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/ Publicado el 17 de diciembre de 2025

Notan incremento y normalización

México: preocupa a especialistas el consumo de alcohol entre los jóvenes

Según investigadoras de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), aumentan los excesos con riesgo clínico, de la mano de la presión social.

Fuente: IntraMed

Investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), se mostraron preocupados por el crecimiento del consumo abusivo de alchohol entre los jóvenes de la mano de la presión social. De hecho no solo notan que hay incremento, sino también normalización. Los datos, publicados en dos boletines de la UAM (el 612 y el 742), son preocupantes. Los que citaremos en primer lugar corresponden a estudios sobre la población estudiantil universitaria, y señalan que “el 73.5 % de los estudiantes universitarios consume alcohol más de una vez al mes; el 66.9 % presenta consumo de alta intensidad y un 23.3 por ciento alcanza un consumo abusivo”. Estas cifras fueron brindadas por Ana Karen Talavera Peña, profesora-investigadora de la UAM, durante las Jornadas Académicas del Día Nacional contra el Uso Nocivo de Bebidas Alcohólicas, realizadas el 24 de noviembre,  y organizadas por la Secretaría de Salud y la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA), en coordinación con la UAM y otras instituciones públicas de educación superior.

En ese marco, Talavera Peña advirtió durante su ponencia, titulada “Ansiedad y consumo de bebidas alcohólicas en estudiantes universitarios”, que este grupo etario sector enfrenta vulnerabilidad ante el consumo de alcohol debido a variables como “presión social, estrés académico y conflictos familiares, además de una cultura que ha normalizado el exceso”. Advirtió que la ansiedad se vincula con el consumo de alcohol, y que ambos fenómenos se refuerzan, lo que forma un ciclo difícil de romper", y que las cifras preocupan: en México el 92.3 % de los estudiantes ha ingerido alcohol al menos una vez, y que la edad promedio de inicio se sitúa alrededor de los 14 años, sea, bastante antes del ingreso a los claustros universitarios.

Los más chicos

En efecto, en octubre la doctora María Laura Margarita Díaz Leal Aldana, también profesora e investigadora del departamento de Relaciones Sociales de la Unidad Xochimilco de la UAM, informaba, con datos de población general, que uno de cada cuatro jóvenes de entre 12 y 17 años no estudia, sino que consume alcohol y trabaja, y señalaba que hay un vínculo entre ambas situaciones: el consumo está asociado a mayor probabilidad de trabajar en edad temprana, y que la situación laboral puede fomentar una mayor dependencia del alcohol. En ese marco, destacaba –citando datos de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT)- que el consumo excesivo se incrementó significativamente entre septiembre y octubre: pasó de 4.3 a 8.3 %, y que el crecimiento fue mucho mayor entre las mujeres (de 2.2 a 7.7 por ciento), mientras que entre los varones pasó de 6.3 a “solo” 8.9 %. En ese contexto, explicó también que “factores como la presión de grupo, el ambiente familiar, la búsqueda de estatus social y la gestión de las emociones negativas pueden influir en el inicio y la progresión del alcoholismo en la adolescencia”, e hizo un llamado de atención: “la ingesta de alcohol en los jóvenes no es solo una conducta individual, sino un fenómeno social complejo, entrelazado con la socialización, las normas culturales y las estructuras sociales”.  Las normas culturales y sociales –agregó– moldean decisivamente la relación de las personas con el alcohol, pues definen qué conductas son consideradas aceptables y cómo el consumo se integra en la vida cotidiana, las identidades de género y la dinámica de los grupos. “Estas normas configuran los patrones de consumo y la percepción del riesgo asociado, y así pueden normalizar hábitos peligrosos o, por el contrario, establecer límites y promover la moderación”, añadió. Y enumeró los efectos del importante problema que implica la normalización del consumo: “serias consecuencias académicas, sociales y emocionales, incluyendo el aislamiento, el riesgo de desarrollar trastornos de salud mental como depresión y ansiedad, y la participación en comportamientos peligrosos y violentos”.

Detectar las señales de alerta

Leal Aldana señaló que, aunque no sea sencillo, son cruciales la prevención y atención de adicciones en la familia, que en principio debería actuar como “la primera y más influyente red de apoyo para sus miembros”. “Un ambiente familiar sano funciona como un factor protector, mientras que uno disfuncional aumenta el riesgo de desarrollar adicciones”, agregó. También los instituciones educativas, donde se establecen muchas de las relaciones entre pares, son entornos importantes  para fomentar “la toma de decisiones saludables en los estudiantes y mitigar los factores de riesgo”. “Con programas bien estructurados y la participación de la comunidad educativa, es viable reducir las tasas de consumo de sustancias, mejorar el rendimiento académico y crear un ambiente escolar más seguro”.