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Solemos olvidar que la actual y tecnificada medicina occidental no fue una creación ex nihilo. Mucha gente, desde hace millones de años, realiza ingentes esfuerzos por aliviar el dolor de sus semejantes, y por ayudarlos a llegar al mundo, y a vivir mejor y más tiempo. Con frecuencia Occidente “prefiere” ignorar esos saberes, pero no siempre lo consigue, y a veces revierte esa posición… En México están trabajando fuerte en ello: “La meta es hacer una coordinación integrativa entre los servicios de salud alopática que se brindan a las personas sin seguridad social y los servicios para los cuales muchas de las personas históricamente apelan a la medicina tradicional y complementaria. Se busca lograr una atención oportuna y accesible, en especial para quienes deben enfrentar barreras culturales, idiomáticas y geográficas”, informó a IntraMed la doctora Mónica Amezcua, magíster en Salud Pública y en Gerencia de Servicios de Salud, y jefa de la Unidad de Desarrollo Intercultural y Medicina Tradicional de los Servicios de Salud de Oaxaca (SSO).
Es una muy buena noticia, y aunque tiene muchos fundamentos, tomaremos solo este dato (hay poco espacio para citarlos todos) relacionado concretamente con la partería: “… Que la Organización Mundial de la Salud, junto con el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Confederación Internacional de Matronas (ICM), ha emitido recomendaciones técnicas y normativas que reconocen la partería como una intervención esencial, costo-efectiva y basada en evidencia para mejorar los resultados de salud materna y neonatal (el subrayado es nuestro)…”. Este es el considerando más extenso del documento del Estado Nacional mexicano, publicado el 1 de mayo pasado, por el que se estableció la creación del Comité Nacional de Partería. Y la primera función que se le asigna es “proponer lineamientos, criterios técnicos y orientaciones estratégicas para el fortalecimiento de la partería y la atención materna y neonatal con enfoque intercultural, de derechos humanos y de calidad” (el subrayado es nuestro)”. El siguiente paso implicaba la creación de los Comités Estatales: pues en poco más de un mes, entre el 6 de mayo y el 5 de junio nacieron, legalmente, el Comité Nacional, y los estatales de Chiapas y de Oaxaca… Y en este último estado ya se había puesto a funcionar, el 30 de abril, el Comité Sectorial de Medicina Tradicional, nos contó también Amezcua.
Un antecedente importante se había logrado en marzo de 2025, cuando, según informó en ese momento la Secretaría de Salud, la partería fue integrada oficialmente dentro del Sistema Nacional de Salud, lo que incluye, según el documento, “tanto a parteras profesionales como a parteras tradicionales sin imponer certificaciones, respetando su conocimiento ancestral (el destacado es nuestro) y permitiendo su participación en la atención del embarazo, parto y puerperio”.
De qué estamos hablando, concretamente |
La partería tradicional —explicó Amezcua— forma parte del sistema de salud ancestral, y se sostiene en prácticas tradicionales indígenas de acompañamiento a la mujer durante y después del embarazo, integrando su estado físico, emocional y espiritual. “Estas prácticas se basan en el respeto a la naturaleza y a la cosmovisión, y utilizan plantas medicinales, contacto físico con masajes y sobadas (N de la R: manipulaciones manuales y energéticas con finalidad terapéutica que permiten, por ejemplo, acomodar al bebé cuando se considera que está en una posición inadecuada, o favorecer la recuperación luego del alumbramiento), baños de vapor…”, describió Amezcua, y explicó también que la coordinación que se está implementando permite, por ejemplo, que en el caso de complicaciones durante el embarazo o en el parto, las mujeres que necesiten o se decidan por recibir la atención de la medicina “occidental” puedan ir acompañadas por su partera de confianza: esta hace de intermediaria de modo que, además de contenerla en el desarraigo, va —entre otras cosas— explicándole en su lengua originaria qué sucede en ese mundo tecnificado que le es ajeno… y cuidarla.
Porque, como señaló a IntraMed la periodista oaxaqueña Diana Manzo, “la partería tradicional nunca (el subrayado es nuestro) había dejado de existir; no la reconocía el Estado, pero estaba”. Pero en el medio, el parto fue mutando de un proceso natural -que, por supuesto, puede complicarse- hacia una cuestión de médicos, hospitales, despersonalización, tiempos escasos… y con frecuencia, rodeado de lo que hoy tiene un nombre: violencia obstétrica. Agrega Manzo: “Ya en 2019 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció su existencia y su gravedad, y la describió como ‘una práctica generalizada y arraigada en los sistemas de salud’”. “En ese contexto —agrega—, la partería tradicional es una opción valiosa, pues es humanista, acompaña a esas mujeres a las que, cuando llegan al hospital, nadie las conoce: cambian las parteras, todo es frío: las luces, el trato (un ejemplo frecuente son los innumerables tactos vaginales innecesarios) la soledad…”. “Con la partería tradicional no ocurre la violencia obstétrica: puedes parir sentada, de pie; puede acompañarte quien tú quieras, tu pareja, tu madre, hasta tus hijos… La partería tradicional cobija”, añade. De hecho, Manzo es coautora del reportaje, que recoge el testimonio del trabajo de varias parteras tradicionales del complejísimo Estado de Oaxaca, y también de médicos obstetras que, cuando las “descubren”, cambian su práctica.
Pero volvamos a las buenas noticias retrocediendo (apenas un poquito) en el orden cronológico: en agosto de 2025 los SSO y la Secretaría de Interculturalidad, Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas del Estado de Oaxaca (SIPCIA), con la participación del Consejo Estatal de Médicos Indígenas Tradicionales de Oaxaca (CEMITO), una de las organizaciones más antiguas y visibles de medicina tradicional en Oaxaca, firmaro un convenio de colaboración, que la entonces titular de la SIPCIA, Juana Hernández López, describió como “una política pública estratégica para visibilizar, dignificar y salvaguardar la medicina tradicional indígena y afromexicana”. Y ya en 2023 el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, organismo del gobierno federal reconocía que durante la pandemia de Covid-19 la medicina tradicional indígena y la partería tradicionales habían contribuido “a evitar muertes maternas en cuando menos 20 estados del país”.
En ese marco, no es casual que los dos primeros comités estatales de partería se hayan formado en Chiapas y en Oaxaca, dos de los estados con una enorme diversidad de pueblos indígenas, y donde en muchos casos persisten hasta hoy barreras idiomáticas y culturales. Por otra parte, dificultades geográficas—como la dispersión poblacional, el aislamiento rural y las largas distancias hasta establecimientos con capacidad obstétrica— limitan el acceso oportuno a la atención materna, y a la de muchos otros problemas de salud…
En Oaxaca |
“Uno de los logros ha sido la creación y la puesta en marcha de tres Centros de Medicina tradicional y complementaria”, cuenta Amezcua, y agrega: “Uno de ellos está ubicado en San Pedro Tututepec, municipio de la región de la Costa Chica (sobre el Pacífico), donde conviven pueblos originarios como mixtecos, amuzgos y población mestiza, así como población afromexicana; otro funciona en San Miguel Chicahu, en la zona montañosa mixteca del Estado, en el que conviven pueblos originarios como mixtecos y chocholtecos, entre otros; y el tercero, en el Municipio de Capulálpam de Méndez, en la Sierra Norte del Estado, donde conviven pueblos como zapotecos y chinantecos, entre otros”. Resalta que los tres centros son gestionados y supervisados en su totalidad por los Servicios de Salud de Oaxaca, “con el apoyo de las Autoridades Municipales correspondientes, así como a través de proyectos con la Secretaría de Interculturalidad, Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas (SIPCIA)”. Allí las comunidades pueden acceder, además de a la partería, a una serie de procedimientos terapéutico-rituales destinados a restaurar el bienestar físico, emocional y social de las personas, como sobadas, baños de vapor, “cerradas con rebozo”, cura del empacho, “curada de ojo o mal aire” y “limpias”.
“También pueden recibir la atención de especialistas en medicina complementaria reconocida, como homeopatía, acupuntura, quiropraxia, herbolaria y masajes”, agrega la doctora, y destaca: “el centro de Capulálpam de Méndez (el único, por ahora) cuenta con temazcal. Y también con laboratorio de productos naturales a base de herbolaria tradicional, que está a cargo de una responsable sanitaria con perfil de Química Farmacobióloga, contratada por los Servicios de Salud de Oaxaca; ella acompaña y profesionaliza las recetas de remedios y de cosmética natural de las y los médicos tradicionales, y ayuda para capacitar en la materia a los médicos tradicionales de los otros dos centros”. Cuenta además, entusiasmada, que aunque aún no se forman profesionales de la salud alópatas en los centros, se contempla gestionar rotaciones de estudiantes de Medicina, tentativamente el próximo año.
Cómo se incluye la partería |
“En general las parteras son también médicas tradicionales y ofertan los servicios antes mencionados; pero específicamente, ofrecen atención durante el embarazo, acompañamiento durante el parto y atención durante el puerperio. Aún no se atienden partos en los centros, pero estamos realizando los trámites correspondientes para poder asegurar una atención segura y eficaz, y esperamos contar con todo lo necesario durante el transcurso de este año”, informa. Y el sueño es, claro, seguir creciendo: “Se contempla abrir durante este año al menos dos centros más, en las regiones del Istmo y la Sierra; específicamente ya se están realizando gestiones con los municipios de San Mateo del Mar, que cuenta con el mayor número de parteras y médicos tradicionales del estado, y con la Villa de Mitla”, informa. “Nuestra expectativa es integrar la medicina tradicional indígena, con todas sus técnicas ancestrales, alineados con la política pública federal de la interculturalidad en salud como eje transversal a toda la atención centrada en las personas, y con ello no solo brindar un servicio de salud con pertinencia cultural, si no, además competente y seguro”, agrega orgullosa —para qué negarlo— Amezcua. Y sus buenas razones tiene para estarlo…