Medical News

/ Published on February 7, 2006

Realizado entre 49000 mujeres durante ocho años.

Se cuestiona el beneficio sobre el corazón de una dieta pobre en grasas.

Es la mayor investigación hasta la fecha sobre la influencia de las grasas en diversos trastornos.

La insuficiente duración de los trabajos, entre otros factores, explican los resultados
La dieta, el ejercicio y dejar el tabaco siguen siendo claves en la prevención 

No es simple. Si algo se deduce de los tres artículos que publica la última edición de 'JAMA' sobre el efecto de las grasas sobre la salud es que no es fácil demostrar que un cambio en la dieta se traduzca en un beneficio evidente para el cuerpo humano. El mayor estudio realizado en este campo concluye que disminuir la cantidad de grasas no influye en el riesgo de cáncer o de enfermedad coronaria. Sin embargo, los expertos explican el porqué de los resultados y animan a la población a seguir una dieta sana.

Los investigadores señalan que se debería haber mantenido más tiempo el estudio a pesar de los ocho años de seguimiento, ya que algunos cánceres, como el de colon, y las enfermedades coronarias tardan décadas en desarrollarse. Otro motivo que señalan para explicar los resultados es que sólo se tuvo en cuenta las grasas totales y no se pidió una reducción específica de las saturadas, que son las dañinas para la salud.

De esta forma, las grasas presentes en el aceite de oliva y otras que también influyen de forma positiva en la salud podrían haberse ingerido en menor cantidad de la recomendada.

Los especialistas recuerdan que para ciertas patologías como las coronarias, e incluso en los trastornos tumorales, no basta con llevar una dieta saludable sino que también hay que prestar atención a otros factores como una mayor actividad física, un control del peso corporal y una vida sin tabaco.

La investigación

El estudio Iniciativa para la Salud de la Mujer (WHI, sus siglas en inglés) fue diseñado para evaluar los efectos de la terapia hormonal sustitutiva, la modificación de la dieta y los suplementos de vitamina C y calcio en la enfermedad cardiaca, las fracturas, el cáncer de colon y el cáncer de mama. Con un presupuesto de 415 millones de dólares, se involucró a 49.000 mujeres de edades entre 50 y 79 años.

La muestra se dividió en dos grupos: uno recibió asesoramiento con la finalidad de reducir su ingesta de grasas totales un 20% y el otro se utilizó como control y no se modificó su dieta. El seguimiento se prolongó durante ocho años.

Aunque las mujeres que redujeron su ingesta de grasas un 9% mostraban un riesgo menor de cáncer de mama, la diferencia no era estadísticamente significativa. De la misma forma, aunque se observó una reducción progresiva del consumo de grasas (del 25% en el primer año al 37% al finalizar el estudio), la dieta no ejerció ningún efecto sobre el riesgo de cáncer de mama o de colon y sobre las probabilidades de sufrir un infarto. Los dos grupos consumieron las mismas calorías.

Los resultados, según indican los autores del estudio, de distintos centros de investigación de EEUU, no permiten recomendar una dieta baja en grasas para prevenir las enfermedades evaluadas. Sin embargo, los especialistas señalan los distintos puntos débiles de la investigación, que ha suscitado una enorme atención en EEUU, donde la obesidad es un grave problema de salud pública.

"Los resultados del estudio no cambian las recomendaciones establecidas de prevención de la enfermedad", ha señalado la directoras del Instituto Nacional de Corazón, Pulmón y Sangre de EEUU, Elizabeth G. Nabel. "Las mujeres deberían seguir trabajando con sus médicos para reducir el riesgo de enfermedad cardiaca, incluyendo una dieta baja en grasas trans, saturadas y colesterol".

Los expertos explican que ahora se conoce mucho mejor el efecto de los diferentes tipos de grasas que al inicio del estudio, por lo que, de iniciar una investigación en estos momentos, se tendría en cuenta esta diferencia para valorar su impacto en la salud.

"Lo que estamos diciendo es que una reducción modesta de la grasa y su sustitución por frutas y verduras no hacen nada sobre la enfermedad coronaria y el ictus o el cáncer de mama o de colon", ha afirmado Nanette K. Wenger, cardióloga y profesora de la Facultad de Medicina Emory de Atlanta (EEUU). "Esto no significa que la dieta no sea beneficiosa".

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* La Nación 09.02.06

Según un monumental estudio norteamericano: Comer pocas grasas no protege el corazón

Tampoco evitaría los tumores de mama y de colon ni el accidente cerebrovascular; un debate abierto

NUEVA YORK.- El estudio más grande de la historia para dilucidar si una dieta baja en grasas reduce el riesgo de desarrollar cáncer o enfermedad cardíaca halló una respuesta que contraría muchas creencias extendidas: no.

El trabajo costó $ 415 millones de dólares y se hizo sobre 49.000 mujeres de entre 50 y 79 años que fueron controladas durante ocho años. Al final, aquellas que habían seguido una dieta baja en grasas tuvieron los mismos índices de cáncer de mama y de colon y ataques cardíacos y cerebrovasculares que las que comieron lo que quisieron, afirmaron los autores.

"Estos estudios son revolucionarios -dijo el doctor Jules Hirsch, jefe emérito de la Universidad Rockefeller de Nueva York, que dedicó su vida a estudiar los efectos de la dieta en el peso y la salud-. Deberían detener esta era de pensar que tenemos toda la información que necesitamos para cambiar toda la dieta nacional y hacer que todos estemos sanos."

El estudio, publicado en la edición de ayer del Journal of the American Medical Association, no fue un trabajo común y corriente, dijo el doctor Michael Thun, que dirige las investigaciones epidemiológicas de la Sociedad Oncológica Americana. Fue tan grande y tan costoso, dijo Thun, que es algo así como el "Rolls-Royce de los estudios". Y como tal, agregó, probablemente sea la última palabra en el tema.

Los resultados, coincidieron los investigadores, no justifican aconsejar dietas de bajo contenido en grasa al público para reducir la incidencia de cáncer y enfermedad cardiovascular. Dada la falta de beneficios que evidenció el estudio, muchos especialistas dijeron que el mejor consejo dietario, ahora, es seguir las guías nacionales de alimentación saludable, con menos grasas saturadas y trans, más granos y más frutas y vegetales.

Pero no todos se convencieron. Algunos, como el doctor Dean Ornish, promotor durante largo tiempo de las dietas bajas en grasas y presidente del Instituto de Investigación en Medicina Preventiva de Sausalito, California, dijeron que las mujeres no redujeron su ingesta de grasas a niveles suficientemente bajos ni comieron suficientes frutas y vegetales, y que el estudio, incluso después de ocho años, no les dio a las dietas el tiempo suficiente para hacer efecto.

Otros dijeron que la dieta sí podía hacer una diferencia, al menos en lo que respecta a la enfermedad cardiovascular, si se come la llamada dieta mediterránea, baja en grasas saturadas, como la manteca, y alta en aceites, como el de oliva. Las mujeres del estudio redujeron, por el contrario, todo tipo de grasas.

Qué, cuánto y cómo

Las dietas estudiadas tuvieron una "pátina antigua", dijo el doctor Peter Libby, cardiólogo y profesor de la Escuela de Medicina de Harvard. Hoy, dijo, la gente no es tanto de la idea de controlar las grasas totales como de comer diferentes tipos de grasas. Pero el trabajo no estudió los efectos de la dieta mediterránea, aclararon.

Barbara V. Howard, epidemióloga del Instituto de Investigaciones MedStar e investigadora principal del estudio, dijo que la gente debería comprender que la dieta sola no es suficiente para mantenerse saludable.

"No vamos a revertir ninguna de las enfermedades crónicas de este país cambiando la composición de la dieta -dijo Howard-. La gente siempre piensa en qué come y no se fija en cuánto come, o si fuma o es sedentaria."

Excepto en lo que se refiere a no fumar, los consejos para llevar una vida saludable están basados mayormente en evidencia indirecta, dijo Howard, pero para la mayoría de los especialistas tiene sentido comer bien, controlar el peso y hacer actividad física.

El estudio formó parte de la Iniciativa de Salud Femenina de los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos, el mismo programa que mostró que la terapia de reemplazo hormonal después de la menopausia podría tener más riesgos que beneficios.

Dime qué comes y...

En este caso, enfocó un problema complejo. Por décadas, muchos científicos han dicho que lo que las personas comen determina qué tan propensos son a una enfermedad crónica, pero estudios de fibra dietaria y cáncer de colon no pudieron probar que la fibra tuviera un efecto protector, y trabajos sobre vitaminas que se pensaba protegían contra el cáncer, tampoco.

Este estudio permitió poner en tela de juicio algunas nociones populares acerca de la dieta y la obesidad.

La idea es que las dietas bajas en grasas y altas en carbohidratos conducen a ganar peso y a la diabetes, incluso si las calorías son las mismas que la de una dieta alta en grasas. Eso no ocurrió en este estudio.

Otros han dicho lo contrario: que dietas bajas en grasas permiten perder peso naturalmente. Pero esa creencia tampoco se probó con este trabajo. En lo que hace a los factores de riesgo, el único afectado fue el colesterol LDL, que incrementa el riesgo cardíaco. Los niveles fueron levemente superiores en las mujeres que comían la dieta alta en grasas, pero no suficientemente altas como para hacer una diferencia en el riesgo.

Aunque todas las participantes en el estudio fueron mujeres, los resultados también deberían aplicarse a los hombres, dijo el doctor Jacques Rossouw, oficial del proyecto.

Mientras los oncólogos dijeron sentirse molestos por estos resultados, los cardiólogos dijeron que no se sorprendían de que reducir la grasas totales no tuviera efecto, porque ya habían dejado de lado esa hipótesis.

Algunos especialistas enfatizaron que el estudio no significaba que había que abandonar las dietas bajas en grasas. "Lo que estamos diciendo es que una modesta reducción de grasa, y la sustitución con frutas y vegetales no le hizo nada a la enfermedad cardíaca, el accidente cerebrovascular o los cánceres de mama y de colon -dijo la doctora Nanette K. Wenger, profesora de la Escuela de Medicina de la Universidad de Emory, en Atlanta-. Nadie dice que esta dieta no sea buena."

Pero el doctor Freedman, estadístico de Berkeley, consideró que la lección está clara: "Nosotros, en la comunidad científica, frecuentemente damos consejos basados en evidencia poco sólida -afirmó-. Por eso hacemos experimentos".

Por Gina Kolata
De The New York Times


Especialistas argentinos opinan sobre el trabajo

Sugieren considerar otros factores

Enrique Gurfinkel , de la Universidad Favaloro: "Se trata de un trabajo muy interesante. Si uno se fija en la evolución filogenética, la concentración de grasas de la dieta no se modificó desde el paleolítico. El ser humano nunca dejó de comer grasas, lo que se modificó es el consumo de grasas saturadas; es decir, el tipo de grasas que estamos comiendo.

"Lo que nos dice este estudio es que no sólo las calorías están vinculadas con la prevención de la enfermedad, sino que hay otros fenómenos que deben ser considerados, como los aspectos sociales, culturales y socioeconómicos. Y hay que tener en cuenta en qué población se hizo el estudio: en otras poblaciones los datos podrían variar. ¿Consejo? Consumir hidratos de carbono, grasas y proteínas en cantidades regulares y tener en cuenta que es más importante la calidad que la cantidad. Pero el tema de si los alimentos protegen la salud sigue siendo un debate abierto".

Daniel De Girolami , presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición: "Nosotros lo que vemos es que lo que influye no es la cantidad de calorías totales, sino la calidad de las grasas que se ingieren. La grasa total tiene más que ver con la obesidad, porque el consumo de calorías totales, cuando una persona come muchas grasas, siempre es alto. Si bien puede ser que la grasa no tenga una relación directa con la enfermedad cardiovascular, es seguro que la calidad de las grasas sí está relacionada. El consumo alto de grasas trans sí trae problemas. Por otro lado, con respecto al cáncer nunca estuvo absolutamente demostrado que la grasa aumentara el riesgo".

Amalia Elizari , cardióloga de Fleni: "El tiempo de seguimiento de este estudio es corto para hacer esta aseveración. La dieta sólo es un factor a tener en cuenta dentro de otros como la diabetes, la hipertensión y la obesidad. Además de la alimentación, hay que evitar el sedentarismo y el sobrepeso".

Cristina Banzas , nutricionista: "Deberíamos mantener una alimentación saludable con alrededor de un 28%, y la menor cantidad de grasas trans y grasas saturadas. El tiempo que duró el estudio no es suficiente, ya que para cambiar un patrón genético a través de una dieta se requieren más de diez años. Las estadísticas no son del todo contundentes."

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* Clarín: 09.02.06

Estudio polémico sobre las dietas en mujeres
Dice que evitar las grasas no las protege de infartos, derrames cerebrales o cáncer.

¿Dieta con alto o con bajo contenido de grasa? Esta pregunta ha revolucionado al mundo científico al conocerse ayer el resultado de un estudio realizado en Estados Unidos, que afirma que el seguimiento de una dieta de bajo contenido de grasas no protege a las mujeres de infartos, derrames cerebrales o cáncer de mama o colon.

Los investigadores del Instituto Nacional del Corazón, Pulmón y Sangre de EE.UU. durante ocho años hicieron un seguimiento de la dieta de 49.000 mujeres de entre 50 y 79 años.

Durante esos años descubrieron que aquellas mujeres con una dieta baja en grasas habían registrado el mismo porcentaje de cáncer de mama, colon y ataques cardíacos que aquellas que comieron todo lo que quisieron.

"Entre las mujeres que han pasado la menopausia, una dieta baja en grasas no arrojó resultados importantes en relación a una reducción significativa del riesgo de cáncer", señala el estudio.

Sin embargo, para el jefe de oncología del Hospital Alvarez, Mario Bruno, está comprobado que el exceso de ingesta de grasa influye en los problemas cardiovasculares y, fundamentalmente, en el cáncer de mama. Y, agregó, que hace dos años la Asociación Americana de Cáncer de los Estados Unidos afirmó que la tercera parte de los cánceres están relacionados con la obesidad.

"Nosotros aconsejamos una baja ingesta de grasa porque aparentemente ciertos tumores se presentan cuando se consume grandes cantidades de grasa", explicó el oncólogo Reinaldo Chacón, director académico del Instituto Fleming. Aunque también aclaró que esto no quiere decir que la persona que coma poca grasa esté exenta de contraer cáncer.

Las conclusiones a las que llegó el estudio demuestran que no existe una relación directa entre una dieta reducida en grasas y la posibilidad de sufrir aquellas enfermedades.

Para el cardiólogo Enrique Gurfinkel, jefe de la Unidad Coronaria de la Fundación Favaloro, el mensaje del estudio no queda claro. "No sé si es que hay que comer más o menos grasa. El mensaje que yo traduzco y que se quiere transmitir es: lo que importa es la calidad de lo que comemos y no la cantidad. No dice que hay que salir corriendo a comer a Mc Donalds", explicó.

Y para la nutricionista Diana Kabbache, de la Sociedad Argentina de Nutrición, la clave del estudio está en la calidad de la grasa que comemos. También sostuvo que éstas no se pueden eliminar de la alimentación. "Las grasas son necesarias pero tenemos que saber cuáles consumimos", explicó.

Tampoco todos los médicos estadounidenses están convencidos de la seriedad del estudio. El doctor Dean Ornish, defensor de las dietas de bajo contenido en grasa, dijo que las mujeres no redujeron sus grasas lo suficiente o que no comieron la suficiente cantidad de frutas y vegetales, y que el estudio, aunque duró ocho años, no les dio tiempo para sostener esas conclusiones.

Las nutricionistas consultadas por Clarín destacaron que de este estudio hay que rescatar la idea de que en una dieta se debe elegir con mucho cuidado las grasas que se van a eliminar porque estas son necesarias para el funcionamiento de nuestro organismo.

"No hay que eliminarlas sino saber cuáles comemos. Por ejemplo, las grasas saturadas que están presentes en la carne hay que evitarlas porque son las que elevan el nivel del colesterol", explicó María Inés Somoza, jefa de la División Alimentación y Dietoterapia de la Fundación Favaloro.

El estudio ya se ha hecho público. Y aunque los responsables de la investigación aclararon que los resultados no justifican que se recomiende una dieta alta en grasas para reducir las posibilidades de padecer cáncer o enfermedades coronarias la pregunta todavía persiste. ¿Dieta con alto o bajo contenido en grasas?

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DOYMA

La dieta por sí sola no aporta importantes beneficios a la hora de prevenir enfermedades

Resultados de tres trabajos publicados en "JAMA" muestran que no previene el cáncer de mama ni de colon, ni tampoco la enfermedad cardiovascular

Tres trabajos publicados en el último número de "JAMA" concluyen que, en mujeres posmenopáusicas, reducir la ingesta de grasa en la dieta e incrementar el consumo de fruta, verdura y cereales no se asocia a un menor riesgo de cácner de mama, colorrectal, enfermedad cardiovascular e ictus.

Los resultados se basan en datos de participantes del Women's Health Initiative Dietary Modification Trial, en el que se incluyó a casi 49.000 mujeres, reclutadas en 40 centros de Estados Unidos. La mitad de las participantes fue asignada un cambio de dieta, consistente en reducir la ingesta total de grasa a sólo un 20% de la ingesta energética, y a incrementar el consumo de fruta, verdura a al menos 5 platos/piezas al día, y los cereales en al menos 6 platos diarios.

Uno de los artículos muestra que esa intervención dietética no se tradujo en un menor riesgo de cardiopatía isquémica ni de ictus. Otro de los trabajos comprobó que ese cambio dietético por sí solo no disminuyó el riesgo de cáncer de mama. Finalmente, el tercero tampoco observó beneficios significativos de la dieta en relación con el cáncer colorrectal.

En un editorial del mismo número, el Dr. Robert Eckel, presidente de la Asociación Americana del Corazón, apunta que podría ser fácil malinterpretar estos resultados, y que el principal mensaje que se debe extraer es que para reducir el riesgo cardiovascular es necesario aplicar un programa integral de cambios en el estilo de vida, del que la dieta sólo constituye una parte, y no concentrarse únicamente en los cambios dietéticos.

JAMA 2006;295:629-642