| El glioblastoma representa más de la mitad de los tumores malignos del sistema nervioso central y es el tumor cerebral maligno primario más frecuente y agresivo en adultos. Su crecimiento rápido e infiltrativo y su elevada tasa de recurrencia explican, en parte, un pronóstico que continúa siendo desfavorable. |
La estrategia terapéutica de referencia combina la máxima resección segura con radioterapia y temozolomida concomitante y adyuvante. Aun con este abordaje, la mediana de supervivencia permanece entre 12 y 18 meses y menos del 10% de los pacientes continúa con vida a los cinco años. La incorporación del diagnóstico molecular y de técnicas quirúrgicas avanzadas ha permitido una atención más precisa, aunque su disponibilidad no es uniforme.
La información procedente de América Latina y el Caribe se encontraba dispersa en series institucionales y estudios con diferencias importantes en sus poblaciones, intervenciones y desenlaces. La revisión reunió la evidencia publicada entre 2015 y 2025 para caracterizar las estrategias terapéuticas utilizadas, su distribución geográfica y los resultados clínicos informados.
Prácticas clínicas y disponibilidad tecnológica
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La revisión incluyó 34 publicaciones: 30 estudios primarios y cuatro trabajos de síntesis. La investigación original procedía de siete países. Brasil concentró 14 estudios; México, cinco; Chile, cuatro; Perú, tres; Colombia, dos; y Cuba y Argentina, uno cada uno. La inclusión de estos países ofrece una base regional para reconocer patrones compartidos y orientar futuras colaboraciones multicéntricas.
Predominaron los diseños retrospectivos, con muestras que variaron desde pequeñas series institucionales hasta una cohorte brasileña de 4511 pacientes. Las diferencias en edad, estado funcional, criterios diagnósticos y recursos disponibles redujeron la comparabilidad entre los trabajos.
El protocolo de Stupp fue mencionado en 24 publicaciones. De ellas, 13 no especificaron las dosis de radioterapia, los ciclos de temozolomida o las modificaciones realizadas. Una misma denominación pudo abarcar esquemas distintos, interrupciones por toxicidad o tratamientos incompletos.
La cirugía formó parte del abordaje en todos los trabajos, aunque solo 20 describieron la extensión de la resección. Los umbrales empleados para clasificarla como total, subtotal o parcial no fueron uniformes. Apenas cuatro investigaciones detallaron cómo se evaluó el volumen residual mediante resonancia magnética, tomografía u otra valoración radiológica. La evaluación posoperatoria del volumen residual es necesaria para clasificar la resección y comparar los resultados entre centros. Además, varias cohortes asociaron las resecciones más amplias con una evolución más favorable.
Ocho publicaciones describieron técnicas quirúrgicas especializadas, entre ellas cirugía con el paciente despierto, mapeo cortical y subcortical, neurofisiología, fluoresceína sódica e imágenes intraoperatorias. Algunos resultados asociaron estos recursos con una resección más extensa y preservación funcional. La mayoría procedía de centros de alta complejidad y de muestras pequeñas, por lo que no es posible atribuirles un beneficio causal.
La caracterización molecular también fue irregular. El estado mutacional de la isocitrato deshidrogenasa (IDH), relevante para la clasificación y el pronóstico, y la metilación del promotor de la O6-metilguanina-ADN metiltransferasa (MGMT), una enzima reparadora del ADN asociada con la respuesta a la temozolomida, no se informaron de manera sistemática. Esta ausencia dificulta separar la influencia de la biología tumoral de la correspondiente a las intervenciones recibidas.
Los desenlaces se concentraron en la supervivencia global y libre de progresión. Los síntomas, la toxicidad estandarizada y las pérdidas durante el seguimiento recibieron menor atención. Incorporar la calidad de vida y la función neurocognitiva permitiría evaluar de forma más completa la evolución de personas con una enfermedad de alta carga funcional.
Resultados asociados con el acceso asistencial
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Diecisiete trabajos comunicaron medianas de supervivencia global, con valores comprendidos entre 3,6 y 19,07 meses. La mediana de las medianas fue de 12,2 meses, con un rango intercuartílico de 9,48. Esta cifra resume de manera descriptiva los valores publicados: no corresponde a un metanálisis, no pondera el tamaño de las muestras y no representa una estimación única para toda la región.
La supervivencia libre de progresión se informó en seis estudios y varió entre 7 y 22,7 meses, aunque la mayoría de los resultados se concentró entre 9 y 11 meses. Algunas cohortes registraron asociaciones favorables con una resección más extensa, la combinación de radioterapia y temozolomida o un intervalo más breve entre la cirugía y la terapia adyuvante. El diseño observacional impide confirmar que esas intervenciones expliquen por sí solas las diferencias.
Las condiciones sociales y sanitarias aportaron otra dimensión. Una cohorte brasileña de 4511 pacientes informó una mediana de supervivencia de 8 meses en el sector público y de 17 meses en el privado. También registró variaciones asociadas con el nivel educativo y la modalidad terapéutica. Estos datos no establecen causalidad, pero justifican incorporar variables de acceso, contexto socioeconómico y organización asistencial en futuras investigaciones.
La evaluación metodológica exige cautela. Entre los 14 estudios comparativos analizados, ninguno presentó bajo riesgo de sesgo: siete fueron clasificados con riesgo moderado, cuatro con riesgo serio y tres con riesgo crítico. Las tres revisiones sistemáticas incluidas recibieron calificaciones bajas o críticamente bajas. Las principales deficiencias fueron el control insuficiente de factores de confusión, los datos faltantes y la incorporación limitada del riesgo de sesgo en las conclusiones.

La literatura confirma la presencia de cirugía, radioterapia y temozolomida en la práctica latinoamericana, junto con una adopción progresiva de técnicas quirúrgicas avanzadas y herramientas moleculares. La concentración geográfica de los datos y la falta de criterios uniformes impiden determinar con precisión su disponibilidad y sus efectos en distintos sistemas sanitarios. Registros prospectivos multicéntricos, una medición homogénea de la resección y la integración de biomarcadores, variables sociales y desenlaces funcionales permitirían obtener resultados más comparables y aplicables a la atención.
*Dr. Elias Ortega Chahla. Médico Oncólogo Clínico - Unidad Funcional de Neuro-Oncología del Instituto de Oncología Ángel H. Roffo. Docente Adscripto - Facultad de Medicina (UBA).
Publicado el 17 de septiembre de 2026
Diez años de producción científica
Glioblastoma en América Latina: una mirada regional sobre tratamiento y supervivencia
Cirugía, radioterapia y temozolomida continúan como pilares de la atención, acompañadas por una incorporación progresiva de técnicas avanzadas y biomarcadores.
Autor/a: Matías A Atencio, Elías J Ortega Chahla, Mirko Vidic, Candela V Giuffré, Mickaela Echavarría Demichelis, Joaquín A Luini, Franco E Espinoza, Ana M Rosas, María Cruz Germain, Abril Montani, Iñaki M Dopazo Danieli, Joel A Schernenco, Lucas G Durán, María E Esandi
Fuente: ecancermedicalscience Treatment strategies for non-recurrent glioblastoma in Latin America and the Caribbean: a scoping review of the regional evidence
La estrategia terapéutica de referencia combina la máxima resección segura con radioterapia y temozolomida concomitante y adyuvante. Aun con este abordaje, la mediana de supervivencia permanece entre 12 y 18 meses y menos del 10% de los pacientes continúa con vida a los cinco años. La incorporación del diagnóstico molecular y de técnicas quirúrgicas avanzadas ha permitido una atención más precisa, aunque su disponibilidad no es uniforme.
La información procedente de América Latina y el Caribe se encontraba dispersa en series institucionales y estudios con diferencias importantes en sus poblaciones, intervenciones y desenlaces. La revisión reunió la evidencia publicada entre 2015 y 2025 para caracterizar las estrategias terapéuticas utilizadas, su distribución geográfica y los resultados clínicos informados.
Prácticas clínicas y disponibilidad tecnológica
La revisión incluyó 34 publicaciones: 30 estudios primarios y cuatro trabajos de síntesis. La investigación original procedía de siete países. Brasil concentró 14 estudios; México, cinco; Chile, cuatro; Perú, tres; Colombia, dos; y Cuba y Argentina, uno cada uno. La inclusión de estos países ofrece una base regional para reconocer patrones compartidos y orientar futuras colaboraciones multicéntricas.
Predominaron los diseños retrospectivos, con muestras que variaron desde pequeñas series institucionales hasta una cohorte brasileña de 4511 pacientes. Las diferencias en edad, estado funcional, criterios diagnósticos y recursos disponibles redujeron la comparabilidad entre los trabajos.
El protocolo de Stupp fue mencionado en 24 publicaciones. De ellas, 13 no especificaron las dosis de radioterapia, los ciclos de temozolomida o las modificaciones realizadas. Una misma denominación pudo abarcar esquemas distintos, interrupciones por toxicidad o tratamientos incompletos.
La cirugía formó parte del abordaje en todos los trabajos, aunque solo 20 describieron la extensión de la resección. Los umbrales empleados para clasificarla como total, subtotal o parcial no fueron uniformes. Apenas cuatro investigaciones detallaron cómo se evaluó el volumen residual mediante resonancia magnética, tomografía u otra valoración radiológica. La evaluación posoperatoria del volumen residual es necesaria para clasificar la resección y comparar los resultados entre centros. Además, varias cohortes asociaron las resecciones más amplias con una evolución más favorable.
Ocho publicaciones describieron técnicas quirúrgicas especializadas, entre ellas cirugía con el paciente despierto, mapeo cortical y subcortical, neurofisiología, fluoresceína sódica e imágenes intraoperatorias. Algunos resultados asociaron estos recursos con una resección más extensa y preservación funcional. La mayoría procedía de centros de alta complejidad y de muestras pequeñas, por lo que no es posible atribuirles un beneficio causal.
La caracterización molecular también fue irregular. El estado mutacional de la isocitrato deshidrogenasa (IDH), relevante para la clasificación y el pronóstico, y la metilación del promotor de la O6-metilguanina-ADN metiltransferasa (MGMT), una enzima reparadora del ADN asociada con la respuesta a la temozolomida, no se informaron de manera sistemática. Esta ausencia dificulta separar la influencia de la biología tumoral de la correspondiente a las intervenciones recibidas.
Los desenlaces se concentraron en la supervivencia global y libre de progresión. Los síntomas, la toxicidad estandarizada y las pérdidas durante el seguimiento recibieron menor atención. Incorporar la calidad de vida y la función neurocognitiva permitiría evaluar de forma más completa la evolución de personas con una enfermedad de alta carga funcional.
Resultados asociados con el acceso asistencial
Diecisiete trabajos comunicaron medianas de supervivencia global, con valores comprendidos entre 3,6 y 19,07 meses. La mediana de las medianas fue de 12,2 meses, con un rango intercuartílico de 9,48. Esta cifra resume de manera descriptiva los valores publicados: no corresponde a un metanálisis, no pondera el tamaño de las muestras y no representa una estimación única para toda la región.
La supervivencia libre de progresión se informó en seis estudios y varió entre 7 y 22,7 meses, aunque la mayoría de los resultados se concentró entre 9 y 11 meses. Algunas cohortes registraron asociaciones favorables con una resección más extensa, la combinación de radioterapia y temozolomida o un intervalo más breve entre la cirugía y la terapia adyuvante. El diseño observacional impide confirmar que esas intervenciones expliquen por sí solas las diferencias.
Las condiciones sociales y sanitarias aportaron otra dimensión. Una cohorte brasileña de 4511 pacientes informó una mediana de supervivencia de 8 meses en el sector público y de 17 meses en el privado. También registró variaciones asociadas con el nivel educativo y la modalidad terapéutica. Estos datos no establecen causalidad, pero justifican incorporar variables de acceso, contexto socioeconómico y organización asistencial en futuras investigaciones.
La evaluación metodológica exige cautela. Entre los 14 estudios comparativos analizados, ninguno presentó bajo riesgo de sesgo: siete fueron clasificados con riesgo moderado, cuatro con riesgo serio y tres con riesgo crítico. Las tres revisiones sistemáticas incluidas recibieron calificaciones bajas o críticamente bajas. Las principales deficiencias fueron el control insuficiente de factores de confusión, los datos faltantes y la incorporación limitada del riesgo de sesgo en las conclusiones.
Conclusión
La literatura confirma la presencia de cirugía, radioterapia y temozolomida en la práctica latinoamericana, junto con una adopción progresiva de técnicas quirúrgicas avanzadas y herramientas moleculares. La concentración geográfica de los datos y la falta de criterios uniformes impiden determinar con precisión su disponibilidad y sus efectos en distintos sistemas sanitarios. Registros prospectivos multicéntricos, una medición homogénea de la resección y la integración de biomarcadores, variables sociales y desenlaces funcionales permitirían obtener resultados más comparables y aplicables a la atención.
*Dr. Elias Ortega Chahla. Médico Oncólogo Clínico - Unidad Funcional de Neuro-Oncología del Instituto de Oncología Ángel H. Roffo. Docente Adscripto - Facultad de Medicina (UBA).