¿Cuál es la situación actual de la formación de psiquiatras en la Argentina?
En nuestro país se da la paradoja de que, a pesar de ser el país con mayor densidad de psiquiatras por habitante, sigue existiendo interés en formarse como especialista, así como en otros campos de la salud mental.
¿A qué factores cree que obedece esta tendencia?
Creo que tiene que ver con la multiculturalidad argentina, la fuerte presencia de las corrientes europeas. No olvidemos que, durante la época de esplendor, la Argentina resultó atractiva para mucha gente de todas partes del mundo, que traía ricas historias culturales de sus países: árabes, italianos, judíos, españoles, europeos del este y africanos del norte. Sus ideas y propuestas tuvieron aquí rápida resonancia. Por otra parte, en los últimos años la Argentina se acercó más a los EE.UU., a la vez que se reencontraba con su identidad latinoamericana, a la que tenía negada. Todas esas multietnias y multiculturas explican, creo yo, el interés por las disciplinas humanísticas.
Este interés en el estudio de los problemas mentales, ¿repercute en la incidencia de la enfermedad mental en los argentinos?
No; en cuanto a los trastornos psiquiátricos propiamente dichos, no hay diferencias epidemiológicas significativas en el conjunto de síntomas estables que generan perturbación psicoemocional, funcional y social. Tenemos la misma incidencia que en otros países desarrollados o subdesarrollados, porque la globalización genera crisis en todas partes por igual. Las diferencias aparecen en los trastornos psicosociales, una zona de transición entre la salud y la enfermedad que presenta síntomas aislados, no permanentes. Existe una población bastante numerosa con dificultades en el sueño, en la esfera alimentaria, sexual, relacional (abuso, acoso, violencia) y estos síntomas sí guardan relación con la situación actual del país (precarización laboral, educacional, sanitaria, etc.).
¿Cómo repercute esta realidad en la formación del especialista?
La dialéctica entre la alienación y la sociedad ha dejado de jugarse en torno al tema del delirio. Antes, Psiquiatría era sinónimo de gran trastorno (demencia, psicosis, delirios, estadíos terminales del alcoholismo). Hoy en día, la gente recurre más temprano a pedir ayuda. Esto hace que se consulte cuando se presentan los primeros síntomas.
Creo que este cambio se debe a ese interés cultural del que hablábamos, al auge del psicoanálisis con su máximo esplendor en la década del '50 o '60, cuando al interés se sumaba el poder adquisitivo de la clase media... Si bien las posibilidades hoy no son las mismas, ha quedado un resabio que permite las consultas tempranas ante cuadros que no se han cronificado pero que ya causan algún tipo de disfuncionalidad social o laboral.
A raíz de estos cambios, también se modificó la manera en la que enseñamos: ya no nos centramos en reconocer esos estadíos terminales o crónicos, sino en resolver los estadíos tempranos, sin por eso dejar de lado la formación para la rehabilitación en los casos crónicos.
Por otra parte, nuestra especialidad se enriqueció mucho durante las últimas 4 o 5 décadas con el desarrollo de las neurociencias, que vino a sumarse al desarrollo -especialmente en la Argentina- de la psicoterapia y de los abordajes sociales e institucionales. La psiquiatría argentina se nutrió de los avances en la neurobiología y la farmacología, aunque mantuvo la raigambre de interés por el psicoanálisis (con pilares como Rascovsky y Cárcamo), la psicología social (que introdujo Pichon Rivière) y las neurociencias (con figuras destacadas como Braulio Moyano, Cristofedo Jacob y Edmundo Fisher).
En la actualidad, al conocimiento acumulado agregamos el entrenamiento clínico, porque la Psiquiatría no es una disciplina teórica en la que se trabaje con textos y clases magistrales sino que se hace fundamentalmente en la práctica clínica, día a día.
En la Argentina se sigue el consenso internacional para la enseñanza de psiquiatría en las facultades de medicina. La idea es ofrecer un conocimiento integrador: lo neurobiológico, lo psicoterapéutico, lo social, lo preventivo y lo rehabilitatorio. Todo vinculado con los temas éticos y el derecho de los pacientes, porque consideramos a la Psiquiatría como la más humanística de las especialidades médicas.
En el postgrado se ofrece esta misma concepción integradora, con mayor disponibilidad de tiempo y con el énfasis siempre puesto en la práctica asistencial. Nosotros centramos la formación en el hospital general y, después, hacemos rotar a los alumnos en el hospital psiquiátrico, con la recomendación de entrenar en centros comunitarios o de atención primaria. Así, se logra contextualizar al paciente con su historia, sus aspectos laborales, sociales y familiares.