Noticias médicas

Publicado el 11 de junio de 2002

Es en Roma y asisten delegados de 183 países

Se inicia la cumbre sobre alimentación

La reunión promete un duro debate sobre transgénicos; la Argentina está a favor.

Fuente: La Nación

Entre luces y sombras, y en medio de un escepticismo generalizado por el estado actual de la lucha contra el hambre en el mundo -cada cuatro segundos una persona muere por desnutrición, 24.000 cada día-, empieza hoy en esta capital la cumbre sobre la alimentación de la FAO (Food and Agriculture Organization, de la ONU), a la que asistirán unos 4000 delegados de 183 países y que culminará este jueves.

La cumbre, que será inaugurada hoy por el secretario general de la ONU, Kofi Annan, y por el premier italiano, Silvio Berlusconi, dueño de casa, arranca en medio de una inevitable desilusión general. Las grandes promesas enunciadas hace cinco años y medio, en la última cumbre de la FAO, en efecto, han quedado como meras expresiones de buena voluntad.

En noviembre de 1996, los líderes de 185 países se habían comprometido a reducir a la mitad el número de personas golpeadas por el hambre antes de 2015 -es decir, reducirlas de 800 a 400 millones-, un objetivo "mínimo" que, según la propia FAO, ha fracasado. De acuerdo con los cálculos de esta organización creada por la ONU en 1945 para combatir el hambre, si los países ricos del mundo occidental siguen sin preocuparse por este flagelo que azota a los países subdesarrollados, en el fatídico 2015 todavía quedarán 600 millones de personas bajo el umbral de la desnutrición, de los cuales muchos son menores de cinco años.

En los últimos días, mientras en el cuartel general de la FAO se preparaba la ceremonia inaugural de la cumbre, a la que asistirán unos cien jefes de Estado y de gobierno, la ONU difundió cifras inquietantes: para reducir a la mitad la gente hambrienta hacen falta 24 mil millones de dólares por año, es decir, hace falta que los países ricos de Occidente hagan más.

La propia FAO, sin embargo, que tiene 4000 empleados y un presupuesto superior a los 650 millones de dólares cada dos años, también es blanco de críticas. No sólo por la burocracia implícita en su seno, sino también por la desproporción existente entre los gastos de gestión y los recursos que eroga para los más necesitados. Críticas que, muchas veces, son utilizadas por los países miembros para negar o reducir sus contribuciones.

Después de haber inflamado la platea en 1996, uno de los grandes ausentes será el presidente cubano, Fidel Castro, así como su colega libio, Muammar Khadafi, y su par norteamericano, George W. Bush, cuya delegación se apresta a enfrentarse con la Unión Europea por la liberalización del mercado para los productos genéticamente modificados (OGM).

El debate

En cuanto a este tema, que para muchos se convertirá en el debate clave de la reunión, hay dos bloques contrapuestos: por un lado, Estados Unidos, Canadá, Australia y la Argentina, que no quieren limitaciones a la libertad de comercio de la comida transgénica, y por otro la Unión Europea, que el 25 de julio de 1999 proclamó una moratoria sobre estos alimentos, también denominados Frankenstein.

En cuanto a la delegación argentina, pese a que en su última visita a Italia el presidente Eduardo Duhalde y el canciller Carlos Ruckauf habían asegurado su participación a la cumbre, ninguno de los dos estará en ella. Al frente de los representantes argentinos se encontrará el secretario de Agricultura, Rafael Delpech.

Ayer, en vísperas de esta cumbre, en la que se trazará un balance sobre lo que se hizo en estos últimos cinco años para combatir el hambre en el mundo, el papa Juan Pablo II se refirió directamente a esta dramática cuestión, después del Angelus. Y auspició un "nuevo impulso a la lucha de la comunidad internacional en contra del hambre", así como el "relanzamiento" de los compromisos asumidos en 1996.

Para la cumbre, postergada el año último, primero por los desmanes que los manifestantes antiglobalización provocaron en la cumbre del G-8 en Génova y después por los atentados del 11 de septiembre, habrá grandes medidas de seguridad -5000 agentes preparados para "cualquier cosa"-, pero nada de barreras o "zonas rojas", como hubo en Génova.

Los globalifóbicos, que en escaso número marcharon anteayer pacíficamente por las calles de esta ciudad, ya anunciaron que no protagonizarán ningún "ataque" en contra de la FAO, un organismo que intenta ayudar a los más pobres. Los "desobedientes" participarán de una "contracumbre" organizada por más de 600 ONG para discutir sobre alimentación sana, infancia y protección de poblaciones indígenas; y darán lugar a acciones en contra de los símbolos de las grandes multinacionales y campos transgénicos en las jornadas del miércoles y el jueves.