Noticias médicas

/ Publicado el 24 de agosto de 2021

Proyecto de la Red ENCRESPA

¿Qué piensan los argentinos sobre pandemia, ciencia y vacunas?

Presentaron los resultados sobre un relevamiento en construcción sobre COVID-19 y Ciencias Sociales. Participan más de 200 investigadores de 18 instituciones académicas.

Un relevamiento a nivel nacional indica que, pese a las teorías negacionistas y antivacunas que circulan desde el inicio de la pandemia, los argentinos tienden a confiar en las recomendaciones de expertos y a valorar la ciencia local. Mientras que entre la minoría que teme o duda, solo una pequeña proporción no está dispuesta a vacunarse.

Esas fueron las primeras conclusiones del proyecto “Identidades, experiencias y discursos sociales en conflicto en torno a la pandemia y la postpandemia”, de la Red ENCRESPA (Estudio Nacional Colaborativo de Representaciones sobre la Pandemia en Argentina), del que participan más de 200 investigadores de 18 instituciones académicas de todo el país, organizados en distintas subredes según áreas temáticas.

Según consignó la agencia TSS, se trata de uno de los proyectos seleccionados por el Programa de Investigación de la Sociedad Argentina Contemporánea (PISAC), las Ciencias Sociales y Humanas en la Crisis COVID-19, lanzado el año pasado por la agencia I+D+i, del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, para impulsar investigaciones en Ciencias Sociales que permitan una mejor comprensión sobre la relación entre la sociedad argentina y la crisis que está generando la pandemia por el nuevo coronavirus.

Origen del virus

Del análisis, que incluye 47 entrevistas semiestructuradas realizadas entre marzo y junio de 2021, se desprende que la mayoría de los consultados sostiene que el virus fue producido por una manipulación humana (algunos creen se liberó accidentalmente de un laboratorio; otros que se desprendió de un conflicto geopolítico; hay quienes responsabilizan a las farmacéuticas; mientras están los que señalan a los modelos industrializados de producción y crías de animales). “Esto se puede explicar por la gran cantidad de teorías que circulan, pero también entra en juego la prevalencia de una perspectiva antropocéntrica, en la que suele ser difícil creer que los virus muten, evolucionen y generen estas cosas”, explicó a TSS el investigador del CONICET y la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) Pablo Pellegrini, a cargo de la coordinación de la Subred Ciencia del proyecto de la Red ENCRESPA.

Con todo, frente a estas ideas, un tercio de los entrevistados cree que se trata de un fenómeno natural. Y más allá del origen la mayoría (42/47) considera que el virus y sus efectos son reales, mientras que solo unos pocos (5/47) creen que el virus o sus efectos son inventados.

El papel de los científicos

En cuanto al rol de la ciencia y los expertos en esta pandemia, la percepción es positiva o muy positiva. “Lo que aparece en las encuestas es una mirada fuertemente positivista, donde la ciencia aparece por encima de lo partidario, como una voz autorizada que sería la que permite el acceso a la verdad”, indicó el investigador Santiago Laudat de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y agregó que hay un alto reconocimiento a los saberes del científico y del médico. Donde sí aparece un posicionamiento político más evidente es a la hora de evaluar el rol de los expertos en las decisiones del Gobierno en el manejo de la pandemia, en donde existen posiciones divididas de acuerdo a las posturas partidarias.

Los desarrollos científicos y tecnológicos locales vinculados a la COVID-19 son valorados por la mayoría de los encuestados, pero por más que reconocen su importancia les cuesta mencionar un aporte concreto. Por ejemplo el barbijo ATOM Protect solo fue mencionado por uno de los 47 entrevistados, tres señalaron a las pruebas diagnósticas, dos al suero equino y siete a los aportes en vacunas.

¿Cómo se perciben las vacunas?

Si bien los movimientos antivacunas impactan fuerte en países como Estados Unidos y Francia, de acuerdo con este informe en Argentina no parecen tener tanta relevancia. En concreto, un tercio de los entrevistados manifestó temores o desconfianza por la velocidad en las que se aprobaron y los posibles efectos a largo plazo, pero muchos de ellos aún no se habían inoculado, aunque esperaban hacerlo. Con todo, solo 4 de 47 entrevistados, indicaron enfáticamente que no se vacunarían o que no estarían dispuestos a hacerlo.

La rapidez en el proceso de elaboración de la vacuna, las reacciones adversas producidas tras la aplicación y los potenciales efectos a lo largo del tiempo son citados como los principales motivos de vacilación. De forma menos frecuente también se mencionaron dudas con respecto a la efectividad, miedo a que la vacuna genere un contagio en la persona inoculada, desconfianza ante el hecho de que la vacuna es una mercancía dentro de la industria farmacéutica, y también desconfianza directa hacia la vacuna de Sinopharm, según detalla el informe.

El tema de la confianza en las vacunas fue también abordado por una encuesta de IntraMed hasta ahora sobre 709 médicos, a los que se les preguntó: “De cada 10 pacientes, cuántos manifiestan rechazo a la vacunación anti COVID-19?” Más de la mitad (precisamente el 53%) respondieron que entre 1 y 2; el 21,4% señaló que entre entre 3 y 5 y el 6,8% más de 5.  En tanto, el 14,4 % respondió ninguno.

Junto a los cuestionamientos a las vacunas, circularon opciones de tratamientos alternativos, algunos sin ningún tipo de sustento científico que los avale (como el hidróxido de cloro), otros que no están aprobados para su uso en personas con COVID-19 (como la ivermectina) o que fueron desestimados como estrategias sanitarias (como la inmunidad de rebaño). Al respecto, la mayoría de los entrevistados durante el proyecto de ENCRESPA tuvo una postura crítica, aunque poco más de un tercio dejó una posibilidad abierta al uso de tratamientos alternativos, “por las dudas”.

¿Pero de dónde se obtiene la información para formar estas y otras creencias en torno a la pandemia? De las respuestas se desprende que la vía de información predominante sigue siendo la televisión, seguida por las redes sociales. Los diarios y las radios aparecen en tercer lugar y solo una minoría verifica datos tanto en documentos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) o bien en decretos presidenciales para conocer las medidas a nivel local.

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