En el marco del evento "Misión Dolor Cero", evento llevado a cabo en Bogotá (Colombia), diversos especialistas se reunieron para debatir los desafíos actuales en el tratamiento del dolor. La jornada se centró en la necesidad de abrir una conversación basada en evidencia que permita optimizar el uso de las herramientas terapéuticas (analgésicas / antiespasmódicas) y mejorar el abordaje de cuadros complejos, como el dolor abdominal.
Con un enfoque claro en la farmacovigilancia y la precisión diagnóstica, los ponentes del evento destacaron que el éxito terapéutico no depende solo de controlar el síntoma, sino de hacerlo mediante un perfil de seguridad que responda a las necesidades reales de la población actual.
El manejo del dolor suele ser percibido como una intervención de bajo riesgo en la práctica médica cotidiana. Sin embargo, la Dra. Soledad Raña, médica intensivista, nefróloga y especialista en el tratamiento del dolor, señaló durante el evento que, en la práctica clínica, su uso exige una evaluación más rigurosa.
Los analgésicos se encuentran entre los medicamentos más utilizados a nivel global, pero también concentran una alta proporción de los eventos adversos reportados a nivel poblacional. Este panorama pone en evidencia el rol clave del profesional de la salud al momento de orientar el manejo del dolor, definiendo qué alternativa utilizar, en qué momento y bajo qué condiciones, según las características de cada caso.
Uno de los pilares del evento “Misión Dolor Cero” fue el análisis de la dipirona como una herramienta subutilizada, debido a las barreras históricas sobre su reputación. La evidencia que fue presentada allí resalta que este fármaco posee múltiples vías de administración (oral, intravenosa, intramuscular y rectal), lo que facilita su implementación en entornos de urgencias, en la hospitalización y en el periodo perioperatorio.
A diferencia de otros analgésicos, el metabolismo de la dipirona genera compuestos activos que ejercen efectos tanto centrales como periféricos. Su indicación abarca desde el dolor posoperatorio y oncológico hasta la fiebre refractaria, las cefaleas y las migrañas. Un punto diferencial es su efecto espasmolítico, el cual la posiciona como una opción de eficaz para el tratamiento del dolor especialmente biliar.
En términos de potencia, el análisis del Número Necesario a Tratar (NNT) para alcanzar al menos un 50 % de alivio del dolor sitúa a la dipirona de 1.000 mg en un rango de eficacia comparable al ibuprofeno de 400 mg o al diclofenac de 50 mg1. Esto demuestra que su capacidad analgésica no es inferior a la de los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) considerados estándar, con el valor añadido de poseer un efecto ahorrador de opioides cuando se integra en esquemas multimodales.
Al contrastar la dipirona con otros grupos farmacológicos, los especialistas destacaron ventajas significativas en el perfil de tolerabilidad:
- Mientras que los AINEs se asocian con efectos adversos gastrointestinales en entre el 30 % y el 50 % de los usuarios (además de presentar riesgos cardiovasculares y renales bien documentados), la dipirona muestra una menor incidencia de efectos gastrointestinales y un perfil de seguridad renal más favorable2.
- La dipirona presenta una menor proporción de eventos como vómitos, depresión respiratoria, generación de dependencia, eventos documentados comúnmente para los opioides.
- Aunque el paracetamol es un estándar en seguridad, estudios recientes en adultos mayores cuestionan su perfil para la prescripción crónica. En este grupo de pacientes, la dipirona muestra una probabilidad comparable o incluso menor de ciertos efectos adversos.

La segunda parte del encuentro “Misión Dolor Cero” abordó el dolor abdominal, una causa que representa el 10 % de las consultas en los servicios de urgencias. El Dr. Juan Federico Garzón, especialista en dolor, subrayó que detrás de esta consulta "rutinaria" existe una gran heterogeneidad: un cuadro que puede variar desde una condición benigna autolimitada hasta una emergencia quirúrgica.
El manejo propuesto por el Dr. Garzón exige un enfoque dinámico y escalonado que integre una historia clínica detallada y un uso racional de la imagenología. En el ámbito de las urgencias, se estima que más del 60 % de los casos corresponden a dolor abdominal no específico, sin una causa evidente inicial. "El desafío es distinguir estos cuadros oportunamente sin sobreutilizar estudios diagnósticos", explicó.
El abordaje propuesto por el especialista también diferencia el dolor recurrente (dos o más episodios en un año) del dolor funcional. En este último, donde no existe una enfermedad orgánica demostrable, cobran relevancia los criterios de la Fundación Roma, y el entendimiento del eje cerebro-intestino. Factores como la hipersensibilidad visceral, las alteraciones en la motilidad y la influencia de la ansiedad o el estrés deben ser considerados para un tratamiento integral.
Asimismo, es fundamental diferenciar el abordaje terapéutico del síntoma dolor, distinguiendo el uso de antiespasmódicos frente a analgésicos según la anamnesis del paciente y en concordancia con las recomendaciones de las guías clínicas para el manejo del dolor abdominal.
Finalmente, en el área de pediatría, enfatizó la necesidad de protocolos claros que eviten el sobrediagnóstico. El tratamiento analgésico oportuno en niños no compromete la precisión del diagnóstico posterior, permitiendo un manejo más humanizado.
La revisión de la evidencia científica que se realizó en el evento "Misión Dolor Cero" concluyó que la discusión sobre alternativas terapéuticas, como la dipirona y el butilbromuro de hioscina, debe basarse en datos contemporáneos y no en percepciones históricas.
En un escenario clínico en el que los riesgos de los AINEs y los opioides están bien establecidos, contextualizar el uso de fármacos eficaces y con perfiles de seguridad favorables es una obligación para mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Esta pieza fue realizada bajo la modalidad Content Lab para IntraMed. Contenido patrocinado por Opella.
[1] Stromer W, et al. Evid Self Med 2022 | Moore RA, et al. Cochrane Database Syst Rev 2015
[2] Domper Arnal, M.-J., Hijos-Mallada, G., & Lanas, A. (2022). Gastrointestinal and cardiovascular adverse events associated with NSAIDs. Expert Opinion on Drug Safety, 21(3), 373–384. https://doi.org/10.1080/14740338.2021.1965988