Foto: Gentileza Gobierno de México
Claramente, era un plan premeditado. Pero de los buenos. En 2024, exactamente seis días después de asumir la presidencia de México, Claudia Sheinbaum Pardo presentó oficialmente el programa Salud Casa por Casa, que –según sus palabras de ese 7 de octubre, pronunciadas en su ya típica conferencia “Las Mañaneras del Pueblo”– era “llevar personal de salud a los hogares de todas y todos los adultos mayores del país beneficiarios de la pensión”. Así lo informaba en su momento una nota de prensa de la Presidencia de la República.
Era una de las nuevas patas que se incorporaban a los Programas para el Bienestar. “‘Son tres nuevos programas sociales: el primero es de mujeres de 60 a 64 años. El segundo, el de becas de niños y niñas, y también se inician las asambleas en las secundarias públicas de todo el país”, había destacado segundos antes…
Y todo empezó casi de inmediato: ese mismo día, el Comunicado 033 de la Secretaría de Bienestar informaba a la población que acaba de ponerse en marcha el Censo de Salud y Bienestar, por el cual –anunciaba el documento, con el verbo en tiempo presente – “20 mil servidores de la nación realizan (el destacado es nuestro) visitas a domicilio para derechohabientes de pensiones para personas adultas mayores y personas con discapacidad, con el propósito de llenar un cuestionario y conocer su estado de salud.” El censo se llevaría a cabo entre octubre y diciembre; y sobre la base de esa información, se organizarían las visitas del personal de salud. El proyecto era arrancar el 2 de mayo de 2025, pero finalmente se lanzó el 12 de junio; sin embargo, el Gobierno informó que el lunes anterior –es decir, 9 de junio– había comenzado el despliegue territorial en Tamaulipas, y que ya se habían realizado las primeras 6.000 visitas.
Qué perseguían y qué lograron
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El objetivo puntual eran 13,6 millones de personas, distribuidas en unos 12 millones de viviendas. Los encuestadores recabarían, además de datos personales, otros sobre vivienda, educación, ocupación, relaciones familiares, y actividades físicas y de esparcimiento, así como antecedentes de salud, visitas médicas y medicamentos, entre otras cuestiones.
Casi dos años después –el 1 de septiembre pasado–, la mandataria presentó ante el Senado de la República y la Cámara de Diputados el informe anual de resultados de su gestión, que incluye un balance del Programa Salud Casa por Casa. La fecha de corte para la incorporación de datos fue el 30 de junio de 2026: habían pasado menos de 21 meses desde el anuncio del programa. Para entonces, Salud Casa por Casa había incorporado a 11.705.276 personas adultas mayores y personas con discapacidad permanente. La cifra equivale a poco más del 80 % de los 14,5 millones de personas que el Gobierno identifica actualmente como población de seguimiento del programa, porque, entre tanto, la población objetivo sigue creciendo.
Por su parte, la cantidad de visitas domiciliarias comenzó a acumularse rápidamente: al 29 de julio de 2025, apenas 47 días después del arranque oficial, ya se habían llevado a cabo 2.209.541 visitas médicas domiciliarias. El 26 de mayo de 2026 se reportaron 18.406.012, y el 25 de agosto de 2026 superaban los 24,8 millones; habían llegado a ese número en unos 14 meses y medio. Los datos del informe reciente dan cuenta de que en el 88,5 % de los casos se trató de personas adultas mayores, y en el 11,5 %, de personas con discapacidad permanente.
El personal de salud participante (en general, enfermeras y enfermeros) llegaba, a la fecha de corte (30 de junio), a 21.267 personas, que se encargan de mucho más que un control básico: miden la presión arterial, la frecuencia cardíaca y respiratoria, la saturación de oxígeno, la glucosa, el colesterol y los triglicéridos; además realizan controles de vista, audición y movilidad. Para ello disponen del material necesario: oxímetro, tensiómetro, glucómetro y equipos para determinar colesterol y triglicéridos, entre otros; ya se han realizado más de 17,1 millones de pruebas. También pueden actualizar el esquema de vacunación, y entregar la Cartilla Nacional de Salud.
Pero eso tampoco es todo: el esquema contemplaba visitas sucesivas, y –según informó en nota de prensa la secretaria de Bienestar, Leticia Ramírez Amaya– de las 24,8 millones de consultas, más de 12.270.000 son de primera visita y más de 7.747.000, de segunda visita; las terceras visitas superaron las 4.807.000 consultas. Y, destacó la funcionaria, en caso de que se detecte una urgencia, el personal de salud activa, coordina y da seguimiento desde que el paciente recibe la atención en las unidades de salud hasta su recuperación. El mecanismo es el siguiente: se ha puesto en funcionamiento el Centro de Atención Telefónica de Salud para el Bienestar (CABI), donde 100 médicos y médicas pueden recibir consultas de quienes realizan las visitas, y les ayudan a orientar a las personas que están entrevistando. Si detectan alguna situación que pudiera ser crítica, las derivan a centros de salud; de hecho, informó Ramírez Amaya, al 26 de agosto de 2026 se habían derivado y atendido 44.495 urgencias. “Este dato significa que ha habido la posibilidad, incluso, de salvar vidas”, agregó.
El balance del programa, tal como fue incluido en el documento del Segundo Informe de Gobierno, muestra que México construyó una operación de atención domiciliaria de gran volumen: como vimos, en menos de dos años, el programa alcanzó a 11.705.276 personas y acumuló millones de visitas médicas. La escala, entonces, parece fuera de discusión. Por otra parte, tampoco parece haber una “fecha de llegada a la meta”: desde su presentación, se ha planteado como una política de atención y seguimiento de corto y largo plazo. De hecho, a medida que Salud Casa por Casa se extiende, también se incorporan nuevos componentes, como las Farmacias del Bienestar y su articulación con la atención primaria.
Lo que todavía habrá que ver es qué sucede después de las visitas: cuántas personas logran controlar su hipertensión o su diabetes, qué resultados tienen las derivaciones a los servicios de salud y hasta qué punto esta atención domiciliaria consigue integrarse de manera efectiva con la red asistencial. Porque una cosa es llegar a millones de hogares; otra, bastante más compleja, es saber qué cambia en la salud de quienes viven en ellos. Pero haber logrado recorrer el camino hasta este momento ya es haber empezado a cambiar las cosas.
Publicado el 6 de octubre de 2026
A dos años de su implementación
México: el programa Salud Casa por Casa alcanzó cerca del 80 % de la población objetivo
Más de 11 millones de personas recibieron en su hogar a personal de salud que hace una valoración integral de su estado, evalúa riesgos, y de ser necesario, deriva al médico.
Fuente: IntraMed
Foto: Gentileza Gobierno de México
Claramente, era un plan premeditado. Pero de los buenos. En 2024, exactamente seis días después de asumir la presidencia de México, Claudia Sheinbaum Pardo presentó oficialmente el programa Salud Casa por Casa, que –según sus palabras de ese 7 de octubre, pronunciadas en su ya típica conferencia “Las Mañaneras del Pueblo”– era “llevar personal de salud a los hogares de todas y todos los adultos mayores del país beneficiarios de la pensión”. Así lo informaba en su momento una nota de prensa de la Presidencia de la República.
Era una de las nuevas patas que se incorporaban a los Programas para el Bienestar. “‘Son tres nuevos programas sociales: el primero es de mujeres de 60 a 64 años. El segundo, el de becas de niños y niñas, y también se inician las asambleas en las secundarias públicas de todo el país”, había destacado segundos antes…
Y todo empezó casi de inmediato: ese mismo día, el Comunicado 033 de la Secretaría de Bienestar informaba a la población que acaba de ponerse en marcha el Censo de Salud y Bienestar, por el cual –anunciaba el documento, con el verbo en tiempo presente – “20 mil servidores de la nación realizan (el destacado es nuestro) visitas a domicilio para derechohabientes de pensiones para personas adultas mayores y personas con discapacidad, con el propósito de llenar un cuestionario y conocer su estado de salud.” El censo se llevaría a cabo entre octubre y diciembre; y sobre la base de esa información, se organizarían las visitas del personal de salud. El proyecto era arrancar el 2 de mayo de 2025, pero finalmente se lanzó el 12 de junio; sin embargo, el Gobierno informó que el lunes anterior –es decir, 9 de junio– había comenzado el despliegue territorial en Tamaulipas, y que ya se habían realizado las primeras 6.000 visitas.
Qué perseguían y qué lograron
El objetivo puntual eran 13,6 millones de personas, distribuidas en unos 12 millones de viviendas. Los encuestadores recabarían, además de datos personales, otros sobre vivienda, educación, ocupación, relaciones familiares, y actividades físicas y de esparcimiento, así como antecedentes de salud, visitas médicas y medicamentos, entre otras cuestiones.
Casi dos años después –el 1 de septiembre pasado–, la mandataria presentó ante el Senado de la República y la Cámara de Diputados el informe anual de resultados de su gestión, que incluye un balance del Programa Salud Casa por Casa. La fecha de corte para la incorporación de datos fue el 30 de junio de 2026: habían pasado menos de 21 meses desde el anuncio del programa. Para entonces, Salud Casa por Casa había incorporado a 11.705.276 personas adultas mayores y personas con discapacidad permanente. La cifra equivale a poco más del 80 % de los 14,5 millones de personas que el Gobierno identifica actualmente como población de seguimiento del programa, porque, entre tanto, la población objetivo sigue creciendo.
Por su parte, la cantidad de visitas domiciliarias comenzó a acumularse rápidamente: al 29 de julio de 2025, apenas 47 días después del arranque oficial, ya se habían llevado a cabo 2.209.541 visitas médicas domiciliarias. El 26 de mayo de 2026 se reportaron 18.406.012, y el 25 de agosto de 2026 superaban los 24,8 millones; habían llegado a ese número en unos 14 meses y medio. Los datos del informe reciente dan cuenta de que en el 88,5 % de los casos se trató de personas adultas mayores, y en el 11,5 %, de personas con discapacidad permanente.
El personal de salud participante (en general, enfermeras y enfermeros) llegaba, a la fecha de corte (30 de junio), a 21.267 personas, que se encargan de mucho más que un control básico: miden la presión arterial, la frecuencia cardíaca y respiratoria, la saturación de oxígeno, la glucosa, el colesterol y los triglicéridos; además realizan controles de vista, audición y movilidad. Para ello disponen del material necesario: oxímetro, tensiómetro, glucómetro y equipos para determinar colesterol y triglicéridos, entre otros; ya se han realizado más de 17,1 millones de pruebas. También pueden actualizar el esquema de vacunación, y entregar la Cartilla Nacional de Salud.
Pero eso tampoco es todo: el esquema contemplaba visitas sucesivas, y –según informó en nota de prensa la secretaria de Bienestar, Leticia Ramírez Amaya– de las 24,8 millones de consultas, más de 12.270.000 son de primera visita y más de 7.747.000, de segunda visita; las terceras visitas superaron las 4.807.000 consultas. Y, destacó la funcionaria, en caso de que se detecte una urgencia, el personal de salud activa, coordina y da seguimiento desde que el paciente recibe la atención en las unidades de salud hasta su recuperación. El mecanismo es el siguiente: se ha puesto en funcionamiento el Centro de Atención Telefónica de Salud para el Bienestar (CABI), donde 100 médicos y médicas pueden recibir consultas de quienes realizan las visitas, y les ayudan a orientar a las personas que están entrevistando. Si detectan alguna situación que pudiera ser crítica, las derivan a centros de salud; de hecho, informó Ramírez Amaya, al 26 de agosto de 2026 se habían derivado y atendido 44.495 urgencias. “Este dato significa que ha habido la posibilidad, incluso, de salvar vidas”, agregó.
¿Qué se puede esperar?
El balance del programa, tal como fue incluido en el documento del Segundo Informe de Gobierno, muestra que México construyó una operación de atención domiciliaria de gran volumen: como vimos, en menos de dos años, el programa alcanzó a 11.705.276 personas y acumuló millones de visitas médicas. La escala, entonces, parece fuera de discusión. Por otra parte, tampoco parece haber una “fecha de llegada a la meta”: desde su presentación, se ha planteado como una política de atención y seguimiento de corto y largo plazo. De hecho, a medida que Salud Casa por Casa se extiende, también se incorporan nuevos componentes, como las Farmacias del Bienestar y su articulación con la atención primaria.
Lo que todavía habrá que ver es qué sucede después de las visitas: cuántas personas logran controlar su hipertensión o su diabetes, qué resultados tienen las derivaciones a los servicios de salud y hasta qué punto esta atención domiciliaria consigue integrarse de manera efectiva con la red asistencial. Porque una cosa es llegar a millones de hogares; otra, bastante más compleja, es saber qué cambia en la salud de quienes viven en ellos. Pero haber logrado recorrer el camino hasta este momento ya es haber empezado a cambiar las cosas.