¿Por qué se dedicó a hacer implantes?
La idea nació mucho tiempo atrás cuando vi que había un vacío en la odontología en cuanto a resolver el problema del paciente mutilado, el paciente edéntulo, que está mutilado como el que no tiene una mano o un pie. La única posibilidad que tenía esa persona era mediante aparatos protésicos, que muchas veces comprometían al resto de las estructuras para devolver una función. Por ejemplo, en una prótesis fija, había que desgastar dientes vecinos para reponer un diente que faltaba o, en un paciente edéntulo completo, había que ubicar aparatos protésicos que encajan pero no dan confort, porque el paciente está limitado hasta en lo psicológico. La dentadura tiene muchas etapas: la masticatoria, la fonética, la de deglución y otras que están íntimamente ligadas, como las relaciones sociales. Una persona que usa una prótesis tiene otra relación con su pareja, por ejemplo, que el que no la tiene. Cuando conocí este tema del implante y vi que funcionaba, me emocioné. En general, en Sudamérica, siempre habíamos sido bastante escépticos con el implante. Se veían tremendas atrocidades colocando distintos materiales y distintos metales en la boca para tratar de solucionar el problema, y se fracasaba en muy corto plazo y con daños posteriores mucho más grandes que el original. Con la oseointegración vino un gran cambio. Es una solución invasiva no dañina que no compromete al paciente más allá de lo mínimo. Si fracasa esa aplicación, no compromete la salud.
¿Cómo se define la oseointegración?
La palabra la inventó un señor que se llama Branemark. Hoy se acepta como definición la conexión directa de tejido óseo ordenado con un elemento, un tornillo de titanio, que posteriormente sirve para integrar un aparato protésico. Es la unión directa del hueso con el titanio mediando factores de unión, ya que no se puede tener una célula desnuda, un osteocito, con la superficie del titanio. Median capas de proteína pero no tejidos fibrosos.
¿Desde qué edad se puede hacer un implante?
No existe edad mínima ni máxima. El hueso siempre se comporta bien. Sí hay que considerar que, en un paciente muy joven, poner un implante en una determinada zona podría, en un futuro, necesitar cambios muy drásticos. Porque al seguir creciendo el proceso alveolar, el implante va a quedar en una posición muy alta y habría quizás que repetirlo. Hoy se acepta que, en pacientes mujeres que han atravesado su período prepuberal, después de los 13 años, se podrían estar haciendo implantes. Y en los niños hombres, aproximadamente a los 15, pero no se puede ser estricto ni rígido con esto. Hay pacientes a los que les colocamos implantes a los 7 u 8 años de edad, que tienen la agenesia de toda su pieza dental y nosotros le ponemos implante en la mandíbula para devolver función y estética, con aparato protésico con implante. Evitamos unirlo en la zona media para que no interfiera con el crecimiento del resto de la estructura. No se puede ser categórico pero hay que tener mucho cuidado.
¿Desde hace cuánto se practica esta técnica?
La oseointegración se practica en seres humanos con frecuencia regular desde el año '65. Branemark empezó en esa época. Desde 1959 hasta ese momento se hicieron experimentos en perros y en animales de laboratorio. De ahí pasaron 15 años y, en el año '80, en una conferencia en Toronto, Canadá, se presentaron los resultados de Branemark y sus colaboradores, donde se demostraba la efectividad de los implantes. Así fue aceptado por todos los organismos de salud.
¿Usted practica esta técnica en su país de origen, Chile?
Trabajo en Chile y en Europa. En Suecia participo de estos desarrollos.
¿Tardó en adaptarse esta técnica en América Latina?
Costó que la gente la asimilara. No era fácil porque la gente sabía lo malos que eran los implantes antes. Entonces el mundo era escéptico ante un hombre que llegaba hablando de un implante de titanio. Pero se practica en forma regular en América Latina desde hace diez años. En Argentina hubo gente visionaria. Yo recuerdo al Dr. Lipchitz, que hablaba de la oseointegración.
¿Cuáles son las novedades en esta técnica?
Novedades van saliendo siempre en cuanto a mejorar la parte cosmética, el resultado e incorporar cosas. Más que gran novedad, yo creo que ésta es la gran solución. Aunque mucha gente no lo admita hoy en día, lo van a admitir cuando muera nuestro querido profesor Branemark. Van a reconocer que la odontología es A.B. y D.B., antes de Branemark y después de Branemark, porque cambió la odontología, cambió la periodoncia y la ortodoncia. En la odontología restauradora, Branemark cambió todo.
¿Quiénes pueden tener acceso? ¿La salud pública cubre este tratamiento?
Cada país tiene su propio sistema pero en Suecia, la Salud Pública cubre todo. Allí se desarrolló para el paciente desdentado total, pagado por el Estado. En Chile, tenemos el sistema de Institutos de Salud Previsional que están incorporando la cobertura del tratamiento con implantes, sobre todo cuando se constata que el paciente no puede portar una prótesis por problemas de salud, de fonética o funcionales. Se ha visto también que el paciente que usa una prótesis completa se ausenta del trabajo mucho más que el que tiene implante. El implantado es un paciente más alegre, se enferma menos, sufre menos del colon y de cáncer gástrico, aunque parezca increíble.
¿Si se tiene que hacer en forma privada cuál sería el costo?
Si colocas un implante con un diente único es comparativamente mucho más caro que hacerlo a un paciente al que le faltan todos sus dientes. A éste le pones cinco implantes en la mandíbula y así pones doce elementos protésicos y eso es una solución que ronda los seis mil dólares. Pero un diente único de la zona anterior que requiere mucha estética, puede llegar a costar mil doscientos a mil trescientos dólares. No hay una proporción muy lógica.
¿Cómo es la preparación para la operación y el postoperatorio?
La preparación del paciente es sencilla. Tiene que hacerse un chequeo médico, se le hace una terapia antibiótica y se le solicita que deje de asistir al trabajo por unos tres o cuatro días, dependiendo de la magnitud de la operación. Después se controla con analgésicos. No es muy doloroso. Sí puede producir edema, aumento de volumen, inflamación, pero depende de cuán complicada sea la intervención. Si es un implante único, el paciente puede estar trabajando ese mismo día y no se da cuenta de lo que le ha pasado. Cuando son desdentados totales, el procedimiento es más largo pero el postoperatorio es bueno. No es tan doloroso como la gente piensa. Se manifiesta más por inflamación que por dolor. A veces hay hematomas sobre todo en la zona mentoniana.
¿Qué resta por investigar?
Resta por definir con certeza cuál caso va a andar bien y cuál va a andar mal. Existe un porcentaje de fracaso bajo, del 7%, pero existe. Puede llegar al 10%. Hay zonas que fracasan más que otras. Lo ideal sería saber qué implante va a salir bien y cuál va a fracasar. Eso ahorraría mucho tiempo. Otra cosa que resta por hacer es simplificar al máximo los tiempos, hacer menos engorrosa la hora-hombre para hacer todo más barato. Un paciente entra a las ocho de la mañana a la clínica y sale con los dientes puestos a las cuatro de la tarde, sin mediar más tiempo en ello. Hay que dar máximo confort en el mínimo tiempo. Lo caro, más que el material, son las horas que invierte el profesional en atender al paciente.
¿Qué le dio su experiencia profesional con esta especialidad?
La satisfacción que a mí me dio este trabajo es tan grande que yo nunca me voy a olvidar de mi experiencia con una señora de 92 años que hacía 30 años que no tenía dientes. Usaba una prótesis. Era una persona bastante aislada. Me invitó con su familia a comer un asado. Ella se sentó como jefa de mesa, como buena matriarca, y le mostró a todo el mundo que podía comer carne después de treinta años. A mí me conmocionó, me conmovió tanto que me salían lágrimas de felicidad.
¿La elección de esta rama de la profesión se ligó al rédito económico?
Yo soy de formación dentista pero estudié cirugía maxilofacial y me desenvolví en el ambiente más médico de la profesión. No me gustaba pensar que iba a dedicar mi vida a hacer obturaciones, lo encontraba muy artesanal. Quería algo más, sin restarle importancia a la odontología, a la que considero maravillosa y tiene mucho que ofrecerle a la gente. Al principio no ganábamos nada, perdíamos plata porque, con el primer grupo de colegas que formamos, invertíamos tiempo, viajábamos. Y había que afrontar los fracasos y lo hacíamos con plata de nuestros bolsillos. Nunca hubo motivación económica. Ahora sí me da satisfacciones económicas. Ahora estoy bien económicamente gracias a esto, pero no fue lo que busqué.
¿El profesional formado en América Latina tiene acceso al aprendizaje de esta técnica?
La formación profesional del dentista latinoamericano es reconocida mundialmente como muy buena. Tenemos posibilidad de educarnos bien y de practicar, lo que no se puede hacer en muchos países. Ahora esta especialidad se está empezando a incorporar en los posgrados, por ejemplo en periodoncia o en cirugía. En prótesis ya se incorporó la oseointegración como un capítulo. Ése es el camino. No como especialidad porque no es una especialidad per se sino que es algo que está a disposición de todas las otras especialidades.
* Dr. Rubén Rosenberg, cirujano maxilofacial con dedicación exclusiva al procedimiento de oseointegración, con ejercicio profesional en Chile, Italia y Suecia, y director del Branemark Oseointegration Center de Chile.