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Publicado el 17 de septiembre de 2026

¿Qué riesgo permanece oculto?

Lipoproteína(a) elevada y presión arterial controlada: una alerta adicional

La meta tensional no resume por completo el perfil de un paciente hipertenso. Esta partícula lipoproteica, cuya concentración depende principalmente de la genética, se asoció con enfermedad cardiovascular establecida aun entre quienes alcanzaban el objetivo terapéutico.

Autor/a: Nicolás F Renna, Matías Arrupe, Juan Bautista Soumoulou, Santiago Lynch, Federico Salazar, Ezequiel Forte, Flavia Salati, Sergio Giménez, Augusto Lavalle-Cobo, Gustavo Lavenia, María Gabriela Matta, Laura Schreier, Pablo Corral

Fuente: J Clin Lipidol 2026 Aug 22:S1933-2874(26)00490-3 Elevated lipoprotein(a) and prevalent cardiovascular disease burden in treated hypertension

Una exposición poco modificable

La lipoproteína(a) [Lp(a)] es una partícula que contiene apolipoproteína B y una apolipoproteína adicional denominada apo(a). Presenta propiedades aterogénicas, inflamatorias y protrombóticas, y está reconocida como un factor causal de enfermedad cardiovascular aterosclerótica.

Su concentración está determinada principalmente por la genética, permanece relativamente estable durante la vida adulta y se modifica poco con los hábitos o las terapias hipolipemiantes convencionales. Estas características la diferencian de otros factores incluidos en la evaluación habitual.

La hipertensión arterial, por su parte, se relaciona con disfunción endotelial, inflamación y rigidez vascular. Aunque reducir la presión disminuye el riesgo cardiovascular, los pacientes tratados mantienen perfiles clínicos heterogéneos.

El análisis examinó si la Lp(a) elevada se asociaba con enfermedad cardiovascular ya establecida después de considerar el valor tensional alcanzado.

La presión de consultorio como referencia

El trabajo fue un análisis transversal predefinido del registro multicéntrico del Grupo Argentino para el Estudio de la Lipoproteína(a). La población final estuvo integrada por 2313 adultos con hipertensión tratada, una edad promedio de 61 años y una proporción elevada de pacientes que recibían estatinas.

La presión se midió después de cinco minutos de reposo y se utilizó el promedio de tres registros consecutivos. Se consideró controlada cuando la cifra de consultorio era ≤130/80 mmHg. Este criterio se cumplió en el 46,2% de la cohorte.

Las determinaciones de Lp(a) se realizaron localmente con diferentes ensayos. Debido a que no existe una conversión exacta entre mg/dL y nmol/L, los autores analizaron por separado las mediciones informadas en cada unidad. El análisis principal utilizó los valores expresados en nmol/L y el umbral de 125 nmol/L.

El desenlace fue la presencia, al momento de la inclusión, de infarto de miocardio, accidente cerebrovascular isquémico, revascularización coronaria o enfermedad coronaria documentada. El 18,4% tenía enfermedad cardiovascular prevalente. El estudio no evaluó la aparición de nuevos episodios durante un seguimiento.

Una asociación presente en ambos grupos

Después de ajustar por edad, sexo, diabetes, tabaquismo, colesterol LDL, uso de estatinas y situación tensional, las concentraciones más altas de Lp(a) se asociaron con una mayor prevalencia del desenlace compuesto.

Los participantes con valores ≥125 nmol/L presentaron odds 38% mayores de enfermedad cardiovascular que aquellos con concentraciones inferiores (OR 1,38; IC 95%: 1,02–1,88). El análisis como variable continua mostró una relación en la misma dirección.

La asociación también se observó al separar a los participantes según el cumplimiento de la meta. Entre quienes tenían la presión controlada, la probabilidad ajustada de enfermedad cardiovascular fue del 10,5% con Lp(a) <125 nmol/L y del 19,3% con valores elevados. En el grupo que no cumplía el criterio tensional, las probabilidades fueron del 12,8% y 19,7%, respectivamente.

No se detectó una interacción significativa entre la Lp(a) y el control de la presión. Este resultado indica que la asociación se observó en ambos grupos, pero no demuestra una acción conjunta o sinérgica entre las dos variables.

Los análisis estratificados por uso de estatinas mantuvieron la misma dirección, aunque la asociación fue más atenuada entre quienes recibían estos fármacos. La marcada relación entre el tratamiento con estatinas y la enfermedad cardiovascular probablemente responde a confusión por indicación: los pacientes con antecedentes o mayor riesgo tenían más probabilidades de estar tratados.

En el subgrupo con estudios por imágenes, la Lp(a) no se asoció de manera independiente con aterosclerosis subclínica. La cantidad de pacientes evaluados y la heterogeneidad de los métodos de diagnóstico limitan la interpretación de este resultado.

Alcance clínico y límites

Los hallazgos muestran que la relación entre Lp(a) elevada y enfermedad cardiovascular prevalente se mantiene después de considerar la presión registrada en consultorio y otros factores convencionales. Son compatibles con el valor de esta medición para caracterizar de forma más completa a los pacientes con hipertensión tratada.

Sin embargo, el trabajo no demuestra capacidad para predecir nuevos eventos, mejorar la clasificación pronóstica ni modificar los resultados clínicos. Tampoco permite afirmar que la Lp(a) haya causado los antecedentes registrados. Para responder esas preguntas se necesitan estudios longitudinales.

La medición tensional durante la inclusión no representa la exposición acumulada a lo largo del tiempo. El registro tampoco contó de forma sistemática con información sobre duración de la hipertensión, adherencia o clases de antihipertensivos. A esto se suman la variabilidad entre los ensayos de Lp(a), la selección de pacientes en centros cardiovasculares y la ausencia de una adjudicación central de los desenlaces.

Las recomendaciones actuales ya proponen medir la Lp(a) al menos una vez durante la vida adulta. Este análisis no establece una nueva indicación, pero aporta información específica sobre personas con hipertensión tratada: una concentración elevada se relacionó con mayor presencia de enfermedad cardiovascular con independencia de la meta tensional alcanzada. La evaluación prospectiva deberá determinar su contribución pronóstica en esta población.

Comentario experto a cargo del Dr. Nicolás Federico Renna*

El análisis incluyó aproximadamente 2300 adultos con hipertensión arterial tratada y evaluó si la concentración de lipoproteína(a) se asociaba con una mayor frecuencia de eventos cardiovasculares, incluso cuando la presión arterial se encontraba controlada por debajo de 130/80 mmHg.

Los resultados mostraron que la asociación de la Lp(a) con los eventos fue independiente del control hemodinámico. Entre los participantes con valores de presión arterial dentro del objetivo terapéutico, aquellos con Lp(a) elevada presentaron un 24 % más de odds de eventos cardiovasculares que quienes no tenían esta alteración (odds ratio: 1,24). En las personas con concentraciones superiores a 125 nmol/L, el incremento fue cercano al 19 % tras considerar otras variables clínicas.

Dado que se trata de un análisis retrospectivo basado en un registro, estos resultados no permiten establecer causalidad. Sin embargo, ponen de relieve un aspecto clínicamente relevante: alcanzar el objetivo de presión arterial no elimina todo el riesgo cardiovascular. La Lp(a) elevada puede contribuir a un riesgo residual que persiste aun en pacientes hipertensos adecuadamente tratados.


*Médico cardiólogo e investigador clínico. Presidente de la Inter-American Society of Hypertension, jefe de la Unidad Coronaria del Hospital Español de Mendoza e investigador de CONICET–IMBECU. Especialista en hipertensión, riesgo cardiovascular, lipoproteína(a) e investigación traslacional. Docente de grado y posgrado.