Doctor, sepa que la próxima vez que acuda a un congreso puede que la tarjeta que se cuelga del saco no sea una inocente forma de identificarle por su nombre. Tal vez porte un chip que emite ondas de radiofrecuencia y permite a los organizadores seguir sus pasos en todo momento a través de un sistema de antenas. El dispositivo les avisará si se ausenta de la sala más tiempo del necesario para ir al baño. Y puede que cuando acuda a solicitar su certificado de asistencia, le contesten que lo sienten, pero que no ha cumplido con el periodo mínimo exigido para obtenerlo. Su "rata" le habrá costado quedarse sin diploma y, quizá, sin los puntos que necesitaba para conseguir una mejor posición.
El 'gran hermano' ha desembarcado en la escena de los congresos médicos para facilitar la emisión de certificados de asistencia, una tarea que se está volviendo cada día más rigurosa. "Antes los certificados no valían para nada, pero ahora empiezan a contar en el 'currículum' individual", explica Juan Sergio, presidente del comité organizador del próximo congreso de la Sociedad Española de Medicina Rural y Generalista, que se celebrará en octubre y ha incorporado la nueva tecnología para 'espiar' a sus asociados.
Un ordenador registrará simultáneamente las idas y venidas de cerca de 3.000 congresistas que se moverán por el recinto y "emitirá automáticamente un certificado a aquellos que hayan estado en la sala más del 80% de la duración de la actividad", avisa el representante de SEMERGEN.
¿A qué obedece este escrutinio? Hace apenas cinco años se puso en marcha un sistema nacional de acreditación de la formación médica continuada a través del cual se otorga un sello de garantía a las actividades cuyos contenidos reúnen ciertos requisitos de calidad. "Cualquier reunión que se precie debe estar acreditada por una agencia externa", afirma Sergio. Gracias a estas organizaciones se ha introducido cierto orden en la múltiple oferta de formación médica, alguna de dudosa calidad. La criba facilita al profesional la tarea de elegir.
Pero, además, hace apenas un año empezó a funcionar el Sistema Español de Acreditación de la Formación Médica Continuada (SEAFORMEC) que, por primera vez, concede créditos con validez oficial en función del interés del programa científico.
Los facultativos se han lanzado a acumular estos puntos. Aunque todavía muchas administraciones e instituciones sanitarias no los reconocen, Sergio comenta que "hay interés para entrar en algunas actividades, como los talleres de habilidades que tienen un aforo limitado, porque sí cuentan a la hora de optar a una plaza en atención primaria".
La tendencia a hacer acopio de créditos se incrementará. Hace unos meses se aprobó también la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias, que prevé el desarrollo de la carrera profesional, es decir, establece un sistema de promoción (laboral y retributivo) en función de los méritos que acumule el sanitario. Uno de ellos es la formación continuada acreditada. Comunidades como Cataluña y Navarra ya han puesto en marcha la carrera profesional.
El nuevo escenario ha propiciado la competencia de las organizaciones proveedoras de formación. Actualmente, las sociedades científicas pugnan por atraer a sus reuniones al mayor número posible de congresistas. ¿Y cómo? Acreditando al máximo sus actividades. "Decididamente, el sistema ha mejorado la oferta formativa. Es más cualificada", afirma Helios Pardell, director de SEAFORMEC, que ha dado el visto bueno a 300 programas en su primer año.
La contrapartida es que los acreditadores exigen garantías acerca de la asistencia. De la azafata que apunta el nombre del congresita o el sistema de firmar a la salida de la sala se ha pasado a procedimientos menos incómodos e inexactos, como los lectores de códigos de barras o el mencionado chip, que desde que se implantó, hace un año, ha sido utilizado en 15 congresos nacionales.
La primera sociedad científica que lo empleó fue la de Radiología Médica. Para su presidente, Lluis Donoso, la experiencia resultó satisfactoria: "Queríamos disponer de un sistema de información ágil y no esperar a computar los datos para emitir los certificados. Con el chip es automático". Su impresión es que, aún cuando los créditos no tengan reconocimiento, salvo en contados casos, "cada vez interesa más certificar la asistencia".
España evalúa implantar un sistema para revalidar periódicamente la competencia de sus médicos, algo que ya se hace, cada cinco o siete años, en EEUU, Canadá, Australia, Holanda, México y Reino Unido. Entonces será imprescindible acreditar que los conocimientos están al día.