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/ Publicado el 31 de octubre de 2006

Psiquiatría y Neurociencias

Nuevos aportes en la relación entre el estrés y la depresión

Respecto a la relación entre estrés crónico y depresión, se ha descripto una importante asociación entre ambos síndromes, tanto en los aspectos clínicos como bioquímicos.

Autor/a: Prof. Dr. Gustavo E. Tafet

El estrés es una experiencia habitual en la vida de toda persona, siendo la reacción normal de adaptación ante un estímulo ambiental. Esta respuesta adaptativa es un proceso dinámico que incluye la percepción de un evento, su procesamiento y evaluación, la atribución de un cierto tono emocional, la activación de sistemas neuro-endócrinos, y la planificación e implementación de una respuesta rápida y eficaz, como parte de una posible estrategia de afrontamiento. Cabe señalar que no es siempre necesaria la presencia de un evento externo, sino que la simple evocación de un recuerdo asociado a una cierta situación de estrés, es suficiente para generar una respuesta similar a la obtenida en presencia del mismo.

La respuesta adaptativa al estrés involucra la activación de una compleja red de sistemas neurales y neuroendocrinos, con la consecuente liberación de neurotransmisores y hormonas. La respuesta neural involucra la liberación de noradrenalina y la activación del sistema nervioso autónomo (SNA), en especial el sistema simpático, con la consecuente producción de adrenalina. La respuesta neuro-endócrina es controlada desde estructuras límbicas como la amígdala y el hipocampo, que a su vez controlan la actividad del eje hipotalamo-hipofiso-adrenal (HPA), con la consecuente liberación de CRH, ACTH y glucocorticoides, particularmente cortisol. Este proceso estaría orientado a promover una respuesta adecuada ante situaciones de estrés concretas y específicas, de manera que su activación crónica provoca alteraciones fisio-patológicas.

En ese sentido, el estrés crónico ha sido ampliamente reconocido como un importante factor en el origen y desarrollo de numerosos cuadros psicosomáticos, y muy especialmente en los trastornos de ansiedad y la depresión. Los diferentes aspectos de la respuesta adaptativa dependerán de numerosos factores, incluyendo características propias del evento y del entorno, de la evaluación subjetiva y de la estrategia de afrontamiento posible. De manera que una situación de estrés que se mantenga de forma sostenida y prolongada, donde los factores sean percibidos como impredecibles o incontrolables, puede conducir a una activación persistente con la consecuente alteración de los circuitos de control de los sistemas de respuesta involucrados. Tal es el caso del eje HPA, donde se produce la alteración de los circuitos de retroalimentación negativa, mediados principalmente por el propio cortisol, llevando en última instancia a un aumento persistente y sostenido del mismo. En ese sentido, se ha demostrado una asociación altamente significativa entre el estrés crónico y la depresión, en la cual el aumento sostenido del cortisol representa uno de los marcadores biológicos mas consistentes y mejor estudiados en ambos síndromes. La depresión es un trastorno afectivo, que se caracteriza tanto por síntomas psicológicos como por ciertas alteraciones a nivel biológico. El perfil psicológico del depresivo incluye la típica tristeza o disforia, la pérdida de interés en aquellas cosas que normalmente producen interés en la persona, y una marcada dificultad para experimentar sensaciones de placer.

A esto también se pueden agregar dificultades para pensar o concentrarse, fatiga o pérdida de energía, pérdida del apetito, trastornos del sueño, y en los casos mas severos sentimientos de culpa y auto-reproche, pudiendo llegar a la ideación suicida. En cuanto a los aspectos biológicos, varios neurotransmisores han sido involucrados en la fisiopatología de la depresión, entre los cuales se destaca la serotonina. A nivel molecular, la concentración de serotonina en el espacio sináptico es controlada mediante su transportador, responsable de recapturar al neurotransmisor, regulando así su disponibilidad para interactuar con sus receptores.

Dicha molécula es de suma importancia en psiquiatría, siendo el sitio de acción de la mayor parte de los antidepresivos, que producirían un aumento en las concentraciones de serotonina mediante el bloqueo de dicho transportador. El buen funcionamiento del sistema serotoninérgico se asocia con una mayor tolerancia a estímulos adversos, como aquellos experimentados en situaciones de estrés crónico, de manera que su disfunción ha sido asociada al origen y desarrollo de depresión.

Respecto a la relación entre estrés crónico y depresión, se ha descripto una importante asociación entre ambos síndromes, tanto en los aspectos clínicos como bioquímicos, donde se ha observado un aumento en los niveles circulantes de cortisol en ambos casos. Esta hormona esteroide ingresa al interior de las células para unirse allí a sus receptores, tanto los de tipo mineralocorticoide (MR) como los de tipo glucocorticoide (GR), constituyendo un complejo hormona-receptor que ingresa luego al núcleo celular donde actúan como factores de transcripción, regulando la expresión de numerosos genes, ya sea activando o inhibiendo la transcripción genética. En investigaciones que realizamos en el laboratorio del Prof. Meir Shinitzky, en el Instituto Científico Weizmann, en Israel, hemos observado que el cortisol puede estimular la expresión del gen del transportador de serotonina.

Esta observación ha sido asociada a un aumento signifcativo de la recaptación de serotonina in vitro en presencia de cortisol, sugiriendo que el aumento en los niveles circulantes de cortisol podría determinar una disminución en los niveles de serotonina en el espacio sináptico, conduciendo a una alteración de dicho sistema en el cerebro. En investigaciones mas recientes que realizamos en la Universidad Maimónides hemos observado que un grupo de pacientes con un cuadro de estrés crónico, como es el trastorno de ansiedad generalizada, que a su vez presentaban niveles elevados de cortisol, lograban mejorar significativamente su condición clínica, reduciendo sus niveles de ansiedad a la vez que normalizaban sus niveles de cortisol, mediante tratamiento con psicoterapia cognitiva. De esta manera, si la depresión puede ser asociada al estrés crónico, con el consiguiente aumento de los niveles de cortisol, se podrían diseñar nuevas estrategias dirigidas a actuar preventivamente. Esto se podría lograr de manera directa, mediante psicofármacos que disminuyan los niveles de cortisol circulante, o de manera indirecta, mediante abordajes psicoterapéuticos reforzando la controlabilidad ante situaciones de estrés.

La practica clínica nos demuestra que la optimización de los recursos, mediante estrategias que integren el valor psicoeducativo de la psicoterapia con los esquemas psicofarmacológicos mas adecuados para cada paciente, se traducen en una mayor eficacia terapéutica en el tratamiento del estrés y la depresión.

*Director del Depto. de Psiquiatría y Neurociencias de la Universidad Maimónides
psiquiatria@maimonides.edu