Hoy en día esta obra señera de la literatura francesa se nos antoja deliciosa, puramente realista y con claras impregnaciones románticas. Sin embargo, cuando se publicó en 1856 generó un escándalo de tal magnitud que su autor y el atrevido editor que lo amparó se dieron de bruces ante los tribunales de justicia, acusados de inmorales, pornográficos y anticlericales. Tras unos meses de encendida polémica, fueron absueltos, si bien el lanzamiento del libro quedó deslucido y tuvo que pasar algún lustro para que la gran mayoría reconociese la importancia fundamental de esta novela perfecta y exquisita.
Madame Bovary es una opus mágnum de la narrativa universal. Gustave Flaubert precisó seis agotadores años en jornadas de 12 horas para completar su más ambicioso proyecto. El texto es un alarde minucioso de complejidad argumental basada en la decadencia burguesa decimonónica. No en vano, el subtítulo de la novela, Costumbres provincianas, es absolutamente indicatorio sobre los escenarios que podemos encontrar en su interior.
La protagonista principal es la bella Emma Rouault, una provinciana con elevadas aspiraciones de progreso social. La joven encuentra refugio en las novelas románticas que la inducen a buscar mundos mejor construidos que el que le ha tocado en suerte. Es por eso que no se niega al compromiso con el médico Charles Bovary, hombre de buena posición, pero aburrido y vulgar, lo que le incapacita para satisfacer los anhelados deseos de su díscola amada. La nueva Madame Bovary permanece a la expectativa, conoce a otros seductores como el prometedor abogado León o el epicúreo Boulanger, los cuales la merodean, la buscan y, por fin, la encuentran en vericuetos amatorios idealizados por la flamante dama. Emma sueña con situaciones excitantes, aunque sus intensas ensoñaciones no suelen concluir del mejor modo. Al fin, la Bovary entra en una peligrosa espiral que la conduce a deudas económicas insalvables y, antes de que su esposo se entere de su vida paralela y pecaminosa, opta por el suicidio a través del arsénico.

Gustave Flaubert no realiza ninguna concesión en esta novela inspirada en hechos reales. Cada personaje, bien sea protagonista o secundario, está estudiado hasta el último detalle. El realismo se palpa en cada renglón, en cada pasaje, en cada diálogo. El lector avanza en la narración consciente y admirado del trabajo efectuado por el creador. La Reveu de París, una célebre publicación de la época apostó por este manuscrito, ignorando sus responsables el alud escandaloso que se cernía sobre Flaubert y su obra. Entre los años 1851 y 1856, apareció por entregas; fue un proceso lento y doloroso a juicio del propio escritor. Y, cuando por fin se publicó el libro en 1857, las autoridades no dudaron ni un minuto en denunciar lo irreverente del texto. El juicio fue seguido día a día por cientos de parisinos curiosos ante aquel proceso inusual. Flaubert, de salud frágil y dominado por las alteraciones nerviosas que le acompañaron durante toda su vida, sufrió más de la cuenta, aunque se esforzó en demostrar indolencia ante lo que estaba ocurriendo. Al fin y al cabo, aquel trance jurídico daba cierto sentido a la existencia que él había pretendido desde niño.