Artículos

Publicado el 18 de enero de 2026

Inmunoterapia mieloide emergente

Macrófagos CAR frente a neoplasias sólidas

Evidencia preclínica y clínica inicial describe plataformas celulares con capacidad infiltrativa, remodelación microambiental y funciones efectoras dirigidas, junto con limitaciones biológicas y productivas aún relevantes.

Autor/a: Maram Alrehaili, Pedro Silva Couto, Rana Khalife & Qasim A. Rafiq

Fuente: NPJ Precis Oncol . 2025 Nov 27;9(1):382. CAR-macrophages in solid tumors: promise, progress, and prospects

Fundamentos biológicos y racional terapéutico

Los macrófagos modificados con receptores quiméricos representan una estrategia innovadora dentro de las terapias celulares, al combinar mecanismos innatos de reconocimiento y fagocitosis con señalización dirigida por antígeno. A diferencia de linfocitos T, estas células muestran una infiltración fisiológica robusta en tejidos neoplásicos densos, característica especialmente relevante en contextos tumorales sólidos.

Las limitaciones observadas con terapias basadas en linfocitos T incluyen tráfico insuficiente, heterogeneidad antigénica y un entorno supresor que compromete su persistencia funcional. En este escenario, los macrófagos destacan por su abundancia intratumoral y su participación activa en la modulación del microambiente, lo que sustenta su exploración como plataforma terapéutica alternativa.

La integración de receptores quiméricos permite redirigir funciones fagocíticas y presentadoras hacia blancos tumorales específicos, manteniendo propiedades de remodelación tisular y señalización inflamatoria. Esta combinación sugiere un potencial diferencial frente a barreras físicas y funcionales presentes en tumores sólidos avanzados.

Desde el punto de vista inmunológico, estas células pertenecen al linaje mieloide y derivan de monocitos circulantes, diferenciándose tras su migración tisular. Su rol fisiológico incluye eliminación de restos celulares, presentación antigénica y secreción de citocinas reguladoras de la respuesta inmune adaptativa.

Los macrófagos exhiben una plasticidad funcional significativa, adoptando fenotipos proinflamatorios o reparativos según señales locales. En contextos neoplásicos predominan perfiles asociados a progresión tumoral, lo que ha impulsado estrategias orientadas a su reprogramación funcional mediante ingeniería genética.

La capacidad de coexistir con fenotipos híbridos refuerza la noción de respuestas dinámicas dependientes del entorno, aspecto crítico para el diseño de plataformas terapéuticas controlables y seguras.

Ingeniería genética y diseño de receptores

La introducción estable de receptores quiméricos en macrófagos presenta desafíos técnicos relevantes debido a mecanismos antivirales intrínsecos que limitan la eficiencia de transducción. Diversas estrategias han sido evaluadas, incluyendo vectores virales, edición génica y métodos no virales con diferente grado de estabilidad y expresión transgénica.

Los receptores quiméricos se componen de dominios extracelulares de reconocimiento, segmentos de anclaje y módulos intracelulares de activación. En macrófagos, estos dominios han sido adaptados para activar rutas señalizadoras compatibles con su maquinaria intracelular, diferenciándose de los diseños clásicos utilizados en linfocitos.

Las primeras generaciones priorizaron la inducción de fagocitosis dirigida, mientras que versiones posteriores incorporaron dominios coestimuladores para potenciar presentación antigénica y activación de células inmunes vecinas. Este refinamiento progresivo permitió ampliar el espectro funcional de las células modificadas.

El diseño del segmento de bisagra y del dominio transmembrana influye de manera directa sobre estabilidad, expresión y transmisión de señales. Ajustes empíricos han demostrado impacto en la intensidad de respuesta y en la interacción con componentes del microambiente tumoral.

En generaciones más avanzadas se han integrado sistemas de nanotransporte y reprogramación in vivo, orientados a inducir perfiles inflamatorios sostenidos. Estas aproximaciones buscan superar limitaciones de expansión ex vivo y favorecer aplicaciones localizadas, aunque presentan desafíos de distribución y control.

Fuentes celulares y escalabilidad productiva

La elección de la fuente celular constituye un determinante crítico para la viabilidad clínica. Los enfoques autólogos reducen riesgos inmunológicos, pero presentan costos elevados y limitaciones logísticas, especialmente por la baja capacidad proliferativa de macrófagos maduros.

Las líneas celulares mieloides han sido utilizadas como modelos experimentales iniciales por su estabilidad y reproducibilidad, permitiendo validar conceptos de ingeniería genética. Sin embargo, su aplicabilidad clínica es limitada y requiere diferenciación clara respecto de células primarias.

Los monocitos derivados de sangre periférica ofrecen mayor relevancia fisiológica, aunque su disponibilidad, variabilidad interindividual y eficiencia de modificación genética restringen su escalabilidad. Además, la producción de cantidades terapéuticas resulta compleja en pacientes con compromiso hematológico.

Las células madre pluripotentes inducidas emergen como una plataforma promisoria, al permitir expansión indefinida, modificaciones genómicas precisas y generación de productos más homogéneos. Protocolos recientes han demostrado rendimientos elevados y conservación de funciones efectoras tras diferenciación.

De manera complementaria, las células progenitoras hematopoyéticas ofrecen capacidad multilineaje y potencial para producción estandarizada. No obstante, su expansión eficiente y controlada continúa siendo un desafío técnico relevante para aplicaciones a gran escala.

La implementación de biorreactores y sistemas automatizados ha sido explorada para superar restricciones asociadas al crecimiento adherente. La estandarización de procesos resulta esencial para cumplir requisitos regulatorios y garantizar reproducibilidad, aspecto aún en desarrollo para estas terapias.

Evidencia preclínica, clínica y limitaciones

Los modelos preclínicos han demostrado actividad citotóxica frente a diversos blancos tumorales, tanto en neoplasias hematológicas como sólidas. Estas células mostraron infiltración tumoral eficiente, presentación antigénica cruzada y activación de respuestas inmunes adaptativas.

En estudios animales, se observó persistencia limitada pero suficiente para inducir reducción tumoral y prolongación de supervivencia. La comparación con otras terapias celulares sugiere una menor incidencia de toxicidad sistémica asociada a liberación masiva de citocinas.

Los primeros ensayos clínicos fase temprana confirmaron perfiles de seguridad favorables, con eventos adversos manejables y señales preliminares de actividad antitumoral en subgrupos seleccionados. La magnitud del efecto clínico se correlacionó con la expresión del antígeno diana.

A pesar de estos avances, la persistencia in vivo continúa siendo una limitación central. La vida media corta de los macrófagos obliga a considerar esquemas repetidos o el uso de precursores con mayor capacidad circulante.

Existen, además, preocupaciones vinculadas a inflamación excesiva, toxicidad fuera del blanco y complejidad manufacturera. La heterogeneidad fenotípica y la dependencia del microambiente plantean desafíos adicionales para la estandarización terapéutica.

La transición desde investigación a producción comercial requiere plataformas robustas, escalables y reproducibles, aún no plenamente consolidadas para este tipo celular. La comparación con sistemas establecidos para linfocitos evidencia una brecha tecnológica relevante.

Conclusiones

Los macrófagos modificados con receptores quiméricos constituyen una estrategia emergente con fundamentos biológicos sólidos para el tratamiento de tumores sólidos. Su capacidad infiltrativa, plasticidad funcional y potencial modulador del entorno neoplásico los posicionan como una alternativa complementaria a otras terapias celulares.

La evidencia disponible demuestra viabilidad preclínica y seguridad clínica inicial, aunque persisten limitaciones en persistencia, escalabilidad y control funcional. El desarrollo de fuentes celulares estandarizadas y plataformas productivas eficientes será determinante para su implementación futura.

El progreso sostenido en ingeniería genética, bioprocesos y diseño celular será clave para traducir este enfoque en opciones terapéuticas consolidadas, con impacto clínico sostenido en oncología de precisión.