El 25 de abril del año pasado OPS lanzaba oficialmente la 23 Semana de Vacunación de las Américas (SAV): así lo reflejaba esta nota de UNICEF, cuyo título es preocupante: “El aumento de enfermedades prevenibles con vacunas pone en riesgo años de progreso”. El texto insistía: “los esfuerzos de vacunación a nivel mundial están bajo amenaza” —la negrita es del original—, y agregaba: “Los brotes de enfermedades prevenibles con vacunas, como el sarampión, la meningitis o la fiebre amarilla, están en aumento en todo el mundo. Al mismo tiempo, otras enfermedades que parecían controladas, e incluso casi erradicadas en muchos países, como la difteria, podrían volver a resurgir”; y las negritas siguen siendo de OPS.
En ese marco, destacaba: “Dado que 2025 marca el ecuador de la Agenda de Inmunización 2030, en la Semana Mundial de la Inmunización no solo se analizará de qué modo la vacunación mejora las vidas hoy en día, sino también lo que puede contribuir a lograr en las próximas décadas a medida que más niños reciben vacunas esenciales y se desarrollan nuevas vacunas para proteger contra un espectro aún más amplio de enfermedades en todas las edades”. Y dado el contexto, el lema planteaba un llamado a la acción: “Tu decisión marca la diferencia. Inmunización para todos”.
En estos días OPS ha presentado el balance de esa campaña e intentaremos hacer una síntesis para ustedes. Por de pronto, según el documento con el que se publicaron los resultados, la campaña integró “comunicación basada en evidencia, innovación tecnológica y acciones focalizadas para alcanzar a poblaciones móviles, fronterizas y de difícil acceso, fortaleciendo la confianza pública en las vacunas”. Y los resultados pueden decirse de muchas maneras: en cifras, por ejemplo. Entonces tenemos que participaron 40 países y territorios ; se administraron más de 54,9 millones de dosis, y se alcanzó a más de 572.000 niños con esquemas incompletos. Esta última cifra es significativa, porque refleja el esfuerzo por recuperar a quienes habían quedado desprotegidos como consecuencia de las interrupciones provocadas, entre otros motivos, por la pandemia de covid-19. El texto lo describe en términos de “estrategias de puesta al día a lo largo del curso de vida”, lo que nos permite pensar, pese a la magnitud de la campaña, que la región sigue en etapa de recuperación de coberturas, más que de consolidación de los niveles previos a la pandemia. De hecho, aparecen reiteradamente, entre los objetivos, acciones como recuperar esquemas atrasados; llegar a poblaciones de difícil acceso; cerrar brechas de vacunación y/o fortalecer la vacunación de rutina.
Por otro lado, también cambió el modo de presentar la campaña: a diferencia de las anteriores, cuyo enfoque era principalmente operativo, la de 2025 se vinculaba explícitamente con la Iniciativa de Eliminación de la OPS hacia 2030, que busca interrumpir la transmisión o eliminar más de 30 enfermedades y condiciones relacionadas. En ese contexto, la comunicación del balance de la campaña hace especial énfasis en sarampión, que preocupaba especialmente a la región, donde, según un informe publicado en febrero de este año, en 2025 aumentó 32 veces el número de casos respecto del año anterior. Pero también hace hincapié en rubéola, poliomielitis y cáncer cervicouterino (mediante vacunación contra VPH). En conjunto, los documentos sugieren que la campaña de 2025 combinó acciones preventivas con una respuesta a un riesgo epidemiológico que iba en aumento.
Otro aspecto interesante del documento es que se diluye la idea de una campaña uniforme, y prima la idea de que la SVA funciona como un marco común: “La SVA trabajó para cerrar brechas de inmunización, adaptándose a las necesidades de cada país”, destaca el texto (aquí sí, las negritas son nuestras)
| Diferentes realidades, distintas estrategias |
El informe de OPS incluyó una ficha por cada uno de los países y territorios participantes (disponibles en el link), que ofrecen una "radiografía" de la campaña; pero —importa aclararlo— no son equiparables, porque no desarrollan los mismos aspectos: algunas privilegian indicadores de desempeño, otras describen estrategias y otras enfatizan aspectos de comunicación o de organización, lo que puede leerse como que, además de contar lo que hizo cada país, el documento también muestra qué eligió destacar cada autoridad sanitaria: algunas ponen el foco en las estrategias; otras en la equidad y en la movilización comunitaria.
Nosotros también teníamos que seleccionar, de modo que compartimos una breve síntesis de lo que se informa sobre algunos países de América Latina; y desde ya adelantamos: de los países analizados, solo México informa explícitamente una meta nacional y el grado de su cumplimiento, lo que no nos permite comparar resultados. El resto se concentra principalmente en las estrategias implementadas y las poblaciones priorizadas.
Argentina: la ficha muestra la campaña integrada al Calendario Nacional de Vacunación y orientada principalmente a recuperar coberturas, más que en destacar una acción puntual o una estrategia innovadora. Refuerza la idea el hecho de que los grupos priorizados —niños, embarazadas, adultos mayores y personas con factores de riesgo— coincidieron con los destinatarios habituales. Pero –como adelantamos— no se informan metas nacionales, porcentajes de cumplimiento ni otros indicadores que permitan dimensionar sus resultados.
México: la información, en este caso, permite seguir con bastante claridad la relación entre objetivos y resultados. El eje de la campaña fue el Programa de Vacunación Universal, que incluyó la aplicación de múltiples vacunas en una red amplia de unidades de salud, escuelas y otros espacios comunitarios. Se había hecho pública una meta nacional de 1,8 millones de dosis y, al cierre de la campaña, se informó la aplicación de 2.211.584 vacunas, equivalente al 120 % del objetivo. Ese dato permite afirmar que, desde el punto de vista operativo, la meta prevista fue superada. Importa aclarar que eso no equivale necesariamente a la recuperación de las coberturas nacionales de vacunación.
Colombia: el relato es diferente: ni resultados ni mantener el sistema de las campañas habituales. Las acciones descritas enfatizan el trabajo extramuros, las jornadas comunitarias y el despliegue de equipos de salud en distintos territorios. ¿El propósito? No lo dice explícitamente, las estrategias descritas son consistentes con el objetivo de achicar las barreras de acceso en un país cuyos rasgos geográficos y sociales hacen que, históricamente, la cobertura efectiva de las intervenciones sanitarias dependa mucho de llegar a comunidades dispersas o de difícil acceso. El documento permite comprender el enfoque adoptado, pero no medir con precisión el impacto alcanzado.
Perú: el acento se puso en describir una campaña de fuerte despliegue territorial, orientada a facilitar el acceso a la vacunación mediante brigadas, jornadas extramurales y otras estrategias comunitarias. Se destaca la aplicación de vacunas a lo largo del curso de vida y la recuperación de esquemas incompletos, en consonancia con los objetivos regionales de la SAV. Pero lo dicho: no ofrece elementos para valorar el impacto y privilegia la descripción de las estrategias.
Ecuador: la ficha se centró en describir una campaña articulada con la estrategia nacional de inmunizaciones y orientada a fortalecer la vacunación a lo largo del curso de vida: acciones para ampliar el acceso, completar esquemas pendientes y promover la vacunación en distintos grupos de población.
Chile: si bien es cierto que también se describe la campaña como estrechamente integrada al Programa Nacional de Inmunizaciones y orientada a reforzar la vacunación de rutina, pero en este caso la información resulta coherente con su trayectoria: datos de la OMS muestran que el país mantiene coberturas altas para varios de los principales indicadores de vacunación infantil. Así, el documento, en conjunto, da la idea de una campaña concebida como parte del trabajo cotidiano del sistema sanitario, orientada a mantener y fortalecer las coberturas.
En definitiva, las fichas permiten comprender cómo cada país interpretó y ejecutó la Semana de Vacunación en las Américas dentro de un mismo marco regional: muestran con mucha claridad las estrategias adoptadas; lo que muestran mucho menos son los resultados obtenidos. Y consideramos que es una pena: disponer de esos datos habría permitido valorar con mayor precisión el alcance de una esta importante campaña de vacunación.