen sobre todo a los géneros Microsporum y Trichophyton.

Aunque Microsporum canis continúa siendo un agente predominante en numerosas regiones, durante las últimas décadas se ha registrado una mayor circulación de Trichophyton tonsurans en diferentes países. Por su carácter antropofílico, este dermatofito se transmite principalmente entre personas, de manera directa o mediante objetos contaminados.

Informes recientes han vinculado algunas infecciones por T. tonsurans en adolescentes y hombres adultos con cortes de cabello realizados en barberías. El uso compartido de máquinas, peines y otros instrumentos, sumado al microtraumatismo producido por el afeitado, podría crear condiciones favorables para su propagación.

Una infección de presentación variable

Los autores evaluaron a diez pacientes varones de entre 17 y 68 años, con una mediana de edad de 23,5 años. Todos habían recibido recientemente un corte o afeitado en una barbería antes de la aparición de las lesiones.

El intervalo mediano entre la posible exposición y el comienzo de los síntomas fue de siete días. Sin embargo, transcurrieron alrededor de 22 días desde la aparición de las manifestaciones hasta el diagnóstico.

Las lesiones comprometían principalmente la región occipital y la nuca, aunque también se observaron casos con afectación temporal, cervical, de la barba y de la parte superior de la espalda. Su localización en áreas poco visibles contribuyó en algunos pacientes a demorar la consulta.

El primer caso correspondió a un hombre de 25 años que desarrolló una placa intensamente inflamatoria en la región temporal derecha, con secreción serosanguinolenta y ocasionalmente purulenta, fiebre y adenopatías dolorosas. La presentación llevó inicialmente a sospechar una infección bacteriana o un impétigo.

El paciente recibió antibióticos orales durante dos semanas, sin una mejoría significativa. Posteriormente, dos conocidos que habían concurrido a la misma barbería consultaron por placas eritematoescamosas y pruriginosas en el cuero cabelludo y el cuello. En estos casos, las características clínicas y dermatoscópicas orientaron hacia una infección por dermatofitos.

La posibilidad de tiña debe considerarse ante lesiones del cuero cabelludo que no responden al tratamiento antibacteriano, especialmente cuando existe alopecia localizada, descamación, pelos rotos o el antecedente reciente de un corte al ras.

Del cuadro leve al querión

Ocho pacientes presentaron placas redondeadas, eritematosas y descamativas, únicas o múltiples. El prurito leve o moderado fue el síntoma más frecuente, aunque uno de los pacientes permaneció completamente asintomático.

Los otros dos desarrollaron formas inflamatorias graves compatibles con querión de Celso: placas elevadas, edematosas y dolorosas, con secreción serosanguinolenta o purulenta, fiebre y adenopatías regionales.

Estas manifestaciones pueden confundirse con impétigo, foliculitis, dermatitis seborreica, psoriasis, abscesos bacterianos o celulitis disecante. El error diagnóstico puede retrasar el tratamiento antifúngico y aumentar el riesgo de daño folicular permanente.

La dermatoscopia mostró un fondo eritematoso y descamativo, acompañado por pelos rotos, pelos en coma y pelos en espiral. En las formas inflamatorias también se identificaron costras amarillentas y pústulas.

La lámpara de Wood fue negativa en todos los pacientes, un resultado que no permite descartar la enfermedad, dado que T. tonsurans habitualmente no produce fluorescencia.

Claves para orientar el diagnóstico

 

EvaluaciónHallazgos relevantesInterpretación
AntecedentesCorte al ras o afeitado reciente en barberíaSugiere una posible exposición mediante instrumentos contaminados
Examen clínicoDescamación, alopecia localizada, pelos rotos, prurito o placas inflamatoriasCompatible con tiña del cuero cabelludo
DermatoscopiaPelos en coma, en espiral o quebradosRefuerza la sospecha de dermatofitosis
Lámpara de WoodPuede ser negativa en infección por T. tonsuransUn resultado negativo no excluye el diagnóstico
Microscopía directaHifas y artroconidias dentro del tallo pilosoPatrón endotrix compatible con especies de Trichophyton
Cultivo micológicoPermite identificar la especieÚtil para confirmar el agente y orientar el tratamiento

La evaluación microscópica se efectuó en ocho pacientes y mostró elementos fúngicos en el interior del tallo piloso, correspondientes a un patrón de invasión endotrix. El cultivo se realizó únicamente en tres casos y en todos ellos se aisló T. tonsurans.

Por lo tanto, la presencia de este agente fue confirmada microbiológicamente en tres de los diez pacientes, mientras que en los demás el diagnóstico se sustentó en los antecedentes epidemiológicos y los hallazgos clínicos, dermatoscópicos y microscópicos.

Tratamiento y evolución

Todos los pacientes recibieron tratamiento antifúngico sistémico, principalmente terbinafina en dosis de 250 mg diarios durante cuatro a seis semanas o griseofulvina en dosis de 500 mg diarios durante cuatro semanas. También se indicaron preparados tópicos con el objetivo de disminuir la carga fúngica y limitar la transmisión.

La tiña del cuero cabelludo requiere tratamiento sistémico porque los productos tópicos no alcanzan adecuadamente el folículo y el tallo piloso. Los champús o lociones antifúngicas pueden utilizarse como complemento, pero no sustituyen la medicación oral.

La elección del antifúngico, la dosis y la duración deben adecuarse a la especie involucrada, la edad, el peso, la extensión del cuadro y las condiciones clínicas del paciente. En términos generales, la terbinafina presenta mayor actividad frente a especies de Trichophyton, mientras que la griseofulvina puede resultar más eficaz frente a Microsporum.

Los diez pacientes alcanzaron la resolución clínica en un período de cuatro a seis semanas. Sin embargo, los dos que habían presentado las formas inflamatorias más intensas desarrollaron alopecia cicatricial permanente.

La respuesta favorable al tratamiento no demuestra por sí sola la ausencia de resistencia antifúngica, ya que para establecerla serían necesarias pruebas específicas de sensibilidad. Por este motivo, debe evitarse afirmar que la evolución clínica “descarta” resistencia.

¿Por qué las barberías pueden facilitar la transmisión?

T. tonsurans puede propagarse mediante cabellos infectados, máquinas de cortar, afeitadoras, peines, cepillos, toallas, apoyacabezas y otras superficies contaminadas.

A diferencia de los dermatofitos zoofílicos, este microorganismo se encuentra adaptado al ser humano. Las personas con manifestaciones mínimas o sin síntomas pueden actuar como reservorios, favoreciendo cadenas de transmisión difíciles de reconocer.

Las barberías reúnen varios factores potencialmente relevantes:

  • Uso sucesivo de máquinas y elementos de corte.
  • Desinfección insuficiente entre clientes.
  • Presencia de cabellos y escamas contaminados.
  • Cortes muy próximos al cuero cabelludo.
  • Microtraumatismos producidos por el afeitado.
  • Consulta tardía ante lesiones localizadas en la nuca o el occipucio.

Los instrumentos contaminados pueden transportar esporas entre clientes. Al mismo tiempo, el afeitado repetido podría alterar la barrera cutánea y facilitar una penetración más profunda, favoreciendo respuestas inflamatorias intensas.

No obstante, la serie analizada es pequeña y no incluyó el estudio microbiológico de las herramientas ni de los establecimientos. En consecuencia, permite señalar una asociación epidemiológica, pero no demostrar de manera definitiva el mecanismo de transmisión en cada paciente.

Prevención en la barbería y el hogar

La prevención requiere una limpieza cuidadosa del espacio de trabajo y una adecuada desinfección de máquinas, peines, tijeras, afeitadoras y superficies de contacto después de cada cliente. Los elementos descartables no deben reutilizarse.

También es importante que los profesionales reconozcan lesiones sospechosas y eviten realizar cortes o afeitados sobre áreas con descamación, alopecia, costras, pústulas o inflamación hasta que la persona reciba una evaluación médica.

Ante un caso confirmado, se recomienda no compartir peines, cepillos, máquinas, gorras, toallas, almohadas u otros objetos en contacto con el cabello. Los convivientes deben ser evaluados, especialmente si presentan síntomas o si se sospecha que pueden actuar como portadores.

Conclusiones

Los cortes al ras y el uso de instrumentos contaminados en barberías podrían favorecer la transmisión de T. tonsurans, incluso entre adolescentes y adultos en quienes la tiña del cuero cabelludo puede no ser la primera sospecha diagnóstica.

La combinación de placas descamativas, pelos rotos, alopecia localizada o inflamación intensa después de un afeitado reciente debe motivar una evaluación micológica temprana. La demora puede facilitar la propagación y, en las formas inflamatorias, provocar alopecia cicatricial irreversible.

La formación de barberos, la correcta desinfección de los instrumentos y el reconocimiento clínico oportuno constituyen las principales herramientas para reducir el riesgo de brotes.