Según los investigadores, la suciedad, e incluso la contaminación, pueden ayudar a que el sistema inmunológico de los chicos madure antes y desarrolle una mejor tolerancia a sustancias presentes en el ambiente que, como el polen y algunas bacterias, suelen provocar alergias e infecciones. El hallazgo, publicado recientemente en el New England Journal of Medicine (http://content.nejm.org/) , de los Estados Unidos, representa una evidencia más a favor de la “hipótesis de la higiene”, una teoría que sugiere que muchos progresos del siglo XX (entre ellos, la masificación de los baños y los antibióticos) contribuyeron al incremento del número de alérgicos y asmáticos, como así también a la disminución de las infecciones tempranas. Según esta teoría, los ambientes medianamente sucios y las pequeñas infecciones tempranas ayudan a que el sistema inmunológico se desarrolle antes y mejor.
El estudio que lo afirma fue liderado por la doctora Charlotte Braun-Fahrländer (http://content.nejm.org/cgi/content/full/347/12/869), del Instituto de Medicina Social y Preventiva de Basilea, Suiza, quien determinó que los chicos que viven en contextos rurales son menos proclives a padecer alergia y asma. También concluyó que cuanto más expuestos están los chicos a ciertas bacterias, tienen menos probabilidades de enfermarse. Ya había otros estudios anteriores que apoyaban la hipótesis de la higiene, sugiriendo, entre otras cosas, que los chicos que tienen mascotas, tienen familias numerosas y van al jardín de infantes (todos entornos ricos en gérmenes) tienen menos probabilidades de desarrollar asma. Claro que esto no implica que la gente tenga que salir a comprar mascotas, dejar de limpiar la casa, frecuentar granjas ni mandar a sus hijos a la guardería. El asunto no es tan simple.
Los investigadores dicen que aún siguen sin entender bien los mecanismos del asma y las alergias como para recomendar este tipo de decisiones. Hay más de 25 genes en juego y algunas familias tienen una tendencia tan fuerte a sufrir de alergias que, según la doctora Braun-Fahrländer, “ni siquiera mudarse a un granero sería suficiente”. Incluso, a los chicos que ya tienen alergias, estar cerca de animales o muy expuestos al polvo les puede empeorar la vida. En el estudio participaron 319 chicos de poblaciones rurales y 493 de hogares urbanos, todos ellos de entre 6 y 13 años, provenientes de Austria, Alemania y Suiza. Entre los niños que vivían en el campo, el 4,1 por ciento había sufrido fiebre del heno y el 3,1, asma. Entre los que vivían en la ciudad, las tasas eran muy superiores: el 10,5 había tenido fiebre del heno y 5,9, asma de origen alérgico.
Los investigadores también midieron los niveles de una sustancia llamada endotoxina en los colchones de los chicos evaluados. La endotoxina es un grupo de varios tipos de bacterias y sus niveles tienden a ser altos en las granjas. Los científicos determinaron que, a mayor concentración de endotoxina, menos casos de asma y alergia. Sin embargo, están buscando otras sustancias que puedan colaborar con el desarrollo del sistema inmunológico. “Puede que el estudio derive en algún nuevo tratamiento o vacuna que, aplicada en los primeros años de vida, ayude a prevenir el asma y las alergias; pero creo que la endotoxina no será de la partida. Sería peligroso porque podría hasta matar a algunos pacientes”, dijo el doctor Donald Leung, director de la división de alergia e inmunología pediátrica del National Jewish Medical and Research Center de Denver, EE.UU..