Puntos de vista

Publicado el 14 de agosto de 2026

Interespecialidades

¿Quién es dueño de un paciente cardiometabólico?

Quizás, es hora de diseñar y poner en funcionamiento una nueva rama de la medicina: el especialista en cardiometabolismo.

Fuente: The Lancet, 408293 Who owns cardiometabolic disease?

Una persona con obesidad, diabetes tipo 2, enfermedad renal crónica, enfermedad hepática esteatótica asociada a disfunción metabólica e insuficiencia cardíaca podría recibir cinco diagnósticos diferentes, asistir a cinco consultas diferentes en cinco centros de atención, y ser gestionada según cinco directrices distintas.

Pero estas condiciones no son independientes. A menudo, se acumulan a lo largo de vías conectadas moldeadas por la adiposidad, la resistencia a la insulina, la inflamación y la disfunción vascular. Esta trayectoria compartida es cada vez más difícil de ignorar. Dado el avance en el entendimiento biológico y los tratamientos transversales, ¿no es hora de avanzar hacia una medicina cardiometabólica cohesiva?

Las condiciones cardiometabólicas son cada vez más comunes, lo que deja a muchos pacientes con abordajes farmacológicos a menudo complejos (y, a veces, contradictorios). La fragmentación de la atención puede significar historias clínicas repetidas que no se comunican entre sí, monitorización duplicada con diferentes dispositivos, y prioridades y consejos de especialistas que compiten. Muchos pacientes deben intentar conciliar por sí mismos las divergencias.

En un estudio realizado en Estados Unidos, entre adultos con diabetes y enfermedad renal crónica, cada aumento de 0,1 unidad en la fragmentación del índice de atención se asoció con un 15 % más de visitas a servicios de urgencias.

La formación de los futuros profesionales de la salud no ha seguido el ritmo de los cambios. Los médicos recién recibidos informan que se siente poco preparados para manejar múltiples enfermedades a largo plazo.

Lo que nadie posee, aquello de lo que nadie "es dueño", se convierte en una carga para pacientes, médicos y servicios de salud.

La solución habitual a estos problemas es una mejor integración de la atención. Sin embargo, la integración por sí sola es insuficiente.

La atención integrada puede alinear las decisiones y reducir la duplicidad, pero coordinar a cinco especialistas sigue dejando a cinco especialistas separados, cada uno con una guía clínica, objetivos y presupuestos en silos.

Las reuniones multidisciplinares pueden conciliar decisiones una vez que se han establecido diagnósticos distintos, pero no resuelven la cuestión de la responsabilidad global por el bienestar del paciente. El generalismo es indispensable, pero los tratamientos que evolucionan rápidamente requieren conocimientos especializados.

Los sistemas solo pueden mejorar lo que están diseñados —y asignados— para gestionar, y la ausencia de una consideración más dedicada y holística de la salud cardiometabólica deja a muchas personas en riesgo. Los adultos mayores con obesidad han alcanzado niveles cada vez más similares de presión arterial y colesterol no-HDL que quienes no tienen obesidad, mientras que los adultos jóvenes mantienen perfiles adversos. La convergencia en dos mediadores no es la desaparición del riesgo. Para los adultos mayores existen mediciones, umbrales y tratamientos establecidos, pero los jóvenes son menos frecuentemente alcanzados por las vías de atención basadas en el riesgo a corto plazo y su bienestar metabólico se pasa por alto.

Hubo avances, no obstante. La guía multisociedad estadounidense de 2026 sobre síndrome cardiovascular–riñón–metabólico reconoce la biología relacionada, incorpora factores renales y metabólicos en las estimaciones de riesgo cardiovascular, y alinea las recomendaciones entre especialidades.

Sin embargo, una disciplina clínica distinta de la medicina cardiometabólica ayudaría a reunir un cuerpo coherente de conocimientos, competencias y experiencia acreditada. Un paciente identificado en atención primaria con obesidad, disglucemia, disfunción renal o enfermedad hepática grasa podría recibir una evaluación asociada y un plan longitudinal. Un médico o un equipo cardiometabólico podría hacer más que convocar especialistas u orientar derivaciones; en realidad, gestionaría terapias que actúen en todo el grupo, monitorizaría sus efectos combinados y reconciliaría recomendaciones específicas de órganos en competencia. Cardiología, nefrología, hepatología y especialistas en obesidad aportarían experiencia cuando fuera necesario. También proporcionarían un punto de responsabilidad y rendición de cuentas sobre la atención cardiometabólica global del paciente.

Este enfoque tiene precedentes. Por ejemplo, la medicina geriátrica organiza la experiencia especializada en torno a un paciente complejo y una trayectoria conectada, en lugar de un solo órgano.

Establecer una nueva disciplina conlleva riesgos: duplicación, complicación, territorialismo y la creación de otro límite de referencia. E implicaría cambios por parte de los organismos de formación, colegios de atención primaria y especializados, desarrolladores de guías y sistemas de salud que no deberían tomarse a la ligera.

Además, el rediseño clínico no puede sustituir la acción sobre los factores que impulsan la obesidad y las enfermedades metabólicas. Pero ahora se sabe mucho más sobre las enfermedades cardiometabólicas: su biología compartida, factores de riesgo, prevención y manejo. Este conocimiento debe impulsar una reconsideración de cómo se piensa la enfermedad cardiometabólica y cómo se organiza la atención en consecuencia. La mayoría de los pacientes no necesitan otra consulta; necesitan menos decisiones, pero mejor asumidas.