Noticias médicas

/ Publicado el 23 de febrero de 2006

Grave situación.

Padres golpeados, otra cara de la violencia en los hogares.

Miles de denuncias de padres contra sus hijos llegan a los juzgados de España. En la mayoría de los casos, los violentos son varones, y es la madre la principal víctima de un drama familiar que crece.

Los datos, a juicio de los expertos, son alarmantes. El diagnóstico, además, está hecho. Pero la sociedad aún no ha sabido afrontar el fenómeno y, lo más importante, crear las pautas de conducta para abordarlo. Sólo entre enero y septiembre del año 2005 se denunciaron en España 6.000 casos; el doble que en el ejercicio anterior. Es obvio que otros tantos miles se desconocen, porque se resuelven en el entorno familiar, educativo, mediante la ayuda de especialistas o, sencillamente, se convive con el problema.

Lo cierto es que, con los trabajos que ya se están realizando, se puede afirmar, como señala Javier Urra, psicólogo de la fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y primer Defensor del Menor, que "hay mucho más maltrato adolescente dentro del hogar que en la escuela o en la calle". "Los que hoy maltratan a sus padres serán, posiblemente, los que maltraten en el futuro a sus parejas", concluye el psicólogo.

El equipo de investigación que dirige Francisco Romero Blasco, trabajador social de Justicia Juvenil para la Generalitat de Cataluña, ha logrado mostrar las características generales de la violencia cometida por los que el psicólogo y criminalista Vicente Garrido llama "hijos tiranos". En un exhaustivo trabajo de campo, uno de los más completos realizados en España, Francisco Romero analizó cada una de las 178 denuncias de padres registradas en Cataluña en el 2004 por violencia de sus hijos.

La víctima, en el 42% de los casos, es la madre; y es también la que casi siempre denuncia las agresiones. La mayoría las cometen jóvenes varones y en un 78,4% de los hechos estudiados hay contacto físico: puñetazos, puntapiés, empujones... Y en un 13,8% de los altercados se llegó a utilizar un objeto "intimidador" como un puñal o cuchillo. El motivo por el que se produjo la agresión fue, en un 55% de los casos, porque el adolescente no quiso aceptar la autoridad de sus padres.

"El problema es que hoy los padres no saben decir no a sus hijos", advierte Francisco Romero, que trabaja a diario con la problemática de los adolescentes. "Cuando a un niño se lo compras todo, porque todo es barato, no le puedes decir cuando tenga 14 años que no le vas a comprar lo que quiere; y si ese niño le da una patada a su madre y se lo permites, cuando sea mayor le dará un puñetazo". Romero, no obstante, apuesta "por las fórmulas de la educación y de la solución en un entorno social adecuado, no con leyes punitivas que en lugar de resolver pueden agravar el problema". Habla, en este sentido, con la experiencia de haber realizado un trabajo en el que han participado abogados, policías, educadores y todos los estamentos vinculados con el fenómeno de la violencia juvenil.

Vicente Garrido, que coincide con este criterio, recuerda que "hace años creíamos que estos casos sólo existían entre los jóvenes nacidos en entornos marginales; pero ahora hemos descubierto que no, que también son jóvenes de clase media o media alta, chicos nacidos en familias estructuradas, con problemáticas nuevas a las que nos enfrentamos los profesionales". Añade Garrido que "hemos detestado desde una falsa visión progresista el sentimiento de culpa, y sin la culpa no hay crecimiento moral; el dolor emocional es necesario para comprender que hemos quebrado un código moral o de conducta". "A veces creemos que estos jóvenes son psicópatas, pero aunque tienen rasgos comunes en su comportamiento - porque no tienen sentimiento de culpa- lo cierto es que es un problema diferente que se debe tratar con unas pautas asistenciales distintas".

Javier Urra, que ha divulgado la problemática con varios trabajos, señala que "curiosamente este problema no existe, por ejemplo, con los jóvenes gitanos, que tienen un gran respeto a sus padres; ahora vemos que los que fallamos somos nosotros". Javier, que ha asistido innumerables casos de jóvenes violentos, traza lo que a su juicio son grupos de riesgo: "Es algo que, por ejemplo, ocurre poco en los niños que tienen muchos hermanos; se trata, muchas veces, de hijos criados solos, en ocasiones de familias donde la autoridad del padre está ausente o donde el padre maltrata de alguna manera a su mujer, y un grupo importante es el que todo está bien pero en el que algo falla, y son esos jóvenes a los que los padres han sido incapaces de decirles cuándo algo se puede hacer y cuándo no".

Sobre este fenómeno, que también ha llamado la atención al centro Reina Sofia contra la Violencia de Valencia, los profesionales coinciden en valorar como muy negativa la influencia de los mensajes a través de la televisión y de la violencia de los videojuegos. "Es terrible -señala Vicente Garrido- porque tratas a jóvenes que te dicen directamente que lo que hacen lo hacen personajes de carne y hueso en la tele; o que te enfrentes a niños que se pasan cinco horas al día frente a un juego en el que el premio se lo lleva quien más personajes destroce". La solución, coinciden todos, "no viene de alguien en concreto, sino de todos, pero la familia es clave en el desarrollo de los valores de un adolescente", señala Francisco Romero. Javier Urra añade: "Si no reeducamos en los valores a nuestros hijos el problema en el futuro va a ser enorme, y entonces será cuando la sociedad reaccione tarde".

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