Las náuseas y vómitos son efectos secundarios frecuentes y debilitantes asociados a la quimioterapia, que pueden afectar significativamente la calidad de vida de los pacientes oncológicos.
Estos síntomas se clasifican en agudos (aparecen en las primeras 24 horas), retardados (después de 24 horas) o anticipatorios (desencadenados por estímulos previos al tratamiento). Su intensidad depende del tipo de quimioterapia, siendo los esquemas con cisplatino, carboplatino o ciclofosfamida algunos de los más emetógenos.
Para su manejo se utilizan diferentes fármacos antieméticos que actúan bloqueando receptores específicos en el sistema nervioso central y gastrointestinal.
Entre los medicamentos más utilizados destacan los antagonistas de los receptores de serotonina (5-HT3), como el ondansetrón, granisetrón y palonosetrón, eficaces para controlar las náuseas y vómitos agudos. Los antagonistas del receptor NK-1, como el aprepitant y fosaprepitant, se emplean en combinación con otros antieméticos para prevenir los síntomas retardados, especialmente en quimioterapias de alto riesgo. Los corticosteroides, como la dexametasona, potencian el efecto de otros antieméticos y son clave en regímenes combinados.
La combinación fija de netupitant (antagonista NK-1) y palonosetrón (antagonista 5-HT3) es una alternativa eficaz para prevenir náuseas y vómitos inducidos por quimioterapia altamente emetogénica. Su administración única prequimioterapia simplifica el régimen antiemético, mostrando eficacia comparable a la triple terapia tradicional (incluyendo dexametasona). Estudios demuestran que esta combinación reduce la necesidad de rescates y mejora la adherencia.
Además, en casos refractarios o para manejar efectos retardados, pueden utilizarse benzodiazepinas como el lorazepam (que reduce la ansiedad anticipatoria) o antagonistas de la dopamina, como la metoclopramida.
Recientemente, en el estudio Eficacia y seguridad general de olanzapina 5 mg añadida a triple terapia antiemética para regímenes que contienen antraciclinas en pacientes con cáncer de mama: un ensayo fase 3, doble ciego, aleatorizado y controlado con placebo se ha demostrado eficacia en náuseas resistentes. El objetivo primario fue la ausencia de vómitos y un rescate antiemético en 0–120 h posquimioterapia.
Entre los resultados destacados está la tasa de respuesta completa que fue significativamente mayor con olanzapina (58,1 % vs. 35,5 % con placebo; p<0,0001) y el beneficio en las fases aguda (0–24 h) y retardada (24–120 h).
Los eventos adversos graves fueron infrecuentes: somnolencia (2 % en olanzapina vs. 0 % en placebo) y alteración de concentración (1 % vs. 0 %). No hubo muertes relacionadas al tratamiento.
En conclusión, el manejo de las náuseas y los vómitos inducidos por quimioterapia requiere un enfoque integral y personalizado, que combine distintos fármacos antieméticos según el riesgo y las características del tratamiento. Los avances recientes, como la incorporación de olanzapina a la triple terapia antiemética, han demostrado mejorar significativamente el control de estos síntomas, incluso en cohortes de pacientes con regímenes altamente emetógenos.
Esta estrategia representa una herramienta valiosa para optimizar la calidad de vida de quienes reciben quimioterapia. Sin embargo, es fundamental continuar evaluando nuevas estrategias y vigilando los posibles eventos adversos, garantizando así tratamientos cada vez más efectivos y seguros para las personas con cáncer.
