Puntos de vista

/ Publicado el 11 de abril de 2026

Los patógenos también viajan

Mundial de Fútbol y sarampión: ¿qué riesgos existen y cómo actuar?

Con número histórico de equipos participantes y a la espera de 10 millones de potenciales viajeros, tener al día las dos dosis de la vacuna es fundamental, advierten dos expertos.

Autor/a: Claudia Nicolini

Fuente: IntraMed

Foto: Gentileza Panamarican World y archivo.

Algunas cifras de este Mundial baten récords; otras, generan alertas. Y juntas construyen un panorama epidemiológico que obliga a plantearse qué medidas (individuales y colectivas; privadas y estatales) es necesario implementar. Veamos las primeras: la Copa Mundial de la FIFA 2026 está organizada con una participación récord: 48 equipos, o sea un 50 % más que hasta ahora. Y la cantidad de partidos que se jugarán creció más del 62 %. Las sedes están repartidas entre tres países: EE.UU, México y Canadá, y la FIFA calcula que al menos 5 millones de personas concurrirán a los estadios. Pero no serán las únicas que aprovecharan el evento para viajar, porque además de los aficionados con entradas, hay que tener en cuenta los fans que irán aunque no tengan tickets, y el turismo asociado.

En ese contexto, no solo se reunirá mucha gente para ser testigos, “de cuerpo presente”, de los partidos; también circulará mucha más de lo habitual en aeropuertos y en hoteles. Y es posible que la estimación de la FIFA se quede corta: según ShareAmerica, la plataforma del Departamento de Estado de Estados Unidos para comunicar la política exterior, se esperan hasta 10 millones de visitantes internacionales solo a Estados Unidos.

Es aquí donde las cifras, además de batir récords, deberían -como mínimo- provocar reflexión y toma de decisiones: en los tres países sede, el sarampión está haciendo de las suyas. ¿Qué riesgos existen? La OPS ya se había expedido sobre el asunto el 4 de febrero: “En el contexto de la Copa Mundial de la FIFA 2026 y otras concentraciones masivas que implican una alta movilidad de la población, la OPS recomienda que los países aumenten la sensibilidad de sus sistemas de vigilancia mediante la implementación de la búsqueda activa de casos para detectar rápidamente la presencia o ausencia de casos de sarampión y rubéola”.

Y este es, acercándonos al final de marzo, el panorama. Aclaremos: ni el Mundial (ni cualquier otro evento hipermasivo) “genera” brotes por sí mismo, pero actúa como amplificador epidemiológico si existen bolsas de baja vacunación. En el escenario actual, el riesgo principal es la diseminación acelerada y transfronteriza del virus. Y si miramos los países sede uno a uno, la situación es esta:

• En México, el brote que empezó en febrero de 2025 (con casos importados desde una comunidad menonita de Texas, a través de la frontera) en el Estado de Chihuahua, un año después está diseminado por los 32 estados del país y cualquier parecido con lo que puede pasar durante el Mundial no es mera coincidencia… En 2026 se han reportado más de 14.000 casos, pero el pico de contagios, según un comunicado de prensa emitido por la Secretaría de Salud el 17 de marzo, “presenta una tendencia sostenida a la baja, como resultado de la estrategia nacional de vacunación y de la participación activa de la población. Las acciones focalizadas han permitido contener la propagación del virus, particularmente en el estado de Jalisco, donde se concentró la mayor carga de casos”. “En las últimas cinco semanas, 13,3 millones de personas en todo el país acudieron a vacunarse, lo que ha generado una reducción cercana al 30% en los casos activos. La meta es aplicar 25 millones de dosis en 10 semanas, con un promedio de 2,5 millones de vacunas por semana, por lo que más de la mitad del objetivo ya se ha cumplido”. A pesar del esfuerzo, las posibilidades reales de llegar al 95 %, especialmente para la segunda dosis,  y lograr inmunidad de rebaño son bajas, por lo que persistirá un riesgo epidemiológico residual.

• En Estados Unidos, donde 11 ciudades (diseminadas por buena parte del país) serán sedes, y se jugarán 60 de los 104 partidos del campeonato, se confirmaron 2.284 casos en 2025, la cifra anual más alta en 35 años. Y en los primeros meses de 2026, ya se reportaron más de 1.400 casos confirmados y brotes activos en múltiples estados. Esto en un contexto de sostenida caída de la cobertura vacunal (de 95,2 % en 2019-2020 → 92,7 % en 2023-2024 → 92,5 % en 2024-2025) y de expansión del movimiento antivacunas (durante el ciclo escolar 2024-2025, un 3,6 % de los niños de jardín de infantes (cifra récord) obtuvieron exenciones de vacunación por motivos médicos, religiosos o personales. En ese contexto, la llegada de millones de visitantes puede facilitar la importación y la amplificación del virus en comunidades con baja inmunización, con riesgo de incrementar la transmisión local, pero también la exportación internacional de casos, tanto durante la competencia, entre los otros dos países sede, como “de regreso a casa”.

Canadá perdió en 2025 el estatus de país libre de sarampión, tras más de 12 meses de transmisión continua, y esa transmisión es sostenida. Sin embargo, la cantidad de casos de 2026 no es tan alta; y menos lo es en las provincias donde están las dos sedes, Toronto y Vancouver.  La situación más compleja es que, a pesar de que el movimiento antivacunas no es tan fuerte cono en EE.UU., la cobertura vacunal es bastante más baja: se calcula que solo alcanza entre el 82 y 85 %, muy por debajo de la inmunidad de rebaño (al menos 95 %). En ese sentido, la situación más grave sería que se produzca un proceso de importación, amplificación y posterior exportación del virus. 

Las urgentes medidas generales

En este contexto, ¿cuáles son los riesgos? “El sarampión es altamente transmisible, y sigue circulando en algunos participantes y en todos los países sede. Eventos masivos internacionales aumentan el riesgo de importación de casos y de transmisión en personas no inmunizadas”, señaló a IntraMed Alfonso Rodríguez-Morales, vicepresidente de la Alianza Latinoamericana de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (ALEIMC) y destacó que el nivel de riesgo varía, para los visitantes (sean estos niños o adultos), según la cobertura de vacunación de sus propios países y de la de los países sede; a ello agregó  tanto la vigilancia epidemiológica como la circulación viral en las sedes del evento. “El problema de base es que existe la falsa percepción de que el sarampión es una enfermedad ‘eliminada’, y la realidad es que sigue reemergiendo. Muchos adultos desconocen su estado vacunal, o asumen estar protegidos sin verificación”, agregó Rodríguez-Morales, que es también integrante de la Sociedad Latinoamericana de Medicina del Viajero.  

Destacó que el riesgo va asociado, además, a que durante los eventos masivos se produzca en las sedes transmisión viral en nichos no vacunados, y luego también a la posibilidad de que los viajeros regresen a casa infectados sin saberlo, y desaten brotes en sus países de origen. “En especial si lo hacen durante el periodo de incubación asintomático”, agregó y advirtió: “La verificación del esquema de vacuna triple viral (SPR, o MMR en inglés) debería ser una recomendación estándar para todos los viajeros, incluidos adultos, especialmente aquellos sin evidencia clara de inmunización”.  Y exigir la certificación en los países sede para el ingreso podría ser útil desde el punto de vista de salud pública, pero –reconoció- “es compleja su implementación”.

El peso de las decisiones individuales

“El gran riesgo no es el evento ni los países; son las personas que deciden no vacunarse”, advirtió por su parte Brenda Crabtree Ramírez, investigadora titular del Departamento de Infectología del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán de México, y profesora de alta especialidad en VIH en la UNAM. “El sarampión es altamente contagioso: si la inmunidad general es baja, una sola persona puede contagiar a otras 18, y el contexto de este Mundial es el de crecimiento reciente del movimiento antivacunas, e incluso de posibles bajas de anticuerpos en personas vacunadas”, señaló. Esta última situación se debe básicamente a dos motivos: a diferencia de la infección natural, que suele dar protección de por vida, el nivel de anticuerpos disminuye naturalmente entre 10 y 15 años después de la vacunación y, al haber menos virus circulando en el ambiente, el sistema inmune pierde los "refuerzos naturales" que antes mantenían la protección elevada. 

Los tiempos urgen…

“Lo otro que es importante es saber que, una vez colocado el refuerzo de vacuna, se tarda entra dos y cuatro semanas en desarrollar bien los anticuerpos, de modo que la decisión no puede esperar mucho –agregó-. No valdrá luego decir ‘pobrecito de mí, me dio sarampión y me morí’”. “Cada uno es responsable de saber qué hace falta para ir a un sitio. En este caso, de revisar su cartilla de vacunación, y completar esquemas si ni están al día. El cuidado es, como con el VIH, una decisión personal, más allá de los esfuerzos que cada país, como está haciendo México, lleve adelante en busca de la inmunidad de rebaño.  Pero lo cierto es que si la gente que acude no tiene sus vacunas al día, no se puede lograr que en 100 días deje de haber casos”, recalcó.