Según la OMS, 1.000 millones de personas de países en vías de desarrollo son víctimas de las llamadas "enfermedades desatendidas". La Organización se refiere a patologías como la úlcera de Buruli, la elefantiasis, el dengue y otras infecciones parasitarias, que desfiguran el cuerpo de los afectados y que, debido a que no se encuentran entre las principales causas de mortalidad, no han recibido la atención ni los recursos necesarios para combatirlas.
Según la directora del Departamento de Enfermedades Comunicables de la OMS, María Neira, "tal vez no estén entre las principales enfermedades mortales, pero son responsables de terribles discapacidades".
Mientras los programas contra el sida, la malaria y la tuberculosis han recibido grandes sumas, una pequeña proporción del dinero dedicado a estas enfermedades sería de gran valor contra las llamadas "desatendidas".
La semana pasada ya se puso de manifiesto que la incidencia de la úlcera de Buruli está aumentando en más de dos docenas de países africanos, y se trata de una enfermedad desfigurante cuya causa se desconoce. Al contrario que la lepra, que podría ser eliminada del planeta en el 2005 y que ha atraído mucha más atención, la úlcera de Buruli sigue rodeada de misterio y se cuentan pocos medios para combatirla.
En cuanto a la filariasis linfática o elefantiasis, se estima que afecta a más de 40 millones de africanos, India, Sudeste Asiático y América, pese a que puede prevenirse tan sólo con dos pastillas al año.
En palabras de María Neira, "si no controlamos estas enfermedades, si no proporcionamos a estas personas la salud que necesitan para trabajar, se acentuará el círculo vicioso de pobreza y enfermedad".