(La Nacion)
LONDRES (EFE).- A pesar de que un tercio de los países no cuentan con un presupuesto específico para tratarlas, los trastornos mentales se han convertido en la enfermedad no contagiosa más extendida en el mundo e incrementan el riesgo de otras dolencias, como los problemas cardíacos o la diabetes.
Estos trastornos, frecuentemente menospreciados o incluso ignorados, tienen una incidencia del 28 por ciento y han superado al cáncer en el ranking mundial de enfermedades no contagiosas. Además, son causa del 14 por ciento de las dolencias que se registran en otras especialidades en el mundo.
Estas son las conclusiones de un informe publicado ayer en la revista científica británica The Lancet , que dedica todo el número a la salud mental con el fin de presionar a las instituciones mundiales para que presten mayor atención a este flagelo que no reconoce fronteras.
En promedio, este tipo de males sólo recibe un 3,76 por ciento del presupuesto sanitario total.
Mayor sensibilidad
Dirigido por el profesor Martin Prince, del Instituto de Psiquiatría del King s College de Londres, el primero de los artículos que integran este trabajo prueba que los problemas de salud mental, que van desde la depresión hasta la esquizofrenia, incrementan el riesgo de desarrollar enfermedades físicas, como problemas del corazón, diabetes, HIV/sida o malaria, al tiempo que complican los tratamientos de estos otros cuadros.
En un momento en el que el 90 por ciento de las 800.000 personas que cada año se suicidan en todo el mundo presenta algún trastorno neuropsiquiátrico, el estudio reclama una mayor sensibilidad frente a la salud mental, que debería integrarse "en todas las políticas sanitarias y sociales, así como en la planificación del sistema de salud".
Escasez de recursos para los trastornos mentales, desigualdad en el acceso e ineficacia en el uso de las diferentes terapias son las principales dificultades que afronta la lucha contra los problemas de salud mental, según otro de los artículos publicados por The Lancet .
Este segundo estudio muestra que una quinta parte de los países con presupuesto para trastornos mentales gasta menos de un uno por ciento en el tratamiento de esas dolencias, que suelen ser menospreciadas en los sistemas de salud de la mayoría de los países de rentas bajas y medias.
El factor humano
"Más que de tecnologías avanzadas, la resolución de los problemas de salud mental depende de disponer de buenos profesionales", subraya el informe.
Y más adelante agrega que el costo de proveer de los recursos necesarios para estas enfermedades sería tan sólo de dos dólares por persona en los países subdesarrollados y de tres a cuatro dólares en los de rentas medias.
En la presentación realizada ayer en Londres de este número especial de The Lancet , su director, Richard Horton, destacó que los trastornos mentales "no sólo están descuidados, sino profundamente estigmatizados en nuestra sociedad".
Añadió que las instituciones mundiales han hecho "muy poco, por no decir casi nada [para combatir] esta cultura y esta oportunidad perdida".
Por su parte, el economista y director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia, Estados Unidos, Jeffrey Sachs, se mostró convencido de que combatir los problemas de salud mental es "uno de los desafíos" a los que se enfrenta la sociedad del siglo XXI.
"No se trata sólo de conseguir más presupuesto, sino que es vital hacer llegar los recursos a los países con ingresos menores", porque la pobreza y la falta de educación son, precisamente, dos de los factores que más predisponen a los desórdenes mentales, concluyó Sachs.
(El Mundo)
La salud mental en el mundo: todo por hacer
La revista 'The Lancet' publica una serie de artículos sobre estos trastornos.
Investigadores de todo el mundo denuncian la crítica situación de muchos pacientes.
Poca inversión, una mala gestión y la estigmatización son algunas de las barreras.
ÁNGELES LÓPEZ
MADRID.- El 14% de todas las enfermedades en todo el mundo corresponde a patologías neuropsiquiátricas. Sin embargo, más de un tercio de las personas con esquizofrenia y una de cada dos con otro trastorno mental no recibe ningún tratamiento. La revista 'The Lancet' analiza, a través de una serie de artículos, la situación de estos pacientes, los retos por abordar y las posibles soluciones para alcanzarlos.
Con la idea de lanzar una llamada de atención internacional, 'The Lancet' ha reunido una serie de artículos elaborados por especialistas de todo el mundo con el propósito de dar a conocer las deficiencias que existen en torno a la salud mental, además de incentivar tanto a políticos como donantes y profesionales para que ofrezcan más ayudas en la lucha contra estas enfermedades.
Los trastornos neuropsiquiátricos engloban un gran número de patologías que van desde la esquizofrenia o la depresión hasta la adicción alcohólica. Cada año, más del 30% de la población mundial sufrirá alguna enfermedad de este tipo. Sin embargo, existen lagunas terapéuticas en casi el 90% de los países en desarrollo.
Los datos que recogen estos informes en torno a la salud mental son desmoralizadores. A pesar de algunas iniciativas, como las llevadas a cabo por la Organización Mundial de la Salud o su homóloga en Latinoamérica para concienciar sobre la gravedad de estos trastornos, poco se ha hecho para pasar de la teoría a la práctica, según denuncia en uno de los artículos Martin Prince, del Instituto de Psiquiatría de Londres, junto con otros colegas.
La base de otras enfermedades
Prince pone de manifiesto en dicho artículo, titulado 'No hay salud sin salud mental', los numerosos problemas relacionados con las enfermedades psiquiátricas. Además de todas las causas de mortalidad, incluido el suicidio, estos trastornos conllevan un mayor riesgo de desarrollar otros problemas. Un ejemplo son las patologías cardiovasculares que aparecen con más frecuencia entre las personas que sufren depresión, ansiedad o trastorno bipolar.
A esas enfermedades hay que añadir otros síntomas que para los médicos no tienen una explicación lógica, son los denominados somáticos: dolor, fatiga, mareos... o algunos síndromes como el de intestino irritable, la fibromialgia o la disfunción témporo mandibular. Estos trastornos generan cada año grandes gastos, tan sólo en Estados Unidos son responsables de un coste sanitario que alcanza cada año los 256.000 millones de dólares.
En muchos casos el flujo entre enfermedad mental y otra patología es bidireccional, es decir, una depresión puede conducir a otro trastorno o al contrario. Por ejemplo, muchas personas diabéticas desarrollan depresión asociada con alguna de las complicaciones del trastorno metabólico como la retinopatía diabética o la nefropatía.
Por otro lado, los trastornos psiquiátricos están relacionados con un peor cumplimiento de las terapias, y cuando se trata de tratamientos de enfermedades infecciosas, como el sida o la tuberculosis, las consecuencias pueden ser graves como la aparición de un mayor número de resistencias o un peor pronóstico del paciente.
Pocos programas, menos financiación
Si la situación es mala en general, los hechos llegan a ser críticos para los países en vías de desarrollo. Según un informe mundial, tan sólo el 11% de los casos graves de trastornos mentales en China recibe algún tratamiento. Esa cifra es similar, del 10,4%, cuando los pacientes viven en Nigeria.
"La mayoría de los intentos de mejorar la cobertura [para los enfermos de estos países] han sido inadecuadamente planificados y administrados", reza otro artículo de la revista. "Nuestra llamada de atención se dirige a los actores involucrados --gobernantes, agencias multi y bilaterales, donantes (que frecuentemente ignoran la salud mental), especialistas en salud mental y pública, investigadores, sociedad civil y consumidores", exponen los autores.
Según estos investigadores, procedentes de centros de todo el mundo, para mejorar la cobertura de estas personas se requeriría un gasto extra de 20 céntimos de dólar por persona y año para un país pobre y de 30 para un país de ingresos medios, es decir, un gasto de dos y tres dólares por persona, respectivamente.
Para contribuir a ese desarrollo se deben superar, no obstante, algunas barreras: priorizar la salud mental en la agenda pública de salud; mejorar la organización de los servicios relacionados con estas patologías; descentralizar la atención ofrecida en los hospitales y potenciar la ofrecida en la atención primaria; educar a más profesionales de la salud en estas enfermedades; y por último, destinar más especialistas en salud mental a puestos directivos de salud pública.
Publicado el 3 de septiembre de 2007
Más extendidas que el cáncer
Las enfermedades mentales causan el 14% de las dolencias
Lo afirma un estudio en The Lancet.
(La Nacion)
LONDRES (EFE).- A pesar de que un tercio de los países no cuentan con un presupuesto específico para tratarlas, los trastornos mentales se han convertido en la enfermedad no contagiosa más extendida en el mundo e incrementan el riesgo de otras dolencias, como los problemas cardíacos o la diabetes.
Estos trastornos, frecuentemente menospreciados o incluso ignorados, tienen una incidencia del 28 por ciento y han superado al cáncer en el ranking mundial de enfermedades no contagiosas. Además, son causa del 14 por ciento de las dolencias que se registran en otras especialidades en el mundo.
Estas son las conclusiones de un informe publicado ayer en la revista científica británica The Lancet , que dedica todo el número a la salud mental con el fin de presionar a las instituciones mundiales para que presten mayor atención a este flagelo que no reconoce fronteras.
En promedio, este tipo de males sólo recibe un 3,76 por ciento del presupuesto sanitario total.
Mayor sensibilidad
Dirigido por el profesor Martin Prince, del Instituto de Psiquiatría del King s College de Londres, el primero de los artículos que integran este trabajo prueba que los problemas de salud mental, que van desde la depresión hasta la esquizofrenia, incrementan el riesgo de desarrollar enfermedades físicas, como problemas del corazón, diabetes, HIV/sida o malaria, al tiempo que complican los tratamientos de estos otros cuadros.
En un momento en el que el 90 por ciento de las 800.000 personas que cada año se suicidan en todo el mundo presenta algún trastorno neuropsiquiátrico, el estudio reclama una mayor sensibilidad frente a la salud mental, que debería integrarse "en todas las políticas sanitarias y sociales, así como en la planificación del sistema de salud".
Escasez de recursos para los trastornos mentales, desigualdad en el acceso e ineficacia en el uso de las diferentes terapias son las principales dificultades que afronta la lucha contra los problemas de salud mental, según otro de los artículos publicados por The Lancet .
Este segundo estudio muestra que una quinta parte de los países con presupuesto para trastornos mentales gasta menos de un uno por ciento en el tratamiento de esas dolencias, que suelen ser menospreciadas en los sistemas de salud de la mayoría de los países de rentas bajas y medias.
El factor humano
"Más que de tecnologías avanzadas, la resolución de los problemas de salud mental depende de disponer de buenos profesionales", subraya el informe.
Y más adelante agrega que el costo de proveer de los recursos necesarios para estas enfermedades sería tan sólo de dos dólares por persona en los países subdesarrollados y de tres a cuatro dólares en los de rentas medias.
En la presentación realizada ayer en Londres de este número especial de The Lancet , su director, Richard Horton, destacó que los trastornos mentales "no sólo están descuidados, sino profundamente estigmatizados en nuestra sociedad".
Añadió que las instituciones mundiales han hecho "muy poco, por no decir casi nada [para combatir] esta cultura y esta oportunidad perdida".
Por su parte, el economista y director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia, Estados Unidos, Jeffrey Sachs, se mostró convencido de que combatir los problemas de salud mental es "uno de los desafíos" a los que se enfrenta la sociedad del siglo XXI.
"No se trata sólo de conseguir más presupuesto, sino que es vital hacer llegar los recursos a los países con ingresos menores", porque la pobreza y la falta de educación son, precisamente, dos de los factores que más predisponen a los desórdenes mentales, concluyó Sachs.
(El Mundo)
La salud mental en el mundo: todo por hacer
La revista 'The Lancet' publica una serie de artículos sobre estos trastornos.
Investigadores de todo el mundo denuncian la crítica situación de muchos pacientes.
Poca inversión, una mala gestión y la estigmatización son algunas de las barreras.
ÁNGELES LÓPEZ
MADRID.- El 14% de todas las enfermedades en todo el mundo corresponde a patologías neuropsiquiátricas. Sin embargo, más de un tercio de las personas con esquizofrenia y una de cada dos con otro trastorno mental no recibe ningún tratamiento. La revista 'The Lancet' analiza, a través de una serie de artículos, la situación de estos pacientes, los retos por abordar y las posibles soluciones para alcanzarlos.
Con la idea de lanzar una llamada de atención internacional, 'The Lancet' ha reunido una serie de artículos elaborados por especialistas de todo el mundo con el propósito de dar a conocer las deficiencias que existen en torno a la salud mental, además de incentivar tanto a políticos como donantes y profesionales para que ofrezcan más ayudas en la lucha contra estas enfermedades.
Los trastornos neuropsiquiátricos engloban un gran número de patologías que van desde la esquizofrenia o la depresión hasta la adicción alcohólica. Cada año, más del 30% de la población mundial sufrirá alguna enfermedad de este tipo. Sin embargo, existen lagunas terapéuticas en casi el 90% de los países en desarrollo.
Los datos que recogen estos informes en torno a la salud mental son desmoralizadores. A pesar de algunas iniciativas, como las llevadas a cabo por la Organización Mundial de la Salud o su homóloga en Latinoamérica para concienciar sobre la gravedad de estos trastornos, poco se ha hecho para pasar de la teoría a la práctica, según denuncia en uno de los artículos Martin Prince, del Instituto de Psiquiatría de Londres, junto con otros colegas.
La base de otras enfermedades
Prince pone de manifiesto en dicho artículo, titulado 'No hay salud sin salud mental', los numerosos problemas relacionados con las enfermedades psiquiátricas. Además de todas las causas de mortalidad, incluido el suicidio, estos trastornos conllevan un mayor riesgo de desarrollar otros problemas. Un ejemplo son las patologías cardiovasculares que aparecen con más frecuencia entre las personas que sufren depresión, ansiedad o trastorno bipolar.
A esas enfermedades hay que añadir otros síntomas que para los médicos no tienen una explicación lógica, son los denominados somáticos: dolor, fatiga, mareos... o algunos síndromes como el de intestino irritable, la fibromialgia o la disfunción témporo mandibular. Estos trastornos generan cada año grandes gastos, tan sólo en Estados Unidos son responsables de un coste sanitario que alcanza cada año los 256.000 millones de dólares.
En muchos casos el flujo entre enfermedad mental y otra patología es bidireccional, es decir, una depresión puede conducir a otro trastorno o al contrario. Por ejemplo, muchas personas diabéticas desarrollan depresión asociada con alguna de las complicaciones del trastorno metabólico como la retinopatía diabética o la nefropatía.
Por otro lado, los trastornos psiquiátricos están relacionados con un peor cumplimiento de las terapias, y cuando se trata de tratamientos de enfermedades infecciosas, como el sida o la tuberculosis, las consecuencias pueden ser graves como la aparición de un mayor número de resistencias o un peor pronóstico del paciente.
Pocos programas, menos financiación
Si la situación es mala en general, los hechos llegan a ser críticos para los países en vías de desarrollo. Según un informe mundial, tan sólo el 11% de los casos graves de trastornos mentales en China recibe algún tratamiento. Esa cifra es similar, del 10,4%, cuando los pacientes viven en Nigeria.
"La mayoría de los intentos de mejorar la cobertura [para los enfermos de estos países] han sido inadecuadamente planificados y administrados", reza otro artículo de la revista. "Nuestra llamada de atención se dirige a los actores involucrados --gobernantes, agencias multi y bilaterales, donantes (que frecuentemente ignoran la salud mental), especialistas en salud mental y pública, investigadores, sociedad civil y consumidores", exponen los autores.
Según estos investigadores, procedentes de centros de todo el mundo, para mejorar la cobertura de estas personas se requeriría un gasto extra de 20 céntimos de dólar por persona y año para un país pobre y de 30 para un país de ingresos medios, es decir, un gasto de dos y tres dólares por persona, respectivamente.
Para contribuir a ese desarrollo se deben superar, no obstante, algunas barreras: priorizar la salud mental en la agenda pública de salud; mejorar la organización de los servicios relacionados con estas patologías; descentralizar la atención ofrecida en los hospitales y potenciar la ofrecida en la atención primaria; educar a más profesionales de la salud en estas enfermedades; y por último, destinar más especialistas en salud mental a puestos directivos de salud pública.