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Publicado el 10 de septiembre de 2025

¿Más daño que beneficio?

Las radiografías pueden aumentar la ansiedad y llevar a cirugías innecesarias

Mostrar radiografías a pacientes con osteoartritis de rodilla incrementa su percepción de necesidad de cirugía de reemplazo articular. Las guías clínicas desaconsejan su uso rutinario.

Aunque las guías clínicas internacionales —como las del Australian Commission on Safety and Quality in Health Care— desaconsejan el uso rutinario de radiografías en la sospecha de osteoartritis de rodilla, casi la mitad de los pacientes que consultan por primera vez reciben indicación de estudios por imágenes.

Un estudio publicado en PLOS Medicine demostró que esta práctica no solo es innecesaria, sino que puede aumentar la ansiedad, el miedo al movimiento y la percepción de necesidad de cirugía en los pacientes, incluso cuando existen alternativas terapéuticas menos invasivas y igualmente efectivas.

La osteoartritis es una enfermedad multifactorial que afecta no solo al cartílago, sino también a huesos, ligamentos y músculos. Su manejo óptimo incluye educación, ejercicio, control de peso y analgésicos, reservando la cirugía de reemplazo articular para casos graves y refractarios. Sin embargo, persiste la creencia —tanto en pacientes como en profesionales— de que las radiografías son esenciales para confirmar el diagnóstico o evaluar la gravedad.

El estudio liderado por investigadores de la Universidad de Melbourne comparó tres grupos de pacientes:

  1. Diagnóstico clínico (basado en síntomas y edad, sin radiografías).
  2. Diagnóstico con radiografía (pero sin mostrar la imagen al paciente).
  3. Diagnóstico con radiografía y visualización de la imagen.

Los pacientes que vieron sus radiografías tuvieron un 36 % más de probabilidades de considerar necesaria una cirugía de reemplazo de rodilla, en comparación con quienes recibieron solo un diagnóstico clínico. Además, presentaron mayor miedo al ejercicio, creyendo que la actividad física podría dañar más sus articulaciones, y una mayor preocupación por el empeoramiento de su condición.

¿Por qué las radiografías pueden ser contraproducentes?

La gravedad de los cambios estructurales en una radiografía no predice el nivel de dolor ni la discapacidad del paciente. Algunos con mínimos hallazgos radiográficos sufren dolor intenso, mientras que otros con cambios avanzados tienen síntomas leves.

Por otro lado, ver imágenes de "desgaste articular" refuerza la idea errónea de que la osteoartritis es un proceso de "desgaste y rotura", lo que genera ansiedad y catastrofismo. Esto contrasta con la evidencia actual, que enfatiza el componente inflamatorio y metabólico de la enfermedad. En Australia, por ejemplo, las radiografías para osteoartritis representan un gasto anual de A$ 104,7 millones, sin contar los costos indirectos de cirugías innecesarias.

Las guías internacionales, como las del National Institute for Health and Care Excellence (NICE) del Reino Unido, recomiendan un diagnóstico clínico para la osteoartritis de rodilla en mayores de 45 años, basado en:

  • Dolor articular con la actividad.
  • Rigidez matutina de menos de 30 minutos.
  • Ausencia de signos de inflamación aguda.

El tratamiento es, básicamente, la combinación de:

  • Ejercicio terapéutico: Programas de fortalecimiento y movilidad reducen el dolor y mejoran la función.
  • Educación del paciente: Desmitificar la idea de que el "desgaste" es irreversible ayuda a reducir el miedo al movimiento.
  • Manejo farmacológico: Paracetamol y antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) siguen siendo primera línea para el dolor.

Implicancias para la práctica clínica

Los autores del estudio subrayan que reducir las radiografías innecesarias no solo optimiza recursos, sino que empodera a los pacientes para adoptar tratamientos activos, como el ejercicio, sin el peso de un diagnóstico visualmente alarmista. Este abordaje podría disminuir la lista de espera para cirugías de reemplazo articular, reducir complicaciones posoperatorias (trombosis, infecciones) y mejorar la calidad de vida con intervenciones menos invasivas.

La osteoartritis de rodilla es un desafío global, pero la solución no está en más imágenes, sino en diagnósticos clínicos precisos, educación del paciente y adherencia a guías basadas en evidencia. Como señalan los investigadores, el verdadero "daño" puede estar en lo que el paciente ve —e interpreta— en una radiografía, no en la articulación misma.