Los autores consideran que el cribado antes de los 8 meses de edad sería de utilidad para prevenir problemas de desarrollo en los niños, provocados por la deficiencia en hierro.
En su estudio, realizado sobre una muestra de 1.100 niños, comprobaron que aquellos que presentaban déficit de hierro antes de los 8 meses de edad obtuvieron peor puntuación en tests que evaluaban el desarrollo cuando ya habían cumplido el año y medio.
Las actuales recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría recomiendan llevar a cabo análisis sanguíneos para detectar la anemia entre los 9 y los 12 meses.