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Publicado el 16 de febrero de 2006

Metilfenidato: advertencias.

Expertos recomiendan mayores advertencias por el uso de la Ritalina, la droga para la hiperactividad.

Expertos señalan que el metilfenidato tendría efectos nocivos en la salud cardiovascular, en el sistema nervioso y podría causar la muerte súbita.

Si la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA), de Estados Unidos, acoge la recomendación de un panel de expertos, el metilfenidato (que en Colombia se comercializa como Ritalina y Concerta) deberá llevar una etiqueta que advierta sobre los potenciales riesgos de uso de estos fármacos en la salud.

El metilfenidato se usa desde 1955 para el tratamiento de trastornos deficitarios de atención con hiperactividad.

La FDA, agencia encargada de la regulación de medicamentos, no está obligada a acoger las recomendaciones de los expertos, pero se estima que con las observaciones convocará un panel propio para discutir el tema antes de tomar una decisión.

El Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima) tiene la autonomía para acoger medidas frente a elementos que pongan en riesgo la salud de la población. El Instituto no tiene conocimiento de un pronunciamiento oficial de la agencia estadounidense. Sin embargo, este no sería necesario para estudiar el tema.

No es la primera vez que estos medicamentos son objeto de debate por los riesgos que se les atribuyen y por el hecho de que son suministrados a niños (aunque también se indican a adultos en casos de narcolepsia).

La semana pasada, por ejemplo, se conoció el caso de Isabel Cristina López, quien interpuso dos tutelas para lograr que a su hijo de 10 años le devolvieran el cupo en un colegio de Medellín, donde no fue recibido.

Mientras la institución alegó problemas de disciplina del menor, la mamá sostuvo que no lo dejaron estudiar porque la familia se negó a suministrarle Ritalina. Es más, aseguró que en el centro educativo le daban este medicamento a su hijo sin su permiso.

El municipio de Medellín aclaró que, según neurólogos, el pequeño tiene antecedentes de déficit de atención. Y dado que bajo el tratamiento puede asistir a clases, le recomendó a la familia cumplir con él.

En el país, el Fondo Nacional de Estupefacientes tiene a su cargo la distribución y comercialización del metilfenidato. Esto se estableció mediante la resolución 1203 del 2002 del entonces Ministerio de Salud tras detectar que amas de casa, transportadores, ejecutivos, estudiantes de medicina y deportistas de alto rendimiento abusaban de su consumo, para reducir la fatiga, producir alertamiento y aplazar la necesidad de sueño.

¿Cómo actúa?

Todas las personas tienen la capacidad de seleccionar, entre muchos estímulos, uno en el cual concentrarse.

Los niños con trastornos de atención no pueden hacerlo. Los estimulantes (metilfenidato) logran que el sistema nervioso priorice la información, mejorando el paso de adrenalina y noradrenalina (neurotransmisores comprometidos con la función de atender) entre las neuronas.

Los especialistas pueden formularlos tras un adecuado diagnóstico y a niños que no tengan contraindicaciones.

De acuerdo con los expertos, a pequeños que no pueden usar el metilfenidato (que en Colombia está cubierto por el POS) se les han venido prescribiendo medicamentos de última generación, no estimulantes, como la atomoxetina. Logra que la adrenalina se conserve más entre neuronas, sin degradarse. Los pacientes sienten su efecto tras 15 días de iniciado el tratamiento.

* FUENTES: ÁLVARO FRANCO Y RAFAEL VÁSQUEZ, PSIQUIATRAS DE NIÑOS Y ADOLESCENTES.

El trastorno deficitario de atención

No todos los niños afectados por un trastorno de déficit de atención con hiperactividad son iguales ni requieren uso de estimulantes. El tratamiento se define de acuerdo con el nivel de severidad de cada uno:

1. Leve: son niños que rinden poco en el colegio, pues cualquier estímulo los distrae; aunque en apariencia prestan atención, cuando se les pregunta algo puntual no saben qué responder, porque viven ‘elevados’ pensando en otra cosa. Mejoran académicamente con refuerzo pedagógico y motivación por el trabajo en el aula. En promedio, entre el 50 y el 60 por ciento de los casos de trastorno por déficit de atención con hiperactividad clasifican en este nivel y se mejoran con estas medidas.

2. Moderado: el retraso académico, la hiperactividad, la impulsividad que les causa problemas de convivencia social y la falta de atención son más persistentes, por eso tienen más dificultades en el colegio y baja autoestima. Una evaluación permite determinar las terapias para tratarlos. Si no mejoran, los médicos sugieren medicación por un tiempo. La decisión es compartida entre especialistas y padres. De todas las consultas por este trastorno, entre el 30 y el 40 por ciento son moderadas.

3. Severo: alrededor del 10 por ciento de los niños con este trastorno hace parte de este grupo. Por su hiperactividad, impulsividad (actúan sin pensar) y tendencia a las conductas agresivas, no solo tienen problemas académicos graves sino que están en alto riesgo de sufrir accidentes y rechazo social. Estos casos requieren una intervención compleja: es necesario adoptar cambios en la familia, en el colegio y suministrar medicamentos. Su uso se evalúa cada semestre.

Un medicamento que no es para todos

BENEFICIOS. Con los medicamentos se busca mejorar la atención, el rendimiento académico y el comportamiento en clase. Cuando el trastorno es bien diagnosticado y las medicinas se formulan en las dosis y tiempos adecuados, es posible lograr el 85 por ciento de mejoría.

RIESGOS. Está contraindicado para niños con enfermedades cardíacas o que tomen otros medicamentos estimulantes (como los broncodilatadores para el asma), porque la suma de sus efectos puede provocar alteraciones cardiovasculares. Deben ser formulados por neuropediatras o psiquiatras.

Vivo con un niño hiperactivo

“No se quedaba quieto en el jardín: se subía a las mesas, se bajaba de los asientos, se trepaba, peleaba y no le hacía caso a la profesora ni le ponía atención… Sus avances académicos no eran los mejores.

A Alejandro, el segundo de tres hermanos, lo llevé al pediatra. Le conté que no se podía quedar quieto viendo televisión: saltaba y corría. Para que se lavara los dientes le tenía que decir 20 veces, y ya en las últimas, desesperada, pegaba el alarido; cuando salíamos al parque, se perdía, y en la finca, de un momento a otro, resultaba debajo de las patas de los caballos y de las vacas.
El hermano mayor, que tiene 11 años, me decía: ‘Mami, ¿por qué él no se queda quieto?’. Todo lo que le he dicho es “no haga esto”, “no haga lo otro”. En el colegio me decían que era muy necio.

A los 3 años y medio le diagnosticaron hiperactividad y al mismo tiempo lo medicaron con Ritalina. Confío en el pediatra, pero siempre le pregunto sobre el medicamento.

Ahora tiene hoy 8 años y va bien con la dosis. Ha mejorado la atención en el colegio, aunque no es una pastilla milagrosa. Lo que me importa más es que mejore en sus estudios y que no se le afecte su autoestima con tantos ‘no’ ”.

Síntomas

El niño suele mover en exceso manos y pies y se retuerce en su asiento. A menudo abandona su silla.

Corre o salta en situaciones en las que resulta inadecuado hacerlo.

Experimenta dificultades para dedicarse a actividades de ocio.

Parece estar siempre en marcha, como si tuviera un ‘motor’.

A menudo habla excesivamente.

Da respuestas precipitadas, antes de que las preguntas se acaben de formular.

Puede tener dificultades para aguardar su turno.

También suele entorpecer los asuntos de los demás.

* FUENTE: ISABEL MENÉNDEZ, PSICÓLOGA DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID.

Qué hacer

Hay que tomar medidas en el aula como sentarlo frente a la profesora, que ella le reconozca logros públicamente, que de vez en cuando pueda tocarlo para atraer su atención, permitirle entrar y salir de la clase.

En el hogar, establezca normas claras de convivencia y acuerdos, sobre todo frente a conductas negativas.

Para que haga tareas ubique al niño en un lugar adecuado y hágalo comenzar por las tareas que le demanden mayor atención.

No amenace ni use la violencia. En cambio, reconozca el esfuerzo realizado por el niño.

Evite etiquetarlo como estudiante malo y compararlo.