El comentario publicado la semana última en esta columna sobre los peligros que encierra el [mal] uso de instrumentos estadísticos para evaluar las contribuciones científicas argumentaba que medidas bibliográficas como el "factor de impacto" no sólo pueden utilizarse equivocadamente, sino que están sujetas a sesgos que pueden desvirtuarlas.
El revuelo que despertó el tema muestra que éste y otros indicadores estadísticos están en el corazón de una acalorada controversia. Entre las consideraciones de distinto signo que llegaron a esta mesa, una de las más amplias e interesantes es la del destacado científico argentino residente en México, Marcelino Cereijido. El investigador en fisiología biofísica y autor de varias obras sobre el desarrollo de la ciencia en este continente opina que en esto "se ha saltado de la sartén al fuego". La sartén era el autoritarismo (...) que permitía elegir a dedo; el fuego, los concursos y las evaluaciones que deben decidir el mérito de un investigador, explica.
Según Cereijido, uno de los puntos oscuros del método de evaluación por el número de citas es que los trabajos más citados suelen ser los metodológicos. "Un señor modifica un detalle del método anterior -escribe-, la innovación tiene su ventajita, todo aquel que la use debe citarla y luego, si uno tuviera en cuenta el impacto citacional pensaría que el modificador del método es un supersabio ante quien palidecen Newton, Darwin y Pascal puestos juntos."
Un poco en broma, pero mucho más en serio, el científico embiste contra el frecuente fervor por las citas bibliográficas ("Exigen clasificar lo inclasificable", afirma): "Me hacen acordar a cuando mi abuela Maggiorina me martirizaba con «¿A quién querés más: a tu mamá o a tu papá? ¿Y a tu mamá o a mí?»". Uno de sus resultados es que, en aras de mantener la regularidad en el ritmo de publicaciones, los investigadores jóvenes no se pueden dar el lujo de abordar un problema profundo, porque corren el riesgo de que luego esa línea de estudios no produzca suficientes publicaciones y no les otorguen subsidios ni becas.
Afirma Cereijido: "Hoy tenemos que hacer ciencia con reglas econométricas, administrativas, sindicales, pues estamos en una morsa, una de cuyas mandíbulas es la normatividad administrativa, y la otra las normas sindicales, que si nos hacemos los locos nos toman las instalaciones. (...) Si bien no se puede regresar a un autoritarismo perimido, como no encontremos soluciones rápidamente, nos vamos a morir de evaluación."
Seguramente, estas apreciaciones no harán más que echar leña al fuego de una discusión que, a estas alturas, parece útil e insoslayable...
Por Nora Bär
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