Virginia Messi
El camión estaba haciendo la ruta prevista, Pilar—Capital Federal, pero la mercadería que debía llevar no había sido cargada esa mañana por problemas en la línea de producción, de manera que iba vacío.
Eso mismo fue lo que trató de explicarle el chofer a los "piratas del asfalto" que lo interceptaron. Sin embargo, hasta que no lo vieron con sus ojos, los ladrones no le creyeron: "¡Si vos venías con Hepatalgina!", le reclamaron.
La anécdota fue contada a Clarín por un distribuidor de medicamentos para contestar a la pregunta: "¿El robo de remedios esta en manos de bandas especializadas?". La respuesta del empresario —que prefirió no dar su nombre— coincide con la opinión de todas las fuentes consultadas.
"Buscaban Hepatalgina porque esa era la mercadería que les habían encargado y cuya cadena comercialización ya estaba preparada", detalló el distribuidor.
El 14 de marzo una banda de al menos siete ladrones copó la droguería Curart, en el barrio de Barracas. Iban con chalecos antibalas, handies y armas con mira infrarroja. Se llevaron mayormente cremas medicinales, pero preguntaron insistentemente por medicamentos para el tratamiento del HIV.
Como cualquier otra mercadería, los medicamentos tienen un circuito para revender lo robado. Pero en el caso de las especialidades medicinales parece haber tres circuitos diferenciados.
"Por lo que se puede advertir, existe una línea de comercialización para los medicamentos de venta libre, otra para los de venta bajo receta (por ejemplo los psicofármacos) y otra para los más específicos o de alto costo, como los usados en los tratamientos de HIV u oncológicos", explicó a Clarín Julio Rodríguez, del Programa Nacional de Pesquisa del Instituto Nacional de Medicamentos (INAME).
Según estimaciones del Colegio Oficial de Farmacéuticos de la Capital Federal, el 10% de los medicamentos que se comercializan en la ciudad son robados. "Si tenemos en cuenta que el mercado de medicamentos en la Argentina mueve 2.500 millones de dólares anuales, y hacemos una proyección de lo robado, calculamos que el mercado pierde a manos de ladrones unos 250 millones de dólares anuales", especuló Marcelo Peretta, vice presidente del Colegio. Peretta asegura que el 2006 fue un año "pico" en el robo a farmacias de la ciudad de Buenos Aires: "Robaron 95. Y 55 fueron literalmente vaciadas".
Salvo algunas interpretaciones jurídicas que consideran que el robo de medicamentos debe ser contemplado en el artículo 200 de Delitos contra la Salud Publica (ver No cumplen...), lo cierto es que hoy, para la ley, robar un medicamentos es igual de grave que robar tomates.
Sin embargo, sus consecuencias pueden ser más peligrosas ya que "algunas bandas le cambian el packaging para adulterar el número de partida y así modifican la fecha de vencimiento", ejemplificó Adrián Giménez, titular de la fiscalía de Nueva Pompeya, que investiga casos de adulteración y robo de medicamentos. En los fármacos sofisticados pueden cortar la cadena de frío. Y ninguna de éstas circunstancias puede ser advertida por el cliente.
"Lamentablemente venimos notando que hay reducidores de medicamentos contra el HIV. Se los compran a los propios enfermos (que lo obtuvieron en programas nacionales). Juntan varios, cambiándole la etiqueta y la caja, y los meten en el mercado usando algún empleado infiel", contó el fiscal Giménez.
El problema con los medicamentos más comunes parece ser otro: o pasan de mano en mano en los trenes a través de la venta ambulante o —como dan por sentado en los laboratorios— se adulteran: "Pican 10 ibuprofenos y fabrican 100, dejándoles un mínimo de efectividad pero con un envase del que nadie sospecharía", alertaron.
No cumplen con la denuncia obligatoria
Las empresas que intervengan en la cadena de comercialización de especialidades medicinales quedan obligadas a notificar fehacientemente a las autoridades de aplicación la sustracción, perdida y/o destrucción de aquellas". El párrafo es del artículo 7 del Decreto 1299 del año 1997 que regula la comercialización de medicamentos y obliga denunciar los robos.
Sin embargo diversas fuentes del sector admitieron que esto no siempre ocurre. "La principal razón es que a veces los laboratorios tienen miedo de perder toda una partida (que el ANMAT prohíba su venta) porque sólo le robaron una parte", confió uno de los especialistas consultados.
Tal vez por eso los números que maneja la Administración Nacional de Medicamentos y Tecnología Médica (ANMAT) no impresionan. De acuerdo a las estadísticas oficiales, a las que tuvo acceso Clarín, entre el año 2002 y el 2006 fueron reportados apenas 392 casos de robos de medicamentos. El año más crítico fue el 2003, con 106 casos. En los últimos dos años la denuncia parece haberse mantenido en los mismos niveles aunque del 2005 al 2006 subió de 82 denuncias a 87.
El riesgo
Lucas Guagnini
lguagnini@clarin.com
El robo de medicamentos puede parecer uno de esos delitos que solo afecta a las grandes firmas: les arrebatan camiones asegurados, cargados de mercadería valiosa y con tanto margen de ganancia que el faltante no les hará mella. Sin embargo, la historia no es tan así. A partir de medicamentos originales se obtienen medicamentos truchos, ya sea rebajándolos o cambiando el envase con su fecha de vencimiento incluida. Ante ese riesgo, la mejor vacuna no es otra que comprar productos en cajas cerradas y en circuitos legales. Comprar o no comprar cualquier otro producto robado puede quedar en la cuestión moral, pero arriesgar la salud por ahorrarse unos pesos ya es pura timba.
Pedido al Ejecutivo
El 11 de diciembre del 2006, luego de un dictamen de las Comisiones de Salud Pública y Defensa del Consumidor, la Cámara de Diputados de la Nación solicitó al Ejecutivo que "tome medidas a fin de evitar que los medicamentos robados en farmacias sean objeto de reventas".