Los médicos declararon que los niños están en buenas condiciones de salud.
Una mujer moderada fue desbordada por la emoción. A los 46 años, la tumbesina Martha Arcaya Rocillo conoció la felicidad de convertirse en madre, luego de ocho años de matrimonio. La satisfacción resultó mayor: tres niños vieron la luz después de un expectante tratamiento de fertilización.
Imaginó el momento en que no podría concebir. Era su más grande temor. El deterioro del calendario aumentaba la angustia de aquella larga espera sin resultado. “Iba a adoptar un niño porque parecía que no lo lograría”, confiesa la mujer con las pupilas iluminadas.
Su esposo, Augusto Romero Guiza, obrero chalaco de 49 años, no escatimó esfuerzos para realizar su más grande ilusión. En 1999, Martha fue sometida a una operación que limpió sus trompas de Falopio, que obstruían el tránsito de los óvulos. Sin embargo, tuvo que enfrentar, además, el inconveniente del tiempo transcurrido.
Efecto afortunado
Después de siete años de tratamientos, los esposos se sometieron a la fertilización ‘in vitro’: estimulación hormonal de la ovulación y fecundación artificial con el semen del padre. Tuvieron que costear el sofisticado trabajo en una clínica privada. Pero valió la pena.
Al conocer el venturoso efecto, les pareció un milagro. Pero entonces comenzó un proceso bastante delicado. Afortunadamente, el Seguro Social de Salud (EsSalud) se hizo cargo en el Hospital Alberto Sabogal, ubicado en el Callao.
“A esa edad, la gestación es muy delicada. Además, por haber sido ‘in vitro’, el sistema respiratorio de los bebés, es reforzado con una hormona”, indicó el médico de la Unidad de Reproducción Humana, Fernando García Armas.
Después de 35 semanas de embarazo, celebran el nacimiento de tres varoncitos, que pesan 1.590, 1.950 y 2.200 kg. Pronto, dejarán la incubadora para conocer el amoroso hogar que los espera.
Publicado el 12 de febrero de 2005
Éxito en medicina reproductiva
Madre da a luz trillizos por reproducción asistida
Tras siete años de intentos, los bebés nacieron en el Hospital Alberto Sabogal del Callao.
Fuente: La República, Perú 13.02.05
Los médicos declararon que los niños están en buenas condiciones de salud.
Una mujer moderada fue desbordada por la emoción. A los 46 años, la tumbesina Martha Arcaya Rocillo conoció la felicidad de convertirse en madre, luego de ocho años de matrimonio. La satisfacción resultó mayor: tres niños vieron la luz después de un expectante tratamiento de fertilización.
Imaginó el momento en que no podría concebir. Era su más grande temor. El deterioro del calendario aumentaba la angustia de aquella larga espera sin resultado. “Iba a adoptar un niño porque parecía que no lo lograría”, confiesa la mujer con las pupilas iluminadas.
Su esposo, Augusto Romero Guiza, obrero chalaco de 49 años, no escatimó esfuerzos para realizar su más grande ilusión. En 1999, Martha fue sometida a una operación que limpió sus trompas de Falopio, que obstruían el tránsito de los óvulos. Sin embargo, tuvo que enfrentar, además, el inconveniente del tiempo transcurrido.
Efecto afortunado
Después de siete años de tratamientos, los esposos se sometieron a la fertilización ‘in vitro’: estimulación hormonal de la ovulación y fecundación artificial con el semen del padre. Tuvieron que costear el sofisticado trabajo en una clínica privada. Pero valió la pena.
Al conocer el venturoso efecto, les pareció un milagro. Pero entonces comenzó un proceso bastante delicado. Afortunadamente, el Seguro Social de Salud (EsSalud) se hizo cargo en el Hospital Alberto Sabogal, ubicado en el Callao.
“A esa edad, la gestación es muy delicada. Además, por haber sido ‘in vitro’, el sistema respiratorio de los bebés, es reforzado con una hormona”, indicó el médico de la Unidad de Reproducción Humana, Fernando García Armas.
Después de 35 semanas de embarazo, celebran el nacimiento de tres varoncitos, que pesan 1.590, 1.950 y 2.200 kg. Pronto, dejarán la incubadora para conocer el amoroso hogar que los espera.