Los síndromes hereditarios en oncología son condiciones genéticas que predisponen a los individuos a desarrollar cáncer, debido a mutaciones germinales en genes clave, como BRCA1/2 (cáncer de mama y ovario), TP53 (síndrome de Li-Fraumeni) o APC (poliposis adenomatosa familiar). Estos síndromes suelen seguir patrones de herencia autosómica dominante y conllevan un riesgo significativamente mayor de tumores específicos, lo que justifica estrategias de vigilancia intensiva y consejo genético para las familias afectadas.
El cáncer de riñón hereditario representa aproximadamente el 5-8 % de los casos y está asociado a varios síndromes genéticos bien caracterizados. Entre los más destacados se encuentra el síndrome de von Hippel-Lindau (VHL), causado por mutaciones en el gen VHL, que predispone a carcinoma de células renales claras y otros tumores. Otros síndromes incluyen la leiomiomatosis hereditaria y cáncer de riñón (HLRCC), vinculada a mutaciones en FH, que conlleva un riesgo elevado de carcinomas papilares agresivos, y el síndrome de Birt-Hogg-Dubé (FLCN), asociado a tumores de células cromófobas y quistes renales. Además, mutaciones en genes como MET (síndrome de cáncer renal papilar hereditario) o SDHB (paraganglioma hereditario) también incrementan la susceptibilidad. El diagnóstico molecular temprano en estos casos es crucial, ya que permite un manejo personalizado, que puede incluir cirugías profilácticas o seguimiento con imágenes periódicas para detectar lesiones en etapas tratables.
El tratamiento del carcinoma papilar de riñón depende de su estadio y subtipo (hereditario o esporádico). En casos localizados, la nefrectomía es el estándar. Para enfermedad avanzada o metastásica, las opciones incluyen terapias dirigidas contra blancos moleculares, como inhibidores de tirosina quinasa (cabozantinib) o combinaciones de antiangiogénicos e inmunoterapia.
El estudio Bevacizumab y erlotinib en cáncer renal papilar hereditario y esporádico evaluó la eficacia y seguridad de la combinación de bevacizumab (anti-VEGF) y erlotinib (anti-EGFR) en pacientes con cáncer renal papilar avanzado asociado a HLRCC (leiomiomatosis hereditaria y cáncer renal) o esporádico. Los pacientes con HLRCC o con cáncer esporádico recibieron el tratamiento. Los resultados mostraron una tasa de respuesta del 72 % en HLRCC (mediana de supervivencia libre de progresión: 21,1 meses; supervivencia global: 44,6 meses) y del 35 % en casos esporádicos (mediana de supervivencia libre de progresión: 8,9 meses; supervivencia global: 18,2 meses). Los efectos adversos más frecuentes fueron rash acneiforme, diarrea y proteinuria, con hipertensión como evento grave principal.
La combinación demostró actividad antitumoral significativa, especialmente en HLRCC, donde respuestas duraderas sugieren que la inhibición dual de VEGF y EGFR podría ser clave en tumores con deficiencia de fumarato hidratasa. Aunque los efectos tóxicos fueron manejables, este enfoque representa una opción prometedora para un subtipo agresivo con pocas terapias efectivas. Este estudio respalda futuras investigaciones para explorar mecanismos de resistencia y optimizar estrategias en cáncer renal papilar hereditario y esporádico.
