Considerando los importantes avances que la tecnología médica ha realizado en los últimos 10 años, es irónico que en la misma década surgiera una tendencia en dirección opuesta entre las filas de los profesionales que siempre han sido considerados (junto con los médicos, por supuesto) como las tropas de la primera línea en la cruzada para lograr mejores cuidados de la salud.
Desde la década de los 90, los Estados Unidos enfrentan una alarmante disminución del personal de enfermería, en verdad, la más crítica que se haya registrado. Las enfermeras hospitalarias han sido ampliamente consideradas como especies el peligro debido a las grandes presiones laborales, tanto físicas como psicológicas. Diversos estudios han mostrado que las enfermeras profesionales se describen a sí mismas como tres veces más insatisfechas con sus trabajos que otros trabajadores norteamericanos y que están mucho más dispuestas a unirse a sindicatos y líneas de piquetes que lo que estaban unos pocos años atrás. El antiguo concepto generacional de enfermeras tan dedicadas como dóciles no tiene más cabida.
Diversas circunstancias han llevado a esto. Una, obviamente, está relacionada con lo que los administradores hospitalarios dicen cuando se les pregunta cuál es su tarea, dado que habitualmente responden "contener los costos" en lugar de "brindar cuidados al pie de la cama del enfermo". Después de todo, fue la preocupación de los líderes empresarios sobre la escalada de los costos hospitalarios la que disparó el ajuste en los contratos de trabajo, lo que llevó al despido en gran escala de enfermeras registradas en los hospitales de todo el país durante los primeros años de la década de los 90. Esto, junto con la abundante publicidad de la industria de seguros para disminuir los costos hospitalarios a través de los programas de "maneged care", inevitablemente llevó a la disminución de inscripciones en las escuelas de enfermería.
Una encuesta reciente de la American Hospital Association indica que los hospitales norteamericanos tienen entre un 11 y un 14% de vacantes en los puestos de enfermería, lo que representa alrededor de 120.000 vacantes en toda la nación. Y esto es solamente la punta del iceberg. Los pronósticos a largo plazo del US Department of Health and Human Services predicen más de 800.000 vacantes para el 2020, debido a que la población hospitalaria está aumentando más rápido que la población general así como aumenta inexorablemente la proporción de personas añosas.
Para empeorar las cosas, el número en aumento de vacantes en los equipos de enfermería hospitalarios resultará inevitablemente en un aumento en el número de muertes hospitalarias innecesarias, simplemente porque ambas cosas son, en gran medida, inseparables. Un artículo muy bien documentado de Sara Corbett en el número del 16 de marzo de The New York Times Magazine , cita un estudio reciente de la University of Pennsylvania School of Nursing que halló que los pacientes necesitados de cirugías de rutina tienen un 31% de mayores probabilidades de morir si son admitidos en un hospital en donde cada enfermera tiene más de 7 pacientes a su cuidado.
Un artículo reciente de The Washington Post cita un reporte de la Joint Comission on Accreditation of Healthcare Organizations en donde se puntualizó que el uso de horas extras para paliar la falta de personal de enfermería es cada vez mayor. En promedio, las enfermeras trabajan 8 semanas y media de horas extras por año.
La presión en aumento para tratar de evitar las vacantes - no solamente por razones de seguridad, sino porque el exceso de vacantes conduce a la partida de aún más miembros del personal de enfermería - ha llevado a que muchos hospitales urbanos mejoren su arsenal de incentivos con una variedad de beneficios suplementarios que hubieran parecido extravagantes unos pocos años atrás.
Artículo comentado por el Dr. Rodolfo Altrudi, editor responsable de IntraMed en la especialidad de Cirugía General.